Chaplin, el monstruo

Peter Ackroyd elabora una biografía que presenta un contraste alarmante entre la dulzura del pequeño vagabundo, el salvador de mujeres caídas y de los niños perdidos, y la monstruosidad del propio comediante, un hombre calificado de difícil, desconfiado e irascible por algunas personas que lo conocieron

POR Roger Lewis

Peter Ackroyd elabora una biografía que presenta un contraste alarmante entre la dulzura del pequeño vagabundo, el salvador de mujeres caídas y de los niños perdidos, y la monstruosidad del propio comediante, un hombre calificado de difícil, desconfiado e irascible por algunas personas que lo conocieron

Charlot_1Charlie Chaplin (www.doctormacro.com)

Nunca se ha encontrado algún acta real de nacimiento de Charles Spencer Chaplin. Las investigaciones más recientes sugieren que nació “en una caravana de gitanos en Smethwick, cerca de Birmingham”. Pero seguramente la verdad ha estado mirando la gente en la cara desde que el Pequeño Vagabundo apareció por vez primera en la pantalla: Chaplin es el gemelo perdido de Adolf Hitler.

Peter Ackroyd casi sugiere lo mismo. Ambos hombres vieron la primera luz en abril de 1889. Tenían padres borrachos y madres nerviosas. Tenían antecedentes de locura e ilegitimidad en su árbol genealógico. Eran bajitos y lucían un bigote idéntico. Tenían marcadas habilidades histriónicas; cada uno de ellos sedujo a millones de personas con una magia casi hipnótica. Eran despóticos con sus subordinados –y El gran dictador de Chaplin es menos una sátira política que un homenaje. De hecho, Hitler la vio dos veces en una función privada.

Para 1915, explica Ackroyd, Chaplin era “el hombre más famoso del mundo”. Vladimir Lenin, incluso, señaló que “Chaplin es el único hombre en el mundo al que quiero conocer”. Se hospedó con Winston Churchill en Chartwell. En la casa de Nancy Astor conoció a Bernard Shaw y John Maynard Keynes. John Barrie y H.G. Wells fueron sus admiradores. Claude Debussy le dijo: “Usted es instintivamente un músico y un bailarín”. Casi como un símbolo de que la época victoriana cedía el paso a los tiempos modernos, Chaplin fue invitado a asistir al entierro de Henry Irving en la abadía de Westminster. “Soy conocido en algunas partes del mundo por personas que nunca han oído hablar de Jesucristo”, presumió. Su única ambición incumplida fue protagonizar un biopic sobre Napoleón.

La arrogancia de Chaplin no tuvo límites. Ante premios y reconocimientos ofrecidos, fue descortés: “No creo que estén calificados para juzgar mi obra”, expresó una vez, al devolver un trofeo. Su caballerosidad quedó en evidencia en 1975, cuando se negó a aparecer en el escenario en un Royal Variety Performance, lo que fue “interpretado como un insulto a George V”.

El tema del libro de Ackroyd es el contraste alarmante entre la dulzura del pequeño vagabundo, el salvador de mujeres caídas y de los niños perdidos, y la monstruosidad del propio Chaplin –difícil, desconfiado, irascible—, desplegada en toda persona que alguna vez se encontró con él. Era “adusto e insociable”, “nervioso, retraído y taciturno”. Sonreía con amargura y muy pocas veces”. Robert Florey, un asistente de director, lo llamó “tirano, autoritario, hombre despótico”. Sus hijos, como muchas veces sucede, sufrieron lo peor. “La violencia de su enojo era siempre tan fuera de proporción con lo que lo había molestado que no podía dejar de tenerle miedo”, señaló uno de sus hijos. Era parte de la megalomanía de Chaplin, que se negaba a que le dijeran qué día de la semana era, y “nunca llevó un reloj”.

 

Charlot_2Charlie Chaplin, el rey del cine silente (terrar.io)

Ackroyd, el laureado biógrafo de Dickens, elabora una rica evocación del Kennington de Chaplin, donde su infancia transcurrió en calles abarrotadas, con fabricantes de sombreros, bronceadores de cuero, palacios de ginebra, organillos y salas de música. “Son mi gente, los cockneys. Yo soy uno de ellos”, decía Chaplin, y en sus películas recreó minuciosamente los escenarios de “la ciudad encantada” en los lotes traseros de Hollywood. Su genio, de hecho, de acuerdo con Ackroyd, radica en la forma en que transformó la desesperanza de la vida en los tugurios en un símbolo universal que provocó la risa: los inmigrantes, los indigentes, el mal gentil, los desamparados: toda la violencia brutal que sufrieron “se hizo inofensiva a través de la comedia”.

Hannah, la madre de Chaplin, fue una cantante, una doncella, un remendadora de ropa vieja –posiblemente una prostituta. Ciertamente era una lunática. Los registros muestran que fue encerrada en varios asilos, puesta en una celda acolchada y recibió tratamientos de choque. El joven Chaplin fue enviado a la casa de trabajo de Southwark, y luego a una escuela para huérfanos e indigentes. Su padre era un inútil –que murió a causa del alcoholismo a los 38 años. Varias madrastras de Chaplin fueron negligentes y crueles, quienes no daban de comer al niño y lo dejaban bajo la lluvia. Completamente solo, pronto se encontró bailando afuera de los pubs. No tenía nada, salvo una demoníaca confianza en sí mismo –que los espectadores nunca dejaron de registrar. Sobrevivió, dijo, al ser impregnado por “la exuberancia que viene de la absoluta confianza en sí mismo. Sin ella caes en la derrota”. Por eso, su arrogancia demoníaca; y también los orígenes del indomable Pequeño Vagabundo, que trota con garbo hacia el atardecer.

