Mundos mágicos, metáforas de realidades críticas

El interés por el ocultismo toca el elemento irracional ligado a la muerte y a las preguntas básicas del ser humano sobre su existencia. Los estudios científicos han desvelado gran parte de esos misterios, y el ocultismo o esoterismo han sido relegados al entretenimiento de programas televisivos o anuncios de profecías apocalípticas y futuros astrológicos

POR Juan Argelina y Eduardo Nabal

El interés por el ocultismo toca el elemento irracional ligado a la muerte y a las preguntas básicas del ser humano sobre su existencia. Los estudios científicos han desvelado gran parte de esos misterios, y el ocultismo o esoterismo han sido relegados al entretenimiento de programas televisivos o anuncios de profecías apocalípticas y futuros astrológicos

Blasfemia_1Witchcraft in 1871 Antique Witchcraft Engraving Witch (www.ebay.com)

El 17 de noviembre de 1918, el dadaísta Johannes Baader entró en la catedral de Berlín y gritó: “El Dadá salvará al mundo. ¡Al infierno con Cristo! ¿Quién es Cristo para ti? Es igual que tú… ¡Le importa un carajo! ¡Nos importa un carajo Jesucristo! ¡Ustedes son los que se burlan de Cristo, less importa un carajo! ¡Cristo es una salchicha!”

Su acto de blasfemia fue emulado años más tarde, el 9 de abril de 1950, por cuatro jóvenes franceses en la catedral de Notre-Dame de París. En plena misa de Pascua, Michael Mourre subió al altar y leyó lo siguiente: “Hoy día de Pascua del Año Santo, aquí, en la insigne iglesia de Notre-Dame de París, acuso a la Iglesia católica universal de haber desviado letalmente nuestra fuerza vital hacia un cielo vacío. Acuso a la Iglesia católica de estafa. Acuso a la Iglesia católica de infectar el mundo con su moralidad fúnebre, de ser la llaga que se extiende en el cuerpo descompuesto de Occidente. En verdad les digo: Dios ha muerto. Vomitamos la agonizante estupidez de sus plegarias, pues sus plegarias han sido el humo pringoso de los campos de batalla de nuestra Europa. Sumérjanse pues en el trágico y exaltante desierto de un mundo en el que Dios ha muerto, y labren esta tierra con sus manos desnudas, con sus manos orgullosas, con sus manos sin plegarias. Hoy, día de Pascua del Año Santo. Aquí, en la insigne iglesia de Notre-Dame de Francia, proclamamos la muerte de Cristo-dios, para que el hombre pueda vivir por fin”.

Mourre fue enviado a un psiquiátrico, donde un médico le declaró “ortosexual”. Los dos hechos, ocurridos en un contexto posbélico (primera y segunda guerras mundiales respectivamente), buscaban una catarsis y revulsión de la conciencia colectiva, mediante una acción drástica y simbólica, que enlazaba tanto con las corrientes filosóficas nihilistas y la crítica marxista a la religión (Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, de Marx), como con la tradición milenarista que desde la Edad Media había producido movimientos revolucionarios contra el poder de la Iglesia: los cátaros, los husitas, la secta de los Vociferantes de Abiezer Coppe, la Hermandad del Espíritu Libre, o los seguidores de John de Leyden en su revuelta de Münster en 1535, donde el dinero fue abolido y la puertas de las casas debían permanecer abiertas día y noche.

Hace dos años tres rockeras encapuchadas entraron a dar un concierto punk en la Iglesia Ortodoxa de Moscú. Su acción fue provocadora no por ellas en sí mismas ni lo que cantaron sino por el escenario a la antigua usanza, faustuoso, sus momias/monjes frágiles y de aspecto ridículo, las fuerzas policiales al Servicio de Putin y un tipo de fervor en los feligreses que oculta o se evade las heridas del pueblo ruso bajo el mandato de un dictador machista y barroco. Fueron tratadas legalmente como “brujas” de otros tiempos. Entre los precursores del psicoanálisis o las ciencias de la mente se encuentran, como cuenta Peter Sloterdijk en El árbol mágico, mesmeristas, hipnotizadores, estudiosos, médicos y curanderos de antes y después de la Revolución francesa que crearon los primeros asilos y señalaron a las “mujeres malvadas”, las parteras, las insumisas del género o los hombres infames, lo que produjo el primer “gran encierro”.

En este panorama de lucha por la salubridad y el capitalismo y sus fases Crowley seguía haciendo experimentos. Hoy el famoso millonario alquimista estaría más cerca de Jodorowsky que de algunos que dicen haberlo estudiado pero que infiltran mensajes de cristianismo y budismo barato en sus pésimos libros como Coelho o Punset. Por no hablar de esa bestia de la estupidez humana que es Bucay. Todos de moda, psicología de supermercado y con resabios de la sección femenina.

