Arsénico, opiniones y decepciones

Hay autores que se dejan leer y otros que no. Unos accesibles; otros herméticos: hay que tocar a la puerta para que el autor nos salga a abrir, para que nos permita entender lo que quiere transmitirnos

POR Óscar Garduño Nájera

OsornoMonk Pater Roderich. The Old Library of The Berlin Dungeon (www.thedungeons.com)

Hay autores que se dejan leer y otros que no. Unos accesibles; otros herméticos: hay que tocar a la puerta para que el autor nos salga a abrir, para que nos permita entender lo que quiere transmitirnos

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Mario Bellatin: Obra reunida, Alfaguara, 2013.

Ocurre en la literatura. Das con un autor. Llegas a él por recomendación o porque entraste a la librería y te llamó la atención la portada, el título del libro o la fotografía del autor en la cuarta de forros (en ocasiones la misma; en ocasiones con pose como de modelo de revista), o bien porque te enteraste del libro por alguna reseña, alguna recomendación en redes sociales, etcétera. Luego abres el libro y lees. Primera lección: hay autores que se dejan leer y otros que no. Unos accesibles; otros herméticos: hay que tocar a la puerta para que el autor nos salga a abrir, para que nos permita entender lo que quiere transmitirnos. Y no es que ese tipo de escritores sea de otras galaxias, porque no lo son (aunque en ocasiones lo quieren aparentar).

A qué me refiero: unos autores cuentan de manera tradicional (tal y como aprendieron en la vieja escuela narrativa) y punto: no se complican la vida, porque a ellos también les enseñaron que para escribir no hay que complicarse tanto la vida ni darse golpes de pecho, ni matarse y resucitar a diario, ni dejar que la fama se coma al talento cuando lo que se busca es la popularidad del político, del chavo que liga en la cuadra, del cantante de rancheras o del narcotraficante; otros se las arreglan para presentar al lector textos que cuestan: alquimistas encubiertos por una supuesta erudición o intelectualidad (cuando no por cierto esnobismo de tintes europeos), que terminan por asustar al lector en lugar de convocarlo al acto placentero de leer.

El caso de Mario Bellatin oscila entre estos dos espacios. Por un lado tiene textos breves, sencillos (no confundir con “simples”) y con pasajes cimentados en una hermosa arquitectura verbal –Flores (2000), Salón de belleza (1994), El jardín de la señora Murakami (2000)—, personajes enternecedores y a la vez violentos, contrastantes –Perros héroes (2003)—, y tramas de no tan complicada manufactura –Gallinas de madera (2013)—; sin embargo, este autor peruano también tiene textos de difícil acceso tanto por sus construcciones narrativas como por la profundidad literaria que no siempre consigue; y por la parte autobiográfica, la cual Mario se empeña en inventar: El libro uruguayo de los muertos (2012). En ocasiones las tramas terminan por ser anodinas, porque precisamente tras de este ensamblaje el buen lector (aquel que se hace con base a una lectura detenida, constante y crítica) observa cierta presunción más cercana a algunos autores de la literatura experimental, ese tipo de literatura que tuvo su auge en los años 80 (paralelo al boom de la novela latinoamericana), que resultaba inclasificable y que hoy, lamentablemente, una vez clasificada y salvo por algunos autores, comienza a dejar de sorprendernos para causar uno que otro bostezo, sin que por ello ustedes tengan la mejor opinión una vez que le entren de lleno a este segundo tomo de su obra completa.

 

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Yves Bonnefoy: El territorio interior, Sexto Piso, 2013.

Un libro que deslumbra tanto por su prosa (y miren que perdemos mucho en la traducción), como por sus excelentes remates filosóficos, poéticos (no hay que olvidar que el autor es poeta antes que nada) y aforísticos. No obstante, de nada vale la tan valiosa y recomendable pluma de Yves Bonnefoy si Sexto Piso se empeña en sacar ediciones tan mal hechas y a no tan bajos costos (este libro cuesta 199 pesos). Y es que de un tiempo a esta parte, la editorial (considerada por algunos como hipster) descuida lo que en un principio era un bien cuidado y hasta bello trabajo de edición: la colección que tienen de grandes obras ilustradas, por ejemplo. Por favor, hagan algo: despidan editores (está claro que no les gusta su trabajo), replanteen la parte editorial, no sé, pero el lector común y corriente no se merece que en El territorio interior se incluya material ilustrativo (fotografías de cuadros y esculturas) que no concuerdan con la paginación del libro, por lo que se vuelve un caos donde vas y vienes de atrás hacia adelante del libro, marcas la parte en que se habla de tal pintura y regresas o adelantas la parte donde se encuentra ésta.

El territorio interior es uno de esos libros que no necesita promoción, ya que su prosa habla por él. Bonnefoy sopesa bien cada palabra y crea atmósferas con la ayuda de recursos pictóricos y geográficos.

 

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Guillermo Osorno, Tengo que morir todas las noches, Debate 2014.

Tengo que morir todas las noches es el título del libro con el que Guillermo Osorno nos presenta la historia de un enigmático hombre, un emblemático lugar, una ciudad, aún sin identidad clara, y lo que bien podría ser un guión para una película de Martin Scorsese (al menos yo así hice la lectura). Un nostálgico rompecabezas del movimiento gay de los 80, del aliento incansable de la vida nocturna, de las circunstancias arbitrarias y los abusos de poder, de homofobia y muerte (con la aparición espantosa del sida), de lágrimas, de odio y de venganzas.

Osorno y un buen equipo de colaboradores (a los que también hay que dar las gracias y el autor lo hace) se dan a la tarea de reunir los testimonios, de transcribirlos, de realizar las investigaciones periodísticas necesarias; luego Guillermo toma ese material en bruto y le da coherencia, y lo que nos entrega es un libro honesto, que en poco tiempo consiguió agotar la primera impresión.

Puntos en contra. Osorno carece del talento para manejar datos duros (estadísticas, fechas, etcétera) con un oficio literario. Por eso, de no ser por la brevedad del libro, se haría pesada su lectura. Abruma que la secuencia cronológica narrativa no sea lineal, porque si uno no pone la atención suficiente corre el riesgo de perderse en una máquina del tiempo. Hay que llegar al libro como lo que es: un texto de investigación periodística y punto.

 

Letras: Mario Bellatin, Obra reunida, Alfaguara 2013.

Yves Bonnefoy, El territorio interior, Sexto Piso, 2013.

Guillermo Osorno, Tengo que morir todas las noches, Debate 2014.

 

Opinión: “Mi misión es matar el tiempo, y la del tiempo es matarme a mí. ¡Qué cómodo se encuentra uno entre asesinos!”

E. M. Cioran.

 

Decepción: Guillermo Osorno nos dejó esperando para la entrevista. Muchas preguntas se nos quedaron en el clóset. Ahí será pa’ la otra. Tanta promoción ocupa mucho tiempo.