Brujería y Halloween

Para un brujo, diez mil brujas, dijo Michelet. El supuesto se funda no en estadísticas históricas sino en la leyenda bíblica según la cual la mujer hizo el “primer pacto” con el demonio. Y porque, de acuerdo con Jules Bois, la mujer “vaciada de religiosidad”, engendró en sus entrañas al espíritu del Mal

POR Miguel Álvarez de los Ríos

Para un brujo, diez mil brujas, dijo Michelet. El supuesto se funda no en estadísticas históricas sino en la leyenda bíblica según la cual la mujer hizo el “primer pacto” con el demonio. Y porque, de acuerdo con Jules Bois, la mujer “vaciada de religiosidad”, engendró en sus entrañas al espíritu del Mal

Witch_1Witch Burning (pandorasconviction.deviantart.com)

En poco, casi en nada, se parecen el Halloween y la brujería. El Halloween, de origen céltico, lo llevaron los irlandeses a Estados Unidos en 1840 y sólo 81 años después, en 1921, adquirió en la Unión Americana carácter de fiesta popular, especialmente dedicada a los niños. De Estados Unidos pasó a Canadá, donde se celebra, con algunas modificaciones, en la misma fecha: 31 de octubre y en las primeras horas de la noche. No hay que olvidar que la palabra inglesa con la que se designa dicha celebración se traduce, simplemente, como “víspera de Todos los Santos”.

La brujería, en cambio, es un término genérico dentro del que caben, apretujadas, las plurales variantes del ocultismo, no importa que muchas de éstas difieran tanto en su contenido como en sus objetivos.

La brujería es tan antigua como el hombre y, de acuerdo con sus historiadores, encontró siempre la abominación de Dios. Por boca de Moisés, el Señor advirtió a su pueblo sobre los castigos que habría de infligir a quienes tuvieran tratos con el demonio o sus intermediarios, en este caso, brujas y brujos. A Manasés, rey de Judá, se le atribuyeron entre otros crímenes, el de “haberse dado a las adivinaciones y a observar los agüeros”, y efectivamente, se sabe que protegió a pitonisas y nigromantes, “haciendo el mal delante de Dios e irritándole”. Y en “Los Hechos de los Apóstoles” se habla de Simón de Samaria, cuyos “prodigios” efectuados a la vista de San Pedro, hicieron que el apóstol lo recriminara.

 

Brujas y brujos

Para un brujo, diez mil brujas, dijo Michelet. No tanto. El supuesto se funda no en estadísticas históricas sino en la leyenda bíblica según la cual, desde el Génesis, la mujer hizo el “primer pacto” con el demonio. Y porque, de acuerdo con Jules Bois, la mujer “vaciada de religiosidad”, engendró en sus entrañas al espíritu del Mal. Pero hubo –y hay— incontables brujos. El Santo Oficio no hizo distinción al respecto, aunque es lo cierto que las mujeres llevaron la peor parte en los juicios inquisitoriales por su indefensión frente a la chismografía colectiva y por el fondo de sexualidad que predomina en la brujería.

 

¿De dónde proceden?

Al promediar el siglo XIII, cuando la figura del diablo adquiere una inequívoca prestancia, aparecen las “damas errantes”, que a poco se las denomina “brujas”. Cruzan, veloces, el cielo de Europa a bordo de sus escobas. Asisten a las asambleas malditas presididas por Satán, después de friccionarse el cuerpo con unturas narcóticas compuestas de mandrágora, yerbamora, cicuta y beleño. ¡Son hermosas!, dice Jean Palou. ¡Son horribles!, dice Michelet, que ha conocido los Caprichos de Goya. Margaret Murray, en su erudito libro The Witch Cult in Western Europe, menciona otra untura especial hecha a base de belladona, que ocasiona el delirio, y otra más a base de acónito, “que produce un ritmo cardíaco irregular”. Por cuya razón, las “visiones espantosas” de las brujas se atribuyen hoy a visiones oníricas causadas por las pulsaciones saltuarias del corazón, que dan la sensación de “caída en el vacío”. De ahí las crisis alucinantes en lo que se refiere a su “vuelo”, crisis que servían de pretexto a los jueces para enviar a muchas mujeres inocentes a la horca o a la hoguera.