 

Blasfemia_2Aleister Crowley (www.taringa.net)

A lo largo del tiempo siempre existió esa “corriente alternativa”, esa “otra Historia”, que bajo símbolos y metáforas que codificaban el conocimiento censurado y reprimido por el poder, afirmaba y reivindicaba que la historia debía construirse por el ser humano corriente, y debería ser vista como tal. Las palabras de Mourre hallaban eco en épocas pasadas, porque hasta hoy día, mirando hacia ese pasado, no hallamos más que una historia de muertos y fantasmas, que se ha plasmado en innumerables representaciones estéticas a lo largo del tiempo: bajo la luz mágica de las catedrales góticas se celebraba hasta el siglo XVI la “Fiesta de los locos”, fiesta hermética que no era sino una sátira de un clero ignorante que representaba a una Iglesia opresora.

En ella solía estar el carro del Triunfo de Baco, tirado por dos centauros, desnudos, acompañando a Pan. Era un carnaval obsceno que tomaba posesión del sitio sagrado. En la catedral de Estrasburgo aún se puede ver un bajorrelieve que reproduce una de esas procesiones, en el que vemos un cerdito seguido de asnos vestidos de sacerdotes, y monos provistos con diversos atributos religiosos, así como una zorra encerrada en una urna.

Toda esa simbología pertenece a una “sabiduría oculta” que, conocida por algunos iniciados, conecta con tradiciones precristianas, preservadas en sociedades secretas como la Golden Down, orden fundada en Londres en 1888 por William Wynn Westcott y Samuel MacGregor Mathers. A ella perteneció la bailarina Lola Montes, hija natural de Luis I de Baviera (de la que el director Max Ophüls hizo una película en 1955) y el mago Aleister Crowley, cuyo Libro de la Ley afirma la absoluta libertad de la persona ante cualquier tipo de imposición. Una de sus ideas fundamentales era: “No hay Dios, sino hombre. La divinidad es el hombre libre, pleno; no hay otro dios”, “hacer tu voluntad ha de ser la totalidad de la ley”.

Curiosamente, en el lema que contiene el pentáculo de la emperatriz infantil de Fantasía en la Historia interminable, de Michael Ende, viene impresa una frase similar: “Haz lo que quieras”. En 1967, al derrumbarse fortuitamente una casa en el sur de Inglaterra, se descubrieron las cartas, manuscritos y documentos de la orden. En ellos se hallaron los nombres de importantes figuras del arte y la literatura de inicios del siglo XX: el poeta William B. Yeats, la actriz Florence Farr o el autor de Drácula, Bram Stoker. Siendo no obstante Carmilla de Sheridan Le Fanu o Manor del pionero Ulrichs más revolucionarias en el fondo y en la forma, con sus historias de amor gay o lésbico, aunque se quedaran en el formato de cuento gótico o novela breve.

Quizás fuera casualidad que Crowley habitara en el mismo edificio donde se rodó en 1969, La semilla del Diablo [en México, El bebé de Rosemary] de Roman Polanski, cuya esposa moriría asesinada por Charles Manson poco después; o que fuera allí mismo (en el edificio Dakota) donde fuera también asesinado John Lennon en 1980. Un asesinato que como el de los líderes negros o por los derechos de las minorías en Estados Unidos quería matar en espíritu contestatario de una generación llevada al desencanto. Hoy hay muchos jóvenes que se apuntan de distintas formas, cada vez menos, al satanismo pero es una cuestión más estética que religiosa, contra-religiosa o ideológica, por lo general. Por lo general también pueden sublimar sus ganas de pintarse los ojos o llevar collares, prácticas antes relegadas al mundo gay que han entrado poco a poco en el imaginario “hetero”. Como el personaje femenino de 99.9 de Villaronga, una versión poco convencional de la locutora de lo paranormal, presa de sus propias redes y muy por encima de la caspa machirula y oportunista de Iker Jiménez.

 

Blasfemia_3Detalle de El triunfo de la Muerte de Pieter Bruegel “El Viejo”

Anécdotas aparte, el interés por el ocultismo impregna nuestra cultura de forma esencial, ya que toca el elemento irracional que siempre estuvo ligado a la muerte y a las preguntas básicas del ser humano sobre su existencia misma. A medida que los estudios científicos han desvelado gran parte de esos misterios, el ocultismo o esoterismo han sido relegados al mero entretenimiento de programas televisivos o anuncios de profecías apocalípticas y futuros astrológicos, que son vistos dentro de nuestra sociedad “líquida” como pasatiempos o sirven para desviar la atención de los problemas reales de un mundo en crisis.

