Y entonces llegó el glamour…

Si los años 20 fueron los años de Chanel, los años 30 dieron el protagonismo a Elsa Schiaparelli. Pero Europa, cada vez más gris, cede todo el protagonismo a Hollywood y los estudios de cine contratan, por primera vez a diseñadores, para vestir a sus divas, dentro y fuera de la pantalla

POR Rafael Muñoz

Si los años 20 fueron los años de Chanel, los años 30 dieron el protagonismo a Elsa Schiaparelli. Pero Europa, cada vez más gris, cede todo el protagonismo a Hollywood y los estudios de cine contratan, por primera vez a diseñadores, para vestir a sus divas, dentro y fuera de la pantalla

Glamour_1Marlene Dietrich fotografiada por George Hurrell en 1937

Hemos dejado atrás los años 20 –como antes hicimos con el arranque siglo XX— para dar la bienvenida a una nueva década, la década del glamour, del culto al cuerpo, de los inventos que revolucionan el sector textil y de la guerra entre los modistos por vestir a las estrellas del cine. Igual que hoy, en 2014.

Si los años 20 fueron los años de Chanel, los años 30 dieron el protagonismo a Elsa Schiaparelli. Pero Europa, cada vez más gris, cede todo el protagonismo a Hollywood y los estudios de cine contratan, por primera vez a diseñadores, para vestir a sus divas, dentro y fuera de la pantalla.

Casi siempre eran creadores norteamericanos, como Travis Banton, Gilbert Adrian o Edith Head, fija en la Paramount. Ellos vestían a Marlene Dietrich, Greta Garbo o Dorothy Lamour. Pero Salmuel Goldwin rompió moldes y apostó por la moda europea, contrató a Chanel y la francesa puso su sello en los armarios de las divas.

 

Cambio de década, cambio de silueta

Dietrich, Garbo, Lombard, Swanson y otras estrellas comenzaron a llevar los vestidos negros de Coco Chanel, que hizo de este color una declaración de intenciones. Pero no duró mucho. Hollywood quería brillos para que sus estrellas tuvieran un fulgor especial.

Ellas, las actrices, eran los iconos de moda. “Nunca salgo de casa si no es como Joan Crawford, la estrella de cine. Si quieren ver a la vecina de al lado, vayan a la casa de al lado”, decía la Crawford.

Ella marcó tendencia y estilo. Su diseñador de cabecera era Adrian que creaba para ella sastres y vestidos con hombreras. Y es que atrás queda el vestido flapper de los 20, recto – sin marcar la silueta— y de falda corta para dar paso a una nueva figura: una mujer delgada, con hombros anchos, cintura marcada y caderas estrechas.

 

El corte al bies

Los vestidos ahora son largos (para el día, con estampados de flores; para la noche, en colores lisos) y la tela se corta al bies porque así lo puso de moda Madeleine Vionnet. Los diseños de moda llevan el cuello halter, drapeados, pliegues y formas aerodinámicas logradas con lazos y volantes superpuestos.

La bisutería se relega a la noche y las mujeres decoran sus vestidos con enormes broches, en el escote o en un hombro. Y es que los complementos viven un momento de esplendor.

Elsa Schiaperelli acapara el protagonismo con su sombrero con forma de zapato, aunque su gran éxito es el famoso vestido “langosta”, fruto de su larga, y fructífera, colaboración con Dalí.

La diseñadora, una gran innovadora, trabajó con artistas de distintas disciplinas y su obra es una gran fuente de inspiración para modistos como Jean Paul Gaultier o Miucca Prada.

 

Culto al cuerpo

Glamour_21930’s Fashion: Scarlett O’Hara, Great Depression and Feminine Silhouettes (www.mydaily.co.uk)

A pesar de todo la revista Vogue dijo: “Nada es nuevo en cuestión de moda”. Pero no es del todo cierto porque la moda se vive de otra manera. Ahí está el cambio. Los 30 son los años del deporte, de cuidar el cuerpo. Se abren gimnasios y se toma el sol en cualquier parte.

