Libros inacabados, ese otro género literario (I)

Escritos a veces toda prisa, con la muerte pisando los talones de su autor, o acaso guardadas durante años en un cajón por designio de quien lo creó, los manuscritos incompletos suponen un género literario en sí mismo

POR Karina Sainz Borgo/ Vózpopuli.com

Escritos a veces toda prisa, con la muerte pisando los talones de su autor, o acaso guardadas durante años en un cajón por designio de quien lo creó, los manuscritos incompletos suponen un género literario en sí mismo

Vladimir NabokovAuthor Vladimir Nabokov sitting at desk (www.gettyimages.com)

El castillo de Franz Kafka, El hombre sin atributos de Robert Musil, Plegarias atendidas de Truman Capote… larga es la lista de los manuscritos incompletos de los grandes autores de la literatura occidental.

Para muchos no siempre representan la mejor versión de un escritor, una regla no del todo general si se examinan los casos de Kafka o Robert Musil. Escritos a veces toda prisa, con la muerte pisando los talones de su autor, o acaso guardadas durante años en un cajón por designio de quien lo creó, los manuscritos incompletos suponen un género literario en sí mismo. Son, por supuesto, póstumos pero a diferencia de muchos títulos publicados en las mismas circunstancias –como ocurrió con 2666 de Roberto Bolaño o los cinco volúmenes que dejó preparados J.D Sallinger y se publicarán en 2015— estos no están del todo perfilados ni acabados. Incluso puede que no les interrumpiese le muerte sino el gusto o la inconformidad de su autor. En esta selección, en Marabilias hemos escogido los algunos de los manuscritos inacabados más famosos de la historia.

Habrá que comenzar entonces por uno de los mayores maestros del siglo XX: Vladimir Nabokov. El original de Laura fue la novela que el escritor no llegó a terminar y sobre la que pidió, expresamente, que fuese destruida. Escrita de manera fragmentaria en 138 fichas, el manuscrito no corrió la suerte que Nabokov dispuso para él. Véra, su viuda, lo guardó en una caja fuerte. Muerta la esposa del novelista, la decisión de qué hacer con el libro recayó sobre su hijo Dmitri, albacea de la obra del ruso, quien decidió publicarla. Alfred A. Knopf la editó en Nueva York, en 2009, en una hermosísima edición facsímil de la que el lector puede extraer todas las fichas de archivador que usó el ruso para escribirla. En España la publicó Jorge Herralde, en una versión menos fetichista y bibliófila. Menospreciada por la crítica literaria, El original de Laura fue considerada por muchos una obcecación, un fogonazo del maestro moribundo, una novela en proceso, en fin… algo que no cuajó.

 

Tomado de: Escritores.org. Junio 30, 2014.