No obstante, no hay que olvidar que igualmente nos devuelven a nuestro origen animista, a ese ser anterior a la escritura conectado directamente con la naturaleza, y que hoy día aún podemos ver en las culturas del Tercer Mundo.

El “pensamiento salvaje”, estudiado por el antropólogo Claude Lévi-Strauss, es la última frontera de nuestra lógica, y su reivindicación se ha hecho patente en el cine desde que éste existe: en 1920, el director y actor danés Benjamin Christiensen realizó La brujería a través de los tiempos, documental sobre la hechicería inspirado en la literatura judicial de los siglos XVI y XVII, en el que aparecen de forma explícita recién nacidos echados en marmitas hirvientes, pechos marchitos de viejas atenaceados por la Inquisición, monjes obsesionados por la lubricidad, jóvenes hechiceras copulando con demonios horribles; hasta el falo de Belcebú besado en un aquelarre.

El sadismo y la obscenidad de algunas escenas podrían haber limitado la distribución de la película, pero Christiensen se inspiró en los cuadros de Brueghel, y los actos que podrían haber parecido repugnantes o vulgares, fueron transformados en artísticos gracias a la magia de una luz expresionista y un exagerado maquillaje.

No se volvería a ver una virulencia semejante hasta tiempos recientes, y sus encuadres e inspiración pictórica influirían en La kermesse heroica de Jacques Feyder, y en La pasión de Juana de Arco o Vampyr de Dreyer. Grandes autores que se interesaron por lo demoniaco y por el destino de la brujería, las maldiciones legendarias y la historia oculta fueron, entre otros, Ken Russell, John Carpenter o, con anterioridad, el sueco Ingmar Bergman (El séptimo sello).

 

Blasfemia_4Bill Hinzman, el prominente zombi de La noche de los muertos vivientes (noticias.lainformacion.com)

La transgresión que representa el mundo diabólico o la presencia de fantasmas o zombis ha servido como respuesta crítica a una sociedad en crisis y a momentos de convulsión política, así como para marcar estados de liberación de conciencia. Desde Yo anduve con un zombi (1943) o La noche del demonio (1954) de Jacques Tourneur, La séptima víctima (1945) de Mark Robson y La noche de los muertos vivientes (1968) o Martin (1972) de George Romero, hasta Guerra mundial Z (2013) de Marc Forster, los muertos vivientes, los verdaderos y falsos chupadores de sangre y devoradores de vísceras, los fantasmas conjurados han sido la metáfora del caos que refleja la ruptura de los límites sociales en todos los sentidos.

Los fantasmas de El espinazo del Diablo (2001) y el mundo fantástico de El laberinto del Fauno (2006) de Guillermo del Toro, nos dibujan el horror de la guerra y los límites del poder represor, representado por nuestra castiza Guardia Civil en pleno apogeo franquista. Los peligros de la manipulación de las mentes y la locura del poder ilimitado expuesto en sectas satánicas fanáticas pueden verse en La novia del Diablo (1968) de Terence Fisher, La semilla del Diablo (1969) de Roman Polanski, Dr. Terror de Freddie Francis (1969) o El resplandor (1980) de Stanley Kubrick.

El esoterismo, como la ciencia-ficción, tanto en la literatura como en el cine, son vías de escape libre hacia la creación de espacios alternativos en los que podemos ver espejos metafóricos de nuestras conductas y relaciones vitales, y, tal y como Goethe expresó magistralmente en su Fausto, analizar la fragilidad de nuestra libertad como seres humanos frente a la manipulación de los muchos Mefistófeles que nos rodean. Fausto, que fue recogido por Goethe de la pluma insumisa del medieval Marlowe, una figura histórica misteriosa y que murió joven entre orgías bisexuales y reyertas en las tabernas inglesas. Considerado precursor de Shakespeare y, por algunos, el verdadero Shakespeare.

Para acabar esto como corresponde recordemos unas palabras del Padre Nuestro satánico de la pieza teatral Las brujas de Barahona de Domingo Mira:

“Padre negro, padre negro, que estas en el infierno

Abre los candados de los condenados, los agonizados llenos de pecados

Los descomulgados, los endemoniados

y los enterrados fuera de lo Sagrado

Danos un invierno con noches de luna, que libres vaguemos al oscurecer

que largas noches den larga fortuna a las buenas Damas del Buen Lucifer.

 

Tomado de: Diario Progresista. Septiembre 8, 2014.