El asesino serial como producto de supermercado

De acuerdo con el FBI, los asesinos seriales no superan los 200 homicidios al año en Estados Unidos. Sin embargo, el hecho de que el homicida serial sea irrelevante como amenaza social no sirve de mucho para que la conciencia social se despoje del agridulce sabor que producen las noticias que dan seguimiento a ese tipo de infractores

POR José Luis Durán King

De acuerdo con el FBI, los asesinos seriales no superan los 200 homicidios al año en Estados Unidos. Sin embargo, el hecho de que el homicida serial sea irrelevante como amenaza social no sirve de mucho para que la conciencia social se despoje del agridulce sabor que producen las noticias que dan seguimiento a ese tipo de infractores

Lucas_1Henry Lee Lucas Victims (www.blulogan.org)

Poco tiempo después de que Henry Lee Lucas fue arrestado, su celda en la prisión de Huntsville, Texas, posiblemente estaba mejor acondicionada que la del director de la institución: tenía alfombra, canales de cable Premium, por supuesto su propia televisión y un modular de sonido.

Para un hombre cuya infancia había transcurrido prácticamente en un gallinero donde veía cómo su madre tenía relaciones sexuales con sus clientes, que perdió el ojo a manos de su progenitora, que soportó el suicidio de su padre paralítico y que vagó desde joven, su estancia en la prisión sólo era un pequeño inconveniente en su objetivo más importante: el sueño americano, que ahora le pertenecía por completo.

Lucas fue arrestado el 11 de junio de 1983 por su probable participación en el homicidio de una mujer. Lo que siguió fue una serie prolongada de interrogatorios en los que el hombre confesó más de 600 asesinato. Durante las conversaciones, los agentes abastecieron puntualmente a Lucas de malteadas y donas.

Cuando las sesiones llegaron a su fin, y gracias a que los medios fueron generosos en la aportación de los detalles escabrosos, Lucas era un tipo famoso, que había inspirado ya un libro y éste, a su vez, sirvió de base para la película Henry: Portrait of A Serial Killer.

Lo que el público ignoraba –y al parecer, las autoridades también— es que los interrogadores, de forma involuntaria, aportaron la información con la que Lucas construyó cada uno de los homicidios que “cometió”, al grado que al final no se tuvo certeza de la cantidad real de asesinatos perpetrados por el vagabundo.

El año de la aprehensión de Lucas, 1983, el Sub Comité de Justicia Juvenil del Senado de Estados Unidos, encabezado por Arlen Specter, dio a conocer que tan sólo en 1981 habían ocurrido en aquel país 3 mil 600 homicidios al azar y sin motivo, cifra que sirvió para que revistas como Time inauguraran una presencia constante de reportajes que tenían como protagonistas a los asesinos seriales. Las estadísticas funcionaron también para que la Unidad de Ciencias de la Conducta del FBI consolidara su posición en las investigaciones criminales.

Con Henry Lee Lucas y el montaje de su espectáculo mórbido surgió la doble imagen del homicida reiterativo como amenaza social y como estrella indiscutible de los medios.

El hecho de que el homicida serial, colocado en una escala nacional, sea irrelevante como amenaza social no sirvió de mucho para que la conciencia social se despojara del agridulce sabor que producen las noticias que dan seguimiento a este tipo de infractores. De acuerdo con el FBI, los asesinos pluralistas no superan los 200 homicidios al año, una cifra menor comparada con los decesos que causan el cáncer o los infartos al corazón.

En Estados Unidos las leyes editoriales marcan que los actos perpetrados por un homicida común aparecerán en los tabloides de nota roja, mientras que los que encabeza un homicida serial encuentran siempre espacio en las revistas.

Junto con la exploración de la historia personal de los infractores seriales, el público ha sido entrenado de forma mediática para, incluso, construir perfiles de conducta criminal acordes con el asesino serial del mes.

Para el reportero Ron Rosenbaum, el asesino Henry Lee Lucas es “un fenómeno prototipo de los años 80”, el “equivalente criminológico de los productos chatarra”. Para otro periodista, J.M. Tyree, “Los asesinos en serie tal vez representan el Wal-Martizing de la delincuencia; inhumanos y mecánicos, dejan una cadena nacional de horrores idénticos a ellos a su paso, a gran escala, con la que los operadores locales ya no pueden competir”.