Una carta de amor sin destinataria

Para una carta de amor uno debe encontrar inspiración. Las cartas de amor son así, no es que te lo propongas, que tomes el papel y el bolígrafo y digas: hoy hace un buen día para escribirle una carta de amor a fulanita. Me parece que escribir una carta de amor es una de las acciones más improvisadas que un ser humano puede mostrar para quien quiere

POR Óscar Garduño Nájera

Para una carta de amor uno debe encontrar inspiración. Las cartas de amor son así, no es que te lo propongas, que tomes el papel y el bolígrafo y digas: hoy hace un buen día para escribirle una carta de amor a fulanita. Me parece que escribir una carta de amor es una de las acciones más improvisadas que un ser humano puede mostrar para quien quiere

Carta_1How would you title this photo? (techpatio.com)

Ni siquiera sé cómo empezar. Y es que hace rato que no escribo una. Ni siquiera sé si debo poner al inicio tu nombre y luego dos puntos. ¿Cómo demonios se escribe en nuestros días una carta de amor? No te hago a ti la pregunta. Es a mí mismo a quien la hago. Pongamos que puedo entrar en estos momentos al Facebook, ver si estás conectada y mandarte un mensaje largo que haga de carta de amor. Mejor todavía: sintetizar mis emociones en una breve frase en Twitter. Son los medios por los que nos comunicamos ahora. Y si al principio nos parecían distantes y gélidos, a fuerza de consentirlos, de dejarlos entrar y devorar nuestra privacidad, han terminado por ser parte de nosotros, por lo que no puedo escribir algo en mi muro sin que tú le des like, lo mismo ocurre en Twitter.

Una carta de amor. Sé que te gustan. Aunque tengo tiempo sin escribir una, la primera de ellas te gustó tanto que la leímos una y otra vez en voz alta. Tanto que hasta respondiste con una tuya una semana más tarde. Te cuento: la tengo dentro de una caja de madera, me gusta leerla de vez en cuando, sobre todo cuando llueve: me encierro y preparo café, me recuesto en el sofá, leo a la luz de la ventana, repito en voz alta cada una de tus palabras y, no sé, en ese momento es como si estuvieras al lado mío, en el mismo sofá, desnudos, alcanzo a escuchar tu voz, y aunque lo he llegado a considerar como algo anormal en mi salud, el psiquiatra dice que no hay de qué preocuparse, uno debería nacer con un instructivo para el amor, porque, a ver, si el amor es tan importante en la vida de cualquier individuo, cómo te explicas que algunos insistan en restarle méritos, cómo te explicas que permanezca solo y no salga corriendo en estos momentos hasta dar contigo, no lo sé, pero en ocasiones me ocurre que estaciono la bicicleta, entro a cualquier lugar, pongamos a comprar una hamburguesa para llevar, espero y siento una honda nostalgia de las parejas que llegan, porque se ven felices, porque se toman de las manos en la mesa, porque hablan acerca de las salsas y los complementos (temas sin sentido, lo sé, pero importantes en ese momento), entonces es cuando más te extraño, subo a la bicicleta y procuro olvidarme de ello, a ver, cómo es que dejas de extrañar a alguien, el psiquiatra guardó silencio, entendí que había respuestas que no existían, o que se condensaban tanto que cabían en antidepresivos y ansióliticos, en pastillas cocodrilo para dormir sin la recurrencia de hacer el amor contigo en los sueños, sin la recurrencia de recordarme otra vez que no existes y despertar sudoroso y llorar un poquito en la almohada anaranjada.

 

Carta_2Man Writing Letter (www.flickr.com)

También para una carta de amor uno debe encontrar inspiración. Otra vez te cuento: en ocasiones, algunas de las mujeres reales me pedían que les escribiera una carta de amor, romántica, ignoro lo que veían en un gesto así de mi parte, pero les respondía que hay cientos de cosas que no se hacen ni por encargo ni por obligación, y las cartas de amor son así, no es que te lo propongas, que tomes el papel y el bolígrafo y digas: hoy hace un buen día para escribirle una carta de amor a fulanita. Tampoco es que prepares previamente lo que vas a decir como si de un discurso político se tratara. Me parece que escribir una carta de amor es una de las acciones más improvisadas que un ser humano puede mostrar para quien quiere. Te pongo mi ejemplo para que también quede claro que no se necesita ser un escritor talentoso para escribir una carta de amor. Soy inútil con las palabras y me cuesta mucho redactar incluso una nota de esas que acostumbro a pegar en el refrigerador; además de que tanto mi ortografía como mi caligrafía son pésimas, ya puedo a ver a quien reciba la carta tratando de descifrarla a escondidas, hasta que desespere y por acto justo y heroico, arrugue la hoja y la tire a la basura.

Por norma, cuando a los jóvenes se les enseñan las partes de una carta y ponen el clásico ejemplo de la empresa que solicita material, o la del sobrino que avisa que vendrá a la ciudad tan pronto le sea posible, deberían enseñarles también a escribir cartas de amor y como ejercicio les deberían pedir que escribieran una que fuese anónima para luego meterla en una bolsa de plástico y hacer una especie de sorteo; no sé en qué terminaría el ejercicio, mi ingenio no da para tanto.

Me gustan los cafés pero no me gustan cuando abundan parejas que no hacen sino mirarse entre los vasos o las tazas, escondiéndose tras de ellos como si de alguna trinchera se tratase. Entonces, no sé cómo decirlo, me siento traspasado y solo, así que para no darme cuenta de ellos me pongo a escribir una carta en mi libreta verde o en una servilleta. Ni siquiera sé cómo empieza. Sé que en ocasiones se escriben cartas de amor a distancia, para alguien que aún no aparece en tu vida, pero que lo hará, y cuando lo haga, cuando llegue, la invitarás a cualquier café y le darás las cartas de amor que escribiste para ella, no será real, tienes razón, pero al menos serán las cartas de un hombre enamorado.