La verdad sobre el caso Harry Quebert

La estructura discursiva de la novela está cimentada en dos premisas fundamentales: los conceptos universales de la verdad y de la mentira. No importa quién realmente cometió el crimen sino la distorsión moral que se hace de la verdad y de la mentira desde la perspectiva con la que cada uno de los personajes juzga los hechos

POR Óscar Garduño Nájera

La estructura discursiva de la novela está cimentada en dos premisas fundamentales: los conceptos universales de la verdad y de la mentira. No importa quién realmente cometió el crimen sino la distorsión moral que se hace de la verdad y de la mentira desde la perspectiva con la que cada uno de los personajes juzga los hechos

Quebert_1Jöel Dicker. Harry Quebert: The French thriller that has taken the world (www.telegraph.co.uk)

Si bien con este tipo de novelas lo primero que se aprecia es el suspense y el crimen, también hay que andar con cuidado para no proporcionar al lector pistas acerca de un final que lamentablemente termina por ser predecible; lo anterior no significa que en las demás novelas no importe, sino que en los thrillers literarios, y estamos frente a uno, es en el desenlace donde se aprecia con mayor claridad si se consiguió amarrar los cabos que se nos presentan a lo largo de las más de 500 páginas de La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara 2012), novela del autor suizo Jöel Dicker, que fue bien recibida por una crítica europea condescendiente (como lo es con las mayoría de sus autores).

Hay que recordar que tras ganar el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, así como el Prix Goncourt des Lycéens, se convierte en un éxito mundial, pues un buen lector no se debe fiar de los comentarios elogiosos que se hagan de tal o cual libro, ya que en ocasiones la crítica literaria se realiza desde intereses extra literarios, lo mismo que los premios, por lo que hay que andar con mucho cuidado y señalar sin miedo lo que sea una bazofia, así como recomendar lo que se considere un trabajo honesto y admirable desde la perspectiva que siempre da el ser un buen lector.

Los autores que apuestan por el género del thriller saben que el crimen vende gracias a que nunca vemos satisfecho nuestro apetito voraz por la sangre, por repentinamente convertirnos en fallidos criminalistas y peores detectives que a las primeras pistas se dan de golpes contra la pared.

¿Qué es lo que nos presenta de entrada Jöel Dicker en La verdad sobre el caso Harry Quebert? ¡Oh, sorpresa! Pues la desaparición de Nola Kellergan, que se aclara 35 años más tarde y para lo cual el autor recurre a numerosos flashbacks. ¡Oh, sorpresa! Un homicidio sin homicida: ¡Oh, sorpresa! Pistas y pistas, tantas que en ocasiones llegan a fastidiar, un catálogo de personajes a lo Balzac (exagero), y una serie de infortunios que padece nuestro detective, Marcus Goldman, aunque en realidad es un celebrado escritor, a lo largo de su aventura narrativa para dar con la verdad, porque como Pedro Infante en Nosotros los pobres, nuestro principal sospechoso, Harry Quebert, jura una y otra vez que es inocente, mientras las pruebas que se encuentran apuntan todo lo contrario. Repito: como sucede con Pedro Infante.

 

Quebert_2

La estructura discursiva de la novela está cimentada en dos premisas fundamentales: los conceptos universales de la verdad y de la mentira, repito: como en cualquier thriller literario. Por lo tanto, no importa quién realmente cometió el crimen sino la distorsión moral que se hace de la verdad y de la mentira desde la perspectiva con la que cada uno de los personajes juzga los hechos que se le presentan, y nada mejor para ello que recurrir al testimonio, por lo que Marcus Goldman se da a la tarea de entrevistar a cada una de las personas involucradas, con lo que la novela pasa del carácter objetivo de un narrador en tercera persona al carácter subjetivo de un narrador en primera persona, lo que permite generar enigmas criminalísticos que procuren mantener la atención del lector, repito: como en cualquier thriller literario.

Pese a la prosa fresca y ágil que nos presenta un joven Jöel Dicker (apenas 29 años y con otros dos libros publicados: Le Tigre (2005), Les Derniers Jours De Nos Pères (2012)), la novela incurre en detalles que le restan puntos. Por ejemplo, Harry Quebert nos presenta una de las más grandes historias de amor, El origen del mal, y en el fondo no es más que un texto de lo más cursi que sólo sirve como mero recurso argumental. Por ejemplo, las últimas páginas están de más, la sorpresa que tanto se empeñan en señalar resulta predecible para cualquier lector atento de thrillers literarios. Dicker también copia escenas comunes que se han repetido hasta el hartazgo no solamente en la literatura sino en el cine y en las series de televisión. Por ejemplo, la del hombre que está de espaldas frente a un ventanal y tarda en hablar, entre otras.

Si se pone un poco de atención, La verdad sobre el caso Harry está respaldada, sobre todo, en un buen armado de un gran puzzle narrativo donde cada pieza cumple su cometido. No obstante, cabe agregar que no es la gran novela que se nos promete, que al final se nos cae de las manos e incluso llega a decepcionar que el autor se empeñe en retardar tanto el desenlace con meros artilugios narrativos. Como autor joven que es, Dicker subestima a su lector, por lo que se empeña en añadir detalles novelísticos que habrían funcionado mejor si se dejarán a la imaginación.