Monstruos clásicos, en el origen del cine de terror

Frankenstein fue el primer monstruo en aparecer en la pantalla grande. En un filme de 16 minutos, el personaje dio por inaugurado el género de terror en el cine. De la producción se encargó Thomas Alva Edison, conocido sobre todo por ser el inventor de la bombilla

POR Gabriela Balarezo R.

Frankenstein fue el primer monstruo en aparecer en la pantalla grande. En un filme de 16 minutos, el personaje dio por inaugurado el género de terror en el cine. De la producción se encargó Thomas Alva Edison, conocido sobre todo por ser el inventor de la bombilla

Terror_1Drácula, estrenada en 1931 y dirigida por Tod Browning, es parte de la época del cine de terror caracterizado por los monstruos clásicos (Combogamer)

Frankenstein fue el primer monstruo en aparecer en la pantalla grande. En un filme de 16 minutos, el cadavérico personaje dio por inaugurado el género de terror en la historia del cine, en marzo de 1910. J. Searle Dawley –guión y dirección— fue el encargado de adaptar al mundo fílmico la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, publicada por Mary Shelley en 1818. De la producción se encargó Thomas Alva Edison, conocido sobre todo por ser el inventor de la bombilla.

La narrativa de la película –rodada en cine mudo— es básica, sencilla y lineal. Lo mismo sucede con la técnica de grabación, para lo cual se utilizó una cámara fija en plano general durante toda su duración. El cortometraje fue pensado y realizado para ser mostrado a través de un quinetoscopio, el antecesor del proyector cinematográfico moderno.

El éxito de la cinta dio cabida al estreno de El Golem, del expresionista alemán Paul Wegener (1915) y basada en el libro homónimo de Gustave Meyrink, y a El fantasma de la ópera, del estadounidense Rupert Julian (1925).

Las primeras manifestaciones de cine terrorífico son principalmente experimentales, tiene rasgos expresionistas y no abarcan una temática o línea común, salvo el hecho que hasta finales de los años 20 todas pertenecían al cine silente (no hay diálogos ni sonido sincronizado).

A partir de 1922, la tendencia que dominó las siguientes dos décadas comienza a tomar forma, aun cuando ya existió desde 1910 la adaptación de Frankenstein. Con el estreno en ese año de la sombría Nosferatu, el vampiro a cargo del alemán F.W. Murnau inicia el cine de horror caracterizado por llevar a la gran pantalla a los monstruos clásicos.

De esta manera, de acuerdo con el portal El Cine en la Sombra, los años 30 y 40 estuvieron marcados por las películas basadas en mitos y obras de monstruos arquetípicos. La atención de los cineastas se centró especialmente en los vampiros.

En este periodo se produjeron Drácula (1931) de Tod Browning, La marca del vampiro (1935) del mismo director, La hija de Drácula (1936) de Lambert Hillyer, El regreso del vampiro (1943) de Lew Landers, El hijo de Drácula (1943) de Robert Siodmak y La mansión de Drácula (1945) de Erle C. Kenton.

Entre ellas destaca Drácula, que contó con la actuación del rumano Béla Lugosi en el papel protagónico. El filme es un ejemplo de que en esta etapa se empezó a asociar el género del terror con directores en particular, como es el caso de Browning, que llegó a ser conocido por las cintas realizadas –no únicamente de vampiros— como parte del género.

 

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Durante esos años salieron también a luz Frankenstein (1931) de James Whale, La momia (1932) de K. Freund, La parada de los monstruos (1932) de Browning y El hombre lobo, dirigida por George Waggner en 1941, y King Kong (1933) de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, que fue un éxito total en taquilla.

Con la llegada de los años 50, el tratamiento del género se transforma, se amplia y también se afianza entre las audiencias. Esa transición ya es visible desde mediados de los años 40. Después de los monstruos clásicos, el cine de horror se centra, en parte, en lo fantástico y en la ciencia ficción, según se plantea en un artículo de la revista Caudal.

En un principio las películas abordaban tres temas principales: el viaje espacial, los extraterrestres y los insectos gigantes. Éstos respondían a las inquietudes que tenían los espectadores en esos tiempos, entre ellos el miedo al comunismo, a la bomba atómica y un temor paranoico con respecto al exterior.

Además el antecedente de King Kong dio paso a la presencia de criaturas gigantes que se volvió recurrente en las películas. Dirigida por Ishiro Honda se estrenó en 1954 Godzilla, que también representa la incursión de la producción japonesa en el género. Otras cintas claves de la temática del gigantismo fueron El monstruo de los tiempos remotos (1953) de Eugene Lourie, La humanidad en peligro (1954) de Gordon Douglas y Tarántula (1955) de Jack Arnold.

Una característica que identifica a estas producciones de terror, que incluyen elementos de ciencia ficción, es que pertenecen a la categoría de serie B, es decir, son de corte independiente y de bajo presupuesto. El productor y realizador más representativo de esa corriente es Roger Corman, quien es conocido por rescatar y llevar al cine obras de Edgar Allan Poe.

Paralelamente, los cineastas se rigieron por otra directriz. Así, en lugar de infringir miedo a través de pavorosos personajes principales y efectos terroríficos, se empieza a crear filmes con atmósferas angustiosas basados en la sugestión e incorporando características de los thriller psicológicos. Esto es propio de los 60.

El mago del suspense, Alfred Hitchcock, es el director más destacado de esta tendencia cinematográfica. Además es el autor de dos títulos fundamentales del género terrorífico moderno, Psicosis (1960) y Los pájaros (1963), esta última es la obra cumbre del terror naturalista.

De 1960 en adelante los seres humanos perversos sustituyen a los monstruos fantásticos en el papel de villanos. En Psicosis, no es un vampiro sediento de sangre el que provoca escalofríos sino un hombre agobiado y demente –de carne y hueso. Al igual que lo hizo Frankenstein en 1910, el psicópata –encarnado por Norman Bates— entra en el universo cinematográfico.

En este periodo se realizan también adaptaciones de importantes obras de literatura de horror, además de las de Allan Poe, como Suspense (1961) dirigida por de J. Clayton y basada en Otra vuelta de tuerca de Henry James, y La mansión encantada (1963) de R. Wise y realizada a partir de The Haunting of Hill House de Sh. Jackson.

 

Tomado de: ElComercio.com. (www.elcomercio.com/tendencias/cine-terror-peliculas-evolucion-monstruos.html). Octubre 31, 2014.