Cobardes mexicanos

Cuando el hombre promedio mexicano, aquel que gusta del tequila y los partidos de futbol de la selección mexicana, se encuentra ya medio ebrio, cuando se gasta media quincena en cualquier cantina de quinta del centro, le llega entonces lo hablador y suelta la lengua: cambia al mundo, se sube a un pedestal y crítica al presidente, a diputados y senadores

POR Severino Ortega Menchaca

Cuando el hombre promedio mexicano, aquel que gusta del tequila y los partidos de futbol de la selección mexicana, se encuentra ya medio ebrio, cuando se gasta media quincena en cualquier cantina de quinta del centro, le llega entonces lo hablador y suelta la lengua: cambia al mundo, se sube a un pedestal y crítica al presidente, a diputados y senadores

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A los mexicanos (ya lo dijo el gordito Octavio Paz luego de fusilarse unas cuantas cosillas de Samuel Ramos) nos han educado para ser mexicanos y morir en la derrota o en el intento; no sólo para eso nos han educado, también lo han hecho (esto lo digo yo) para ser una millonada de agachones. Quieren ejemplos, sobran: hay quien agacha la cabeza frente al patrón cuando pasa o cuando se lo encuentra para su mala fortuna en el elevador como si estuviera en pleno siglo XIX y fuese una hacienda donde trabaja; hay quien agacha la cabeza para aceptar, frustrado, que el cajero automático no le puede dar más dinero porque la cifra numérica con la que sueña no existe, y lo que ve es lo que merece su chinga y su fuerza laboral: un salario mínimo que causa risa. Hay quien agacha la cabeza frente a la autoridad, cuando son ellos los que asaltan o los que fomentan la corrupción. Ejemplos de agachones cada quien tiene, o se ve reflejado, es una tarea de la que al menos ustedes deben ocuparse, si es que no han ocupado en nada sus estúpidas vidas.

Pero eso sí, cuando el hombre promedio mexicano (machitos bragados con canciones de Jorge Negrete), aquel que gusta del tequila y los partidos de futbol de la selección mexicana, se encuentra ya medio ebrio, cuando se gasta media quincena en cualquier cantina de quinta del centro, pongan ustedes, por ejemplo, la mierda esa del Dos Naciones, cuyo lugar completo apesta, al agachón le llega entonces lo hablador y suelta la lengua: cambia al mundo, se sube a un pedestal y crítica al presidente, a diputados y senadores, porque, a ver, vamos a ver (pide otra cerveza, total, tiene con qué pagar en esos momentos): ¿cómo es posible que gane tanto un decrépito magistrado y que aparte quiera una pensión vitalicia? ¡Ahuevo! (el ahuevo es igual al aplauso que le brindan los de las otras mesas, también ebrios). ¿Cómo es posible que un decrépito diputado gane más que él, si él necesita ese dinero para pagar más bolas de cerveza en un viernes por la tarde en el Dos Naciones; luego espera a que caiga la noche, llega al segundo piso y agarra a la más buena de las ficheras (esa que le dijeron viene de Veracruz), y ebrio ahora sí vuelve a quejarse: ¿cómo es posible que los diputados ganen tanto? Ya llora, es de madrugada, llora en la mesa, moquea, mientras un país, su política y las meseras del lugar se ríen de él, de su esposa, de sus hijos, mientras afuera el mundo se cocina en otra olla y con otros ingredientes (entre ellos la inteligencia, ¡chin!, carece de ella), lejos del fuego de su estufa, lejos de sus frustraciones, las cuales alimenta una y otra vez a través del alcohol, de la droga, de los partidos de futbol, del mundial, de golpear a su vieja y nunca ve cambios, porque en realidad los agachones no los merecen, porque ni siquiera se mueven para conseguirlos, han vivido durante años en su zona de mediocre confort y políticos han pasado sobre ellos, los han pisoteado una y otra vez, viven como autómatas porque fue lo que les enseñó un sistema educativo deficiente en la escuela, lleno de mentiras, para que le atasquen el cerebro, le inculquen el respeto a una patria que tarde o temprano les dará una patada en el trasero, les inculquen toda la estupidez respecto a la superación personal, el nunca darse por vencidos, bah, es más sencillo destapar cervezas, sentarse frente a la televisión y conseguir ser más idiota de lo que de por sí ya se es, bola de cobardes son la mayoría de los mexicanos, ¿saben ustedes por qué? porque se quejan y se quejan pero no hacen nada, porque no serían capaces de tomar un arma y darle de chingadazos a quien oprime, es decir, al poder, a los poderosos, a los empresarios tranzas y corruptos, porque los cobardes son los primeros que huyen cuando hay que hacerlo, por eso tantos y tantos muertos de hambre admiran a los narcotraficantes, porque más allá de cometer actos en contra de las leyes, son valientes, hacen lo que ellos tienen ganas y no se contienen, no les importa perder la vida frente a un federal, construyen su propio sistema; mientras los cobardes los ven en una televisión desde una mesa en el Dos Naciones, comiendo la porquería que te dan por botana, dejando que te roben los meseros, porque para eso sirves, para ser humillado, vamos, te ha humillado un presidente, vamos te han humillado los diputados, los magistrados, la clase política, por qué no habría de humillarte un lugar de quinta, por qué no habría de robarte un lugar de quinta, ¿harás algo por impedirlo?, ¿presentar tu queja en Profeco?, supongo, es un país de mediocres donde se tiene el gobierno que se merece, porque los que no votan son los primeros en quejarse, porque los que no mueven un dedo son los que andan de allá para acá lamentándose de la situación del país, y qué mierdas haces para mejorarlo, trabajar, trabajar, trabajar, y morir tras recibir una miserable pensión que te obligará a pedir limosna afuera de cualquier estación de metro, triste situación, lamentable, mientras tanto hay que poner toda nuestra atención en el mundial de futbol.