Dinosaurios de nombres sorprendentes

Los nombres de los dinosaurios tienen una poesía que trasciende cualquier requisito taxonómico: deben transmitir la maravilla que los científicos sienten hacia esas monumentales y ya desaparecidas bestias, además de capturar la imaginación de niños, visitantes de museos y posibles donantes

POR Britt Peterson

Los nombres de los dinosaurios tienen una poesía que trasciende cualquier requisito taxonómico: deben transmitir la maravilla que los científicos sienten hacia esas monumentales y ya desaparecidas bestias, además de capturar la imaginación de niños, visitantes de museos y posibles donantes

Dread_1Nueva especie de dinosaurio (www.revistaexclusiva.com)

Cuando los paleontólogos anunciaron en septiembre pasado que un esqueleto casi completo de una nueva especie de dinosaurio saurópodo gigante había sido descubierto en el suroeste de la Patagonia fue inmediatamente claro que muchas cosas sobre esta bestia eran impresionantes. De acuerdo con los científicos, el animal, que vivió en el planeta hace unos 77 millones de años, medía casi unos 26 metros de largo, con un cuello de más de 11 metros de longitud. Pesaba alrededor de 65 toneladas y seguía creciendo al momento de su muerte, por lo que es el animal terrestre más grande jamás conocido.

Entre todos los detalles impresionantes del saurópodo destaca su sorprendente nombre con toque humano: Dreadnoughtus schrani. “Dreadnought” fue un acorazado de las últimas batallas del siglo XX, mientras que “Schrani” rinde homenaje al empresario Adam Schran, quien ayudó a financiar la investigación. Como escribió el bloguero de Slate, Ben Mathis-Lilley, “DREADNOUGHTUS …. No tiene que escribirse con letras mayúsculas, pero es recomendable”.

Los científicos que lo llamaron Dreadnoughtus estaban construyendo sobre una larga tradición de nombres de dinosaurios que enfatizan la masa corporal, el aterramiento o la capacidad general para inspirar temor, desde el Tyrannosaurus Rex (“Tirano rey lagarto”) a las invenciones más recientes como el Diabloceratops (“Cara de diablo cornudo”) o Anzu, el nombre de un demonio alado sumerio. Los nombres de los dinosaurios tienen una poesía que trasciende cualquier requisito taxonómico: deben transmitir la maravilla que los científicos sienten hacia esas monumentales y ya desaparecidas bestias, además de capturar la imaginación de niños, visitantes de museos y posibles donantes.

Las normas para clasificar cualquier especie nueva, que se remontan a las convenciones Carl Linnaeus del siglo XVIII, son técnicamente sencillas. Los animales obtienen un nombre de género y de especie (en nuestro caso, por ejemplo, homo es el género y sapiens la especie) generalmente basados en raíces griegas o latinas clásicas que deben ser únicas. En el siglo XIX, cuando un concurso de caza de fósiles se dio entre Othniel Charles Marsh y Edward Drinker Cope, la denominación se convirtió en un arma científica también. Cope, por ejemplo, nombró en 1866 a un dinosaurio Laelaps aquilunguis (Laelaps es un mítico perro de caza griego, y “aquilunguis” deriva del latín y significa “garras de águila”). En 1877 resultó que Laelaps ya se utilizaba para describir un insecto, y Marsh triunfalmente cambió el nombre del género al griego Dryptosaurus, o “Lagarto desgarrador”. Los nombres de Marsh, incluidos los Apatosaurus, Triceratops y Stegosaurus, ganaron “en la mayoría de los casos”, señala Peter Dodson, paleontólogo de la Universidad de Pennsylvania.

 

Dread_2Spinosaurus aegyptiacus. Bigger than T. Rex?! (kanoodle.com)

La mayoría de los primeros nombres de dinosaurios intentaba describir algo concreto del animal. Spinosaurus aegyptiacus, o “Lagarto de columna vertebral de Egipto”, por ejemplo, fue un enorme depredador con habilidades acuáticas hallado en Egipto en 1912. Fue nombrado así por su rasgo distintivo: su columna vertebral de más de dos metros de altura, “la columna vertebral más grande de cualquier dinosaurio”, abunda Paul Sereno, paleontólogo de la Universidad de Chicago y coautor del documento de septiembre que informó acerca del descubrimiento de un nuevo esqueleto de Spinosaurus.

