Hemingway: entre el periodismo y la literatura

Hemingway solía decir sobre la convivencia entre periodismo y literatura que un novelista debe tener la capacidad de saber en qué momento de su trabajo tiene que abandonar el periodismo como fuente de vida y dedicar su tiempo a la escritura de su obra narrativa

POR Leonardo Padura

Hemingway solía decir sobre la convivencia entre periodismo y literatura que un novelista debe tener la capacidad de saber en qué momento de su trabajo tiene que abandonar el periodismo como fuente de vida y dedicar su tiempo a la escritura de su obra narrativa

Hemingway_1(Getty Images)

Ernest Hemingway, tan vilipendiado por unos, tan amado por otros, tan citado por todos, tenía algunas cosas muy claras sobre el oficio de la literatura y el papel del escritor.

En su célebre entrevista con George Plimpton (The Paris Review, primavera de 1958) vierte muchas de sus opiniones sobre este trabajo tan peculiar. Siempre me ha resultado especialmente agudo cuando se refiere a asuntos como la disciplina del novelista, los problemas de la estabilidad emocional y económica o los riesgos de la filiación política expresa del escritor en sus textos literarios.

Una de las más repetidas afirmaciones de Hemingway (él mismo llegó a considerarla un lugar común) está centrada en la relación del periodismo y la literatura cuando son ejercicios u oficios practicados por el escritor que pretende dedicarse a la ficción.

El autor de Fiesta solía decir sobre esta frecuente convivencia (pues muchos escritores comienzan su carrera literaria o la simultanean por años con la actividad periodística) que un novelista debe tener la capacidad de saber en qué momento de su trabajo tiene que abandonar el periodismo como fuente de vida y dedicar su tiempo a la escritura de su obra narrativa.

Para Hemingway, que era él mismo uno de los más agudos periodistas del siglo pasado, estaba muy claro que la labor periodística entraña una atención y ocupa un espacio mental tan avasallante en el creador que su cultivo sistemático puede llegar a convertirse en un handicap para la creación puramente literaria.

“(…) El periodismo, después que se llega a cierto punto, puede llegar a ser una autodestrucción cotidiana para un escritor creador serio”, explicó.

Puedo confesar sin rubor que en la década de 1980, cuando comencé mi trabajo como escritor mientras me ganaba la vida como periodista, una de las influencias más pesadas y visibles que asumí fue la de Hemingway.

No es raro, entonces, que cuando en el año 1989 decidí dejar mi trabajo como reportero del diario Juventud Rebelde (JR) y pasar a la revista La Gaceta de Cuba en busca no sólo del universo del periodismo cultural, sino y sobre todo, de tiempo para escribir sin la presión del periodismo diario, aquella opinión de Hemingway estuviera pesando en mi decisión.

Aquel trabajo como periodista, al que me entregué –como suelo hacer siempre— con todo mi entusiasmo, disciplina y capacidad (las que tengo), significó para mi trabajo literario un periodo de hibernación, aunque también de aprendizaje y crecimiento.

Pero la verdad es que el periodismo se tragaba todo mi tiempo e inteligencia y no dejaba espacio para la literatura.

De aquella época, en general feliz en lo profesional, siempre recuerdo una situación que me disgustaba, pues resultaba altamente estresante: en el momento de entregar en la redacción uno de los reportajes, ya tenía que estar pensando en el siguiente, pues un periódico es una máquina de tragar textos que nunca, nunca, da respiro a quienes estamos encargados de alimentarla.

 

EH 7239GErnest Hemingway Outside of his Paris Residence (www.jfklibrary.org)

Al dejar el periódico sentí como algo benéfico: la extinción de aquella sensación de persecución profesional que solía agobiarme.

En los cinco que pasé en La Gaceta pude escribir tres novelas y un libro de relatos, además de un largo ensayo sobre la obra de Alejo Carpentier y hasta algunos guiones de cine… El consejo de Hemingway, al menos para mí, había resultado eficiente y la decantación por la literatura sobre el periodismo había dado sus frutos.

A partir de 1996, cuando me dedico profesionalmente a la literatura, el periodismo se convirtió para mí en un oficio acompañante o complementario, a través del cual he mantenido una relación dinámica y contemporánea con la realidad cubana que sería absurdo e improcedente pretender realizar desde la novela.

Pero el ejercicio de ese periodismo no ha estado exento de tensiones.

En tiempos en que he estado inmerso de la redacción de algunas de mis novelas, la presión sostenida del compromiso periodístico ha sido una carga que he debido arrastrar y tratar de resolver del modo más digno posible, pues el lector que me recibe no es culpable de mis complicaciones laborales y merece siempre el mayor respeto.

Todo lo anterior es para decir que cuando a principios de este año me dejé convencer para ser uno de los integrantes del team de “Voces de Cuba”, decidí aceptar la invitación porque, coyunturalmente, me sorprendía en un momento en el que podía dedicar parte de mi tiempo y esfuerzo a hacer periodismo precisamente porque no estaba escribiendo una novela.

En unos meses esa situación ha ido cambiando y mi trabajo literario me ha ido exigiendo más presencia.

Ahora, en un momento en el que mi trabajo principal me reclama a través de la escritura –a cuatro manos con mi esposa, Lucía López Coll— de los cuatro guiones para la posible serie protagonizada por mi personaje de Mario Conde, el periodismo vuelve a convertirse en una carga pesada.

¿Y qué ocurrirá cuando comience a escribir la nueva novela que ya planeo? Una novela, como se sabe, es una carrera de fondo durante la cual el escritor debe concentrarse en su ritmo de trabajo y saber administrar sus fuerzas para llegar al resultado que puede estar a la distancia de 2, 3, 4 años de labor –los que necesite una novela asumida con la seriedad y responsabilidad necesarias.

 

Hemingway_3Ernest Hemingway with Lauren Bacall in Spain (commons.wikimedia.org)

Racionalizar mis compromisos periodísticos resulta, pues, una necesidad intelectual y casi que biológica.

Lo hago con cierto dolor, pues aunque sufra y me estrese cuando pienso que debo hacerlo, a la vez disfruto haciendo periodismo y abordando una realidad tan compleja y polémica como la que vivimos en la isla.

Por eso he tomado la decisión de interrumpir, al menos de modo sistemático, mi colaboración con “Voces de Cuba”.

Dejo abierta la puerta, para un eventual regreso, y más que un adiós, realizo un hasta luego.

Creo que ahora es el momento de atender a las llamadas de Mario Conde y mis otros personajes literarios, de volver a considerar el consejo de Hemingway para evitar que el periodismo se convierta en un factor autodestructivo para el escritor que trato de ser, con toda mi seriedad y disciplina… sin dejar del todo de ser periodista.

 

Tomado de: BBC Mundo. Septiembre 11, 2014.