Huellas de zapatos en los caminos de la literatura

Aunque los hombres se interesan por sus zapatos –piensen en Raskalnikov de Crimen y castigo de Dostoievski limpiando las manchas de sangre de sus botas y preocupándose por los calcetines—, es a las mujeres a las que realmente les importa incluir zapatos en los libros, y usted puede seguir la vida de ellas a través de los elementos clave del calzado

POR Moira Redmond

Aunque los hombres se interesan por sus zapatos –piensen en Raskalnikov de Crimen y castigo de Dostoievski limpiando las manchas de sangre de sus botas y preocupándose por los calcetines—, es a las mujeres a las que realmente les importa incluir zapatos en los libros, y usted puede seguir la vida de ellas a través de los elementos clave del calzado

Zapatos_1(Mine/ reshade.com)

La lista de lo que J.K. Rowling desea incluir cuando es editora huésped en Woman’s Hour comprende “el mito y el poder de los zapatos”: lo que es un tema fantástico. Y una vez que uno comienza a buscar, los zapatos brillan por todos los lugares, desde la zapatilla de cristal de Cenicienta a los zapatos rojos de Dorothy en el Mago de Oz. (Aunque extrañamente no aparecen mucho en Harry Potter, aparte de Hagrid, cuyos “pies en sus botas de cuero eran como delfines bebé”.)

Mientras que los hombres tienen zapatos también –piensen en Raskalnikov de Crimen y castigo de Dostoievski limpiando las manchas de sangre de sus botas y preocupándose por los calcetines—, es a las mujeres a las que realmente les importa incluir zapatos en los libros, y usted puede seguir la vida de las mujeres a través de los elementos clave del calzado.

Vamos a empezar con unas niñas: las hermanas Fossil de Ballet Shoes de Noel Streatfeild (y se nota que muchos de sus otros libros se han retitulado y reempaquetado para formar una serie de “Zapatos”). Tienen zapatos de ballet, blancos de cabritilla, zapatos tap y ejemplares en charol con correas de tobillo.

Esto suena cursi, pero no lo es: las niñas tienen que trabajar y ganar dinero, y esos zapatos son parte del equipo –incluso si hay un poco de sentimiento implicado en el camino, Posy atesora zapatillas de ballet de su madre.

En el clásico adolescente de Judy Blume Are You There God? It’s Me, Margaret, la heroína tiene casi 12 años, y le aconsejan que si ella quiere ser una de las chicas cool en su nueva escuela tiene que usar mocasines sin calcetines. Su madre piensa que esto es absurdo, y a Margaret le brotan ampollas, pero no termina en un club secreto.

Mantener sus zapatos limpios es importante para Tess of the d’Urbervilles de Thomas Hardy. Ella y sus amigos en su camino a la iglesia son guiados por Angel Clare por unos charcos para así salvar sus mejores zapatos. Pero más tarde, cuando ella intentan de volver a conectar con él, se cambia de botas, para después de ver a la familia de Clare encontrarlos y llevárselos con disgusto, viéndolos como basura –¿no podía ser más simbólico? “Cuando Tess pensó en sus botas polvorientas casi se compadeció de esas prendas por el maltrato al que habían sido sometidos, y sintió cuán desesperada era la vida de su dueño”.

 

Zapatos_2Louboutin’s Cinderella-Inspired Shoes Unveiled (www.stitchkingdom.com)

En The Black Prince de Iris Murdoch, Julian, que está en sus veintitantos, se encuentra con Bradley, una autora mucho más mayor que él –ella es hija de su amigo y rival. Julian se encuentra con ella en una calle afuera de una tienda de zapatos: va descalza, ella le pide prestados sus calcetines; él le compra un par de botas color púrpura. “El deleite de Julian fue literalmente indescriptible”, al tiempo que Bradley sintió “una especie ridícula e inclasificable de alegría”. Poco después él se da cuenta de que ella había “desaparecido sin quitarse mis calcetines”. Posible tienes que ser un filósofo como Murdoch para desanudar los múltiples significados de esa escena.

La Chick lit [literatura chic] tiene reputación por los zapatos y las compras, y la serie de televisión Sex and the City lo hizo por sus Manolos y Jimmy Choos. Aunque el libro original Sex and the City, de Candace Bushnell, es mucho más reflexivo. Los zapatos de Carrie en realidad son botas de charol blanco, abombados de charol estilo años 50, con un estilo de Stepford Wives (“Te ves como una presentadora de noticias”, le dice Samantha), además de sandalias de tiras cuando ella quiere parecerse a Linda Fiorentino en La última seducción.

Los años de Virginia Woolf es un pequeño pensamiento –ahora, aunque fue su libro más vendido mientras ella estuvo viva. Al irse a la cama, la heroína Kitty avienta sus zapatos y piensa: “Eso era lo peor de ser tan grande, los zapatos estuvieron siempre demasiado apretados –los zapatos de charol blanco en particular”. Si usted quiere buscar el simbolismo aquí, los zapatos de charol blanco sugieren bodas, lo cual puede ser contrastante.

Vivian en The Big Sleep de Raymond Chandler viste un traje varonil tweed, camisa, corbata y zapatos para caminar hechos a mano” –una descripción que de inmediato invoca la imagen de zapatos tipo Oxford muy pulidos.

En Proust, el duque y la duquesa de Guermantes, tarde para un evento social, no tienen tiempo para hablar con Charles Swann, quien ha acudido a decirles –por ser sus grandes amigos— que ha sido diagnosticado con una enfermedad fatal. Ellos se apresuran pues no tiempo tiempo para platicar. Pero entonces el duque ve que su mujer lleva zapatos negros con su vestido rojo, por lo que insiste en que ella los cambie— un pasaje que enfatiza la inutilidad de la pareja.

 

Zapatos_3My old shoes (Imagen y foto por RoeSo/ www.fotocommunity.com)

Agatha Christie escribió el aptamente llamado One Two Buckle My Shoe, que presenta un nuevo zapato de charol de marca con “una gran hebilla reluciente”. Por supuesto, ésta es una pista importante. Y Poirot se muestra bastante patán con la mujer que lo acompaña. “¡Ay, más cerca de los 50 que de los 40”, por lo que ahora es “cortés, pero ya no galante”. Conforme las mujeres envejecen, tanto ellas como sus zapatos son cada vez menos visibles.

En una historia corta de Dorothy Parker, Big Blonde, la horrible vida de Hazel queda al descubierto: ha sobrevivido a su belleza, pero debe intentar hacer felices a los hombres, por lo que debe usar zapatos de tacones altos –se tambalea sobre “sus adoloridos pies en las rechonchas zapatillas color champán—“. Incluso su intento de suicidio es un fracaso, y despierta con el miedo de calzarse de nuevo los zapatos.

Y, finalmente, la imagen de zapatos más hermosa en la literatura, de Cider With Rosie, que involucra a las que posiblemente sean las botas ásperas más baratas: cuando Laurie Lee es llevada de la mano por Rosie, ambas desaparecen al entrar a un vagón –en lo que es una pequeña y perfecta página de placer— para aparecer nuevamente, más adelante, a mitad del trayecto:

Se quitó las botas y las llenó de flores. Laurie hizo lo mismo con las mías.

En el camino a casa, “Rosie cogió sus botas, y sonrió.”

Así que estas son mis referencias favoritas para los zapatos. Ahora las botas están en otros pies: ¿Cuáles son las tuyas?

 

Tomado de: The Guardian. Abril 15, 2014.

Traducción y edición: José Luis Durán King.