 

Sólo sexo

Witch_2Photo ideas. Horror, dark, weird (www.pinterest.com)

Para los psicoanalistas freudianos, el “aquelarre” fue sólo la transposición de los apetitos carnales en modo demoniaco. La bruja vería danzar en medio de sus sueños al hombre que deseaba. Y durante el juicio, comprometía en sus confesiones arrancadas a la fuerza al varón indolente o ajeno a su pasión, para obligarlo a compartir el suplicio.

Pero brujas y brujos si hubo –y hay— y aquelarres también. En cuanto a lo primero, lo único notoriamente dudoso es la eficiencia práctica de su medio de transporte. En cuanto a lo segundo, desde la Edad Media hasta bien avanzado el Renacimiento, las asambleas de brujas y brujos se efectuaron en un claro del bosque durante el plenilunio. Hoy se efectúan en recintos cerrados, en cualquier departamento burgués de Londres, Nueva York, París, Bogotá, Cali, Barranquilla o Pereira. Y el demonio que las preside es, invariablemente, un individuo adinerado que sufraga los gastos de la fiesta o coadyuva a su financiación.

Y hay brujos y hubo brujos, como ya se dijo. Cagliostro, un farsante genial del siglo XVIII, jamás negó su relación con los poderes de la sombra. “Yo soy un brujo”, dijo ante los jueces. ¡Temedme!

La brujería dio un salto desde las casas míseras del común hasta los salones de la burguesía rica y hasta las recámaras reales.

Con casulla litúrgica, el temible Santo Oficio, quemador y ahorcador.

No todos los brujos y brujas fueron quemados. Aunque la mayoría de ellos pereció en la hoguera prendida casi simultáneamente en varios países de Europa, muchos también murieron ahorcados. Las brujas de Salem, en Nueva Inglaterra, por ejemplo, cuya cruel inmolación hizo retractar y arrepentirse con posteridad a testigos, jueces y verdugos. O las bellas muchachas de Hastings, en Inglaterra, casi adolescentes, que no sobrevivieron a la tortura.

Pero ni el fuego, ni la horca, ni los hierros al rojo vivo penetrando los órganos genésicos de la mujer y la culata de los hombres, pudieron acabar con la brujería y sus practicantes. Está comprobado que una tercera parte de la humanidad pertenece a la llamada “franja lunática”, es decir, a la brujería. Todos sus oficiantes o simpatizantes son tenidos en el “mundo civilizado” como farsantes y embaucadores. Sin embargo, los brujos y por supuesto las brujas, hay que tomarlos como lo que son, excluyendo de su estudio el racionalismo. Pues la brujería se mueve en un ámbito que no alcanza a ser entendido con la sola ayuda de los sentidos.

El dicho popular de que “no hay que creer en brujas, pero que las hay, las hay”, es un contrasentido que se origina en la intolerancia dogmática de las religiones establecidas, pero implica también el reconocimiento de que más allá de lo conocido y ordenado, más allá de lo aceptado por la ortodoxia cartesiana, hay un universo profuso en el que posiblemente actúan fuerzas nefastas o inocuas. Y así, cada país, cada región, conservan su catálogo de supersticiones, algunas no totalmente dilucidadas, aún inmersas en el tremedal del misterio.

 

Misterio

Witch_3The Shieldmaiden Blog (bansheearts.com)

Sí la brujería ha existido desde ápocas inmemoriales se pueden aventurar toda clase de hipótesis con relación a su alcance, a sus motivaciones, a su recursos, pero nada ni nadie será capaz de desvirtuar lo que la arraiga en el alma del hombre.

Eso es un misterio para todo el mundo.

Es un misterio el duende casero, de origen vasco, que trastorna el orden de la vida doméstica. Y son un misterio los ruidos insidiosos que se escuchan en el interior de muchas viviendas, de las cuales se han erradicado las alimañas; son un misterio los pasos categóricos en los corredores desiertos, los incendios en las sementeras, los “males” que se causan a otras personas, como el “de ojo”, en perjuicio, casi siempre, de los niños; los “hechizos” y “encantamientos” que tienen una motivación amorosa y, en síntesis, los brujos, y las brujas desgarbadas que todos hemos visto perturbar el aire trémulo de los sueños.

Frente a la ciencia experimental que se surte de métodos sui géneris y procura reducir la filosofía a sistemas geométricos, la brujería encuentra el desdén absoluto y se la cataloga como impostura e invención de “gentes engañosas”.

 

Tomado de: latarde.com. Octubre 19, 2014.