Cuando Henry Fairfield Osborn, entonces presidente del Museo Americano de Historia Natural, nombró a un nuevo dinosaurio depredador gigante Tiranosaurio rex en 1905, estaba tratando de hacer algo un poco diferente. Osborn, dijo Dodson, fue un promotor ambicioso de sus nuevas salas de fósiles, del envío de los científicos a la American West y Mongolia y esqueletos de montaje en poses realistas. “[Osborn] realmente quería gente en el museo”, señala Dodson. “Quería impresionar al público con el vigor de la paleontología”, y sólo un nombre vigoroso podía lograr eso.

Hoy, un enfoque más global de la ciencia ha tomado distancia de la vieja tradición de los nombres griegos y latinos. Algunos nombres nuevos se apoyan en las lenguas que se hablan en el lugar del quien un descubrimiento. Laticauda leinkupal, otro saurópodo argentino anunciado en mayo, deriva su nombre de género de palabras indígenas de la lengua mapudungun para “desaparecer” y “familia”; la bestia fue la última de una especie existente de la familia Diplodocidae. Otros, ahora que la paleontología china se torna cada vez más dominante, añaden la del mandarín para “dragón” y “largo”, a un nombre de lugar. Qiupalong henanensis, nombrado en 2011, significa “Formación Dragón” de la provincia de Henan.

Pero los nombres más emocionantes son aún, sin duda, los rimbombantes, del estilo Osborn: Khaan (del mongol “Señor”); Sauroniops (“Ojo de Sauron”, de El señor de los Anillos); Raptorex (“Rey ladrón). Los nombre juguetones no son exclusivos de la paleontología, por supuesto: hay insectos inspirados en Angelina Jolie y en Hitler, también una avispa centroamericana llamada Heerz lukenatcha, un escarabajo de hongo denominado Colon rectum. Sin embargo, los paleontólogos enfrentan problemas específicos para encontrar nombres interesantes. Uno de ellos es el financiamiento. Desde el siglo XIX el respaldo privado ha sido crucial para las expediciones y descubrimientos. Un nombre que atraiga a la prensa y a los visitantes del museo, o incluso a los donantes, al igual que con Schrani, puede contribuir a que un paleontólogo amarre más descubrimientos en el futuro.

 

Dread_3Could Dinosaurs Have Survived? (www.lankadesha.com)

Generalmente, los nombres de los dinosaurios describen a un ser que la mayoría de la gente siquiera puede imaginar conocer. La nomenclatura tiene que funcionar algo así como en las ilustraciones de los libros infantiles que los paleontólogos comisionan para acompañar a sus trabajos científicos, convirtiendo un montón de huesos en algo vivo.

Esto nos lleva de nuevo al Dreadnoughtus. Cuando Kenneth Lacovara –el paleontólogo de la Universidad de Drexel que descubrió el dinosaurio— buscaba un nombre, tenía una imagen muy específica en mente. “A diferencia de ser un desventurado plato de comida en el paisaje, como [los saurópodos] son retratados una gran parte del tiempo, quería retratar al Dreadnoughtus como ese animal macarra que merece mucho respeto”, explica. Pero también quería un nombre que entusiasmara a la gente, especialmente a los niños, que a menudo acceden a la ciencia por vez primera a través de los dinosaurios. Escribió una lista de 30 nombres, incluyendo Umbra titan (“Sombra gigante”) y Sylvana Titan (“Gigante del bosque”), y de los ya probados en el mercado que le llegaron a la mente. Dreadnoughtus –de la nave de vapor Marina Real británica, hundida a principios del siglo XX, exactamente como el dinosaurio de Lacovara—, un “ganador fuera de control”.

Un gran nombre, Lacovara dijo, es sólo una manera de empezar a conectar crucialmente a las personas a ideas importantes más amplias. A través de su investigación, abunda: “Puedo ayudar a las personas a que se vinculen a nuestro pasado antiguo, a que la gente se comprenda a sí misma en el contexto de la evolución y el tiempo geológico, y tal vez ayudar a la gente a comprender que sólo tiene que ir fuera y darse cuenta de la suerte que tiene de vivir en un planeta increíble”.

 

Tomado de: The Boston Globe. Septiembre 21, 2014.

Traducción y edición: José Luis Durán King.