 

Charlot_3City Lights (www.fanpop.com)

De sus actuaciones en la calle, Chaplin fue contratado, a los siete años, a bailar en los teatros de variedades, donde compartió habilidades con magos y acróbatas. Interpretó el papel de paje en un recorrido de Sherlock Holmes, que se convirtió en “una de las obras favoritas del público”. Esto lo condujo a las pantomimas y bocetos, parodias y acrobacias de la troupe de Fred Karno: “Pasteles de crema y cubos de cal, ciclistas acróbatas y placas giratorias, cuerdas flojas y pilotes de madera”.

Chaplin viajó a Estados Unidos con Karno en 1913, aunque pronto dejó la compañía para unirse a Mack Sennett, el gerente de Keystone, con quien filmó docenas de titilantes películas de diez o 15 minutos de duración: “Los actores corrían por todos lados y se estrellaban contra las cosas. Las puertas se cerraban. Las casas se derrumbaban. Y en medio de esos torbellinos, el Pequeño Vagabundo hizo sus primeras apariciones. En una típica película de 20 minutos, el actor se caía más de 46 veces. Los pies de Chaplin se desviaban hacia el exterior. Giraba su bastón y se golpeaba con su propio sombrero. El personaje era astuto; pateaba, mordía… y sobrevivía.

También su sonrisa era afectada, particularmente en presencia de las mujeres. Ackroyd está en lo cierto cuando afirma que todas las vendedoras de flores y prostitutas melancólicas de las películas de Chaplin representan el amor condenado que experimentó cuando era niño. De hecho, señala Ackroyd, después de que su madre se volvió loca y desapareció, “Chaplin nunca volvió a confiar en las mujeres. Siempre temía la pérdida y el abandono, la ligereza y la injuria, caía en el paroxismo de los celos a la menor provocación”. Las chicas que le gustaban estaban cubiertas con el rocío de los 15 años de edad, por lo que debían esperar a cumplir 16 antes de casarse y encontrarse al frente de una gran mansión en Beverly Hills y una corte de sirvientes, además de la obligación de la Junta Escolar de Los Angeles para continuar su educación”. Al igual que Woody Allen, Chaplin podía ayudar a sus novias a hacer la tarea. “Charlie se casó conmigo y luego se olvidó de mí”, era una queja frecuente citada en las audiencias de divorcio. Él siempre estaba persiguiendo la carne fresca, pintando sus partes íntimas con yodo para protegerse de la gonorrea. Louise Brooks estaba aterrorizada al ver aquella “erección rojo brillante” surgiendo de la oscuridad.

 

Charlot_4Charlie Chaplin. Silent Movies Wallpaper (www.fanpop.com)

¿Inspiró Chaplin a Nabokov para escribir Lolita? Él habría sido un mejor Humbert Humbert que James Mason. “Tengo mirada torva, como un asesino”, Chaplin expresó al ver una fotografía tomada en casa, cuando él estaba sin maquillaje. Su última esposa, Oona O’Neill, era 36 años menor que él. “Una parte de ella siempre tenía que ser una niña, la niña de Charlie”. Suena horrible. Oona se volvió alcohólica. La gente a menudo veía a Chaplin preso de una rabia terrible y a ella huyendo a su habitación y cerrando la puerta. Él iba por ella y todo se convertía en un infierno”.

Mientras tanto, Chaplin ganaba 10 mil dólares a la semana. Como director era un dictador: “Haz esto, no hagas eso, camina así, ahora hazlo otra vez”. Él podía filmar 36 mil pies de negativo e imprimir sólo mil 800. Ordenó 342 tomas en un periodo de dos años de un solo tiro en Luces de la ciudad –la vendedora ciega de flores entrega un ramo de violetas al Pequeño Vagabundo. ¿Era una muestra de perfeccionismo? Una manifestación del trastorno obsesivo compulsivo? ¿O era el comportamiento de un simple bruto enloquecido de poder?

Cuando Estados Unidos inició su camino a la prosperidad, se cansó de las visiones sentimentales de Chaplin de estar siempre abajo y marginado. Sus ideas políticas fueron tildadas de comunistas. Sus escándalos sexuales, como lo revelan las numerosas demandas de paternidad, trastornaron la moralidad de la época. En 1952, el visado de regreso a Estados Unidos fue anulado, por lo que se mudó a una casa en Suiza. (Uno de sus vecinos fue Vladimir Nabokov. ¿Interesante, verdad? ¿Se conocieron? Hay tema para algo de Tom Stoppard.) Filmó Candilejas, una cámara de resonancia de los deseos y recuerdos del propio Chaplin, acerca de un viejo payaso de los teatros de variedades alumbrados con gas, y Monsieur Verdoux, acerca de un apuesto asesino en serie de la época edwardiana. (Evelyn Waugh me encantó, calificando a la cinta de ser “una obra sorprendente y madura de arte”, aunque Ackroyd no menciona esto.) Orson Welles escribió el guión. Es típico de la perspicacia de Welles, quien veía un alma de psicópata en Chaplin. Ackroyd habla del Londres de Chaplin como su “centro de su inspiración”, como si se tratara de una versión del Londres de Dickens –¿pero no también lo fue de Jack el Destripador?

Chaplin murió el día de Navidad de 1977. Ackroyd no menciona esto, pero el ataúd del comediante fue robado por unos ladrones de tumbas, quienes telefonearon a Paulette Goddard, una de las esposas del comediante y co-protagonista de La quimera del oro, con la esperanza de que podían hacer una petición de rescate. “Tenemos a Chaplin”, dijeron. “¿Y qué?”, respondió, colgando de golpe el teléfono.

 

Peter Ackroyd. Charlie Chaplin. Chatto, pp.262.

Tomado de: The Spectator. Abril 12, 2014.

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