La cama de piedra

Por Óscar Garduño Nájera

La cama de piedra, crédito Marín Amuchástegui

FOTO:  Marín Amuchástegui

De entre las opciones de las que se valen las nuevas generaciones de actores y de dramaturgos está sin duda la de los testimonios, es decir, tomarlos de donde se quiera y hacer con ellos teatro una vez que se modifica el discurso. De aquí tenemos, por ejemplo, obras que hablan acerca del incendio de la guardería ABC, donde 49 niños perececieron entre las llamas, otras que hablan acerca del movimiento de Acteal; no obstante, muchas de ellas son de carácter político y caen lamentablemente en el panfleto o en la mera propaganda hacia tal o cual partido político.

La cama de piedra es una obra que te lleva a un lugar para muchos desconocido: el reclusorio y las historias que ahí dentro, entre esas cuatro paredes que consiguen encapsular a hombres y mujeres para así privarlos de la libertad, se gestan. Mucho se ha visto de esto, dirán ustedes no sin algo de razón, pero La cama de piedra cuenta con un elenco destacable que sabe manejar bien a su público, que sabe crear atmósferas sin utilizar más recursos que la ropa que traen puesta y unos cuantos cambios de vestuario, que proporcionan al expectador unas cuantas gotas de ese enraizado dolor que se da entre distintas personas y bajo distintas circunstancias pero siempre dentro de un reclusorio cualquiera. Por eso llama la atención que, al entrar, lo primero que ves es una sórdida pared con leyendas escritas. Me permito transcribir algunas de ellas, pues las alcancé a copiar en mi libreta verde: “Dentro de estas cuatro paredes grises se me dio la oportunidad de ver la inmensidad del cielo”, y firma: Jesús Reclusorio Oriente. No sé ustedes, pero en mi caso bastó dar con tal frase para irme de lado, para saber que la libertad es un derecho en el que no nos detenemos a reflexionar a menos que se nos prive de él, como bien señaló en alguna ocasión Walter Benjamin. Continuemos: “Por favor que no se diga que estamos muertos”, y firma: Maye, Femenil de Santa Martha. ¿Han escuchado la frase de que estar dentro de un penal es como estar muerto en vida?, ¿qué es lo que hace tal frase sino negar esa condición, rechazarla tajantemente para demostrar que aun tras las rejas si la libertad no respira la vida sí que lo hace. Una más y dejamos las frases: “La sociedad está más dañada que muchos de nosotros”, y suscribe: José Luis. Reclusorio Oriente. Uff, hasta aquí llegamos con las frases cuando damos por hecho lo que dice José Luis, cuando nos vemos imposibilitados para marcar parámetros entre lo que está enfermo y lo que no. Por supuesto que son más frases, ya ustedes tendrán la oportunidad de leerlas cuando vayan a ver La cama de piedra, que se presenta los martes a las 20:00 hrs. en el Foro Shakeaspeare.

Son distintas historias que se manejan en un mismo espacio narrativo y escénico. Hay que agregar que la obra presenta momentos de mucha intensidad y dureza, y no podía ser para menos cuando se habla de manera “realista” de lo que ocurre dentro de un reclusorio. Ellos, los presos, no están muertos, nosotros, ¿acaso ya lo estamos?, ¿cuándo comenzamos a estarlo?

La cama de piedra crédito foto Marín Amuchástegui

FOTO:  Marín Amuchástegui