Selfridge’s pone a la venta pantalones cortos y tops para que las londinenses puedan broncear casi todo su cuerpo cuando hacen picnic junto al Támesis. Pero también, vestidos blancos con espaldas abiertas para lucir, con la luna, una piel morena o dorada.

Hablando de pieles. Causan furor los boleros de leopardo, las aplicaciones de astracán y los chaquetones de visón. También de zorro, siempre animales de pelo largo. En cambio, las mujeres adoran el pelo corto y Jean Harlow pone de moda el rubio platino.

En 1937, Diana Vreeland llega a Harper’s Bazaar y se convierte en un fenómeno editorial. Su columna Why don´t you? era una de las más seguidas y su poder en el mundo de la moda fue tan grande que moldeó la figura de la editora temida, respetada e influyente.

Un cargo llevado al cine por Meryl Streep en El diablo se viste de Prada, pero que existe en la actualidad encarnado por Anna Wintour, la reina de Vogue USA.

 

Revolución interior

La ropa interior que se lleva es de tres piezas: sujetador, braguita y liguero, y Vogue fotografía, por primera vez, un traje de baño de dos piezas. Son años de cambios y novedades: se inventa el nylon y el rayón, los vestidos llevan cremallera…

Mr. Selfridge renovó por completo el departamento de ropa interior, vendiendo fajas –imprescindibles para los nuevos vestidos que se ciñen con ansia— y sostenes que, por primera vez, se clasificaban por copas.

Llegó el sujetador sin armazón, ideal para llevar bajo los vestidos blancos –tan de moda— que llevan la espalda descubierta.

Junto a las estrellas de cine, destaca como icono de moda Wallis Simpson. Su estilo masculino, su gusto por las joyas –especialmente de Cartier— y su fuerte personalidad hicieron que cada una de sus salidas fuera seguida con interés, especialmente por su vestuario.

 

Wallis, más que un icono

Glamour_3Mariages princiers (vivamaxima.centerblog.net)

El 3 de diciembre de 1936 todos los periódicos ingleses llevaban en portada una foto de Wallis Simpson. ¿Era esa la mujer con la que el rey quería casarse? La prensa había moldeado la imagen del duque de Windsor transformándolo en un príncipe azul pero ahora querían acabar con él, y con ella.

Una semana después, Eduardo VIII firmó su abdicación en presencia de sus tres hermanos y, mientras, Wallis hacía las maletas en su casa de Cumberland Terrace.

Esa noche, en plena oscuridad, todos sus baúles se trasladaron a los almacenes de Mr. Selfridge y se colocaron en un rincón del departamento de envíos. Pero esta es ya otra historia.

 

Y entonces se fue Balenciaga

Como otra historia es la de la moda española. La guerra puso fin a la carrera de Balenciaga en España y se marchó a París en 1936. Allí estuvo tres décadas, siendo un referente mundial. Un maestro para sus compañeros y para los diseñadores actuales.

El recato se instaló entre las españolas, que bajaron algunos centímetros el bajo de la falda. También lo hacían las revistas en las fotografías que llegaban del extranjero, aunque usando tinta.

Las madrileñas, las que podían, compraban ropa en El Siglo o El Águila, dos tiendas que pronto quedaron eclipsadas por la llegada de dos grandes almacenes: El Corte Inglés y Madrid Sederías Carretas, que se llamaría después Galerías Preciados.

Los dos, seguro, se inspiraron en la filosofía de Mr Selfridge para convertir unos almacenes en lo que Émile Zola llamó “La catedral del comercio moderno”.

 

Una gran influencia

La estética de la década de 1930 a 1940 no es tan marcada como las de los años 20 o 50. Pero la influencia de los creadores de aquellos años ha sido muy grande, tanto en América como en Europa.

John Galliano reinterpretó sus códigos en muchas de sus colecciones y también lo han hecho casas como Chanel, Valentino y Rochas, firma creada en 1925.

Su creador, Marcel Rochas, era conocido como ‘el diseñador de la juventud’ por su gusto por el deporte, los viajes y el cine. Sus diseños eran celebrados por las revistas y Vogue le dedicó, en los años 30, dos portadas. Todo un honor o un homenaje, según se mire.

 

Tomado de: rtve.es. Julio 23, 2014.