Feria del libro itinerante Parque España

Las ferias de libro se hicieron para gastar y son el centro comercial de una alta intelectualidad que en ocasiones no va precisamente a comprar libros ni a enterarse de las novedades sino a exhibirse en la alfombra roja de la popularidad

POR Óscar Garduño Nájera

Las ferias de libro se hicieron para gastar y son el centro comercial de una alta intelectualidad que en ocasiones no va precisamente a comprar libros ni a enterarse de las novedades sino a exhibirse en la alfombra roja de la popularidad

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Las ferias del libro son para lectores incautos que en algún momento buscan aproximarse a la lectura porque alguien les dijo que es bueno leer, que lo tienen que hacer por sus hijos, por mejorar el país, por ser mejores personas, por ampliar su cultura, y entonces llegan, miran los libros como quien mira rocas apenas caídas del espacio, tocan las pastas, dicen qué bonita portada, o qué horrible, a quién se le habrá ocurrido, se fijan en los títulos, algo que de entrada llama la atención, se fijan en los precios, hacen cuentan mentales, si lo compro me quedo sin esto, si lo compro me alcanza para esto y salen con dos o tres libros bajo el brazo que avientan al llegar a casa y nunca más los vuelven a ver, hasta que llega otra feria del libro, repiten la operación y ahora son seis libros que nunca más vuelven a ver (obvio, menos a leer), hasta que fastidiados de acumular libros a lo idiota deciden poner su propio puesto de libros usados, luego se suma otro más que compró libros en otras ferias del libro, luego otro más, hasta que juntos conforman lo que en un principio es una feria del libro, hasta que llegan las editoriales y les dicen que no estaban tan idiotas, que incluso pueden ofrecer una que otra novedad si es que trabajan en conjunto y el mundo sigue su marcha, con o sin libros, con o sin ferias, que quien quiere leer lo hace sin necesitar de ellas. O tal vez sí: es lo que hoy nos trae aquí.

La funcionalidad de las ferias de libro tiene que ver en primera instancia con las ventas de libros, pues sería imbécil decir que una feria del libro se hizo para que los asistentes admiren las novedades, las portadas, los colores, el número de páginas (actividad propia de un bibliotecario), las manoseen como fruta o verdura en mercado, pregunten cuánto cuesta como idiotas, incluso cuando hay un enorme cartón que dice el precio con números en rojo, y digan, tras pensar si ya tienen ese volumen en su biblioteca de cinco libros, ah, ah, muchas gracias, y sigan de frente. Las ferias de libro se hicieron para gastar y son el centro comercial de una alta intelectualidad que en ocasiones no va precisamente a comprar libros ni a enterarse de las novedades sino a exhibirse en la alfombra roja de la popularidad, así como lo hacen los changos tras de las rejas, sólo que éstos al menos tienen la sensatez de darnos la espalda cuando hacen sus berrinches.

Si no vende, una feria del libro no funciona. Las editoriales no acuden a hacer obras de buena caridad y deben sacar al menos la inversión que hacen en las vendedoras, edecanes lindas que se encargan de mantener una sonrisa intacta por más de diez horas, o lo que sea de tiempo que dure la feria del libro abierta. Las ferias del libro se hicieron para demostrar que la cultura aún existe a pesar de la barbarie y la estupidez; también se hicieron para demostrar el peso de las transnacionales. ¿Feria del libro independiente dijo usted? Por favor, si con trabajos alcanzan a maquilar 500 ejemplares. Lo de hoy en día es la fotografía con tal o cual autor de moda, no se le lee, apenas se sabe quién es porque se leyó un boletín de prensa o una cuarta de forros de alguno de sus libros, pero la fotografía deja 200 likes en Facebook, y si nos apuramos eso también es cultura, ¿a poco no?, Walter Benjamin la habría legitimado como tal. Pero hay de ferias a ferias y en ocasiones funcionan más las locales en cuanto a difusión y ganancias no sólo monetarias, que está bien que así sea, pues de esto dependen las editoriales, sino de lectores, ya que ocurre que en las grandes ferias con trabajos se pueden apreciar las distintas ofertas editoriales, ahí va uno, entre empujones, cual si de una estación del metro en horas pico se tratara, tratando no ya de escapar de la feria en sí, cosa imposible, sino de la persona que traemos enfrente, atrás.

 

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Y he aquí una propuesta: la librería itinerante Cuauhtémoc Condesa 2014, en lo que es su cuarta edición. Este evento literario se realizará del 12 al 21 de diciembre de las 11 a las 20:00 hrs. en el Parque España, y lo mejor de todo es que participarán sellos editoriales con muy buenas propuestas y a excelentes precios. Pongamos que usted acostumbra a ir a correr a ese parque, recomendaciones médicas de su doctor, luego, al terminar con la lengua de fuera, ya escogerá usted alguna fonda de la Condesa (no estoy para hacer anuncios) para pedir unos chilaquiles rojos con bolillo de esos que tienen ajonjolí encima y, por qué no, acompañar su lectura con algo de Murakami, verifique si realmente es un autor tan malo como le han contado sus compañeros de oficina, total, en cuanto terminó de correr, y mientras tomaba el aire cuya falta parecía arrebatarle la vida, se dio una vuelta por la librería itinerante, agradeció a la editorial Porrúa y a los que participan en ella, porque si se entera bien no es tan fácil montar cosas así, coordinarlas, es de reconocer que no sólo se quiera hacer negocio con los libros, algo cada vez más difícil en México, sino que además piensen en usted, que acude todas las mañanas a correr al parque España.

Sepan que no sólo habrán propuestas de las editoriales más importantes, sino además distintas actividades. Pongan ustedes que pueden llevar a sus hijos a escuchar a los cuentacuentos y que conozcan de cerca las ediciones infantiles de El Naranjo. O bien acudir a la presentación Antologías para adolescentes cuya coordinadora es Beatriz Escalante en la editorial de Porrúa el domingo 21 a las 12:00 hrs. Yo, por lo pronto, acudiré en busca de más tomos de los 14 que conforman la colección de la Familia Burrón, los cuales encontrará a muy buen precio, recomendable para que sustituya a Bolaño o a Paul Auster en la mesa del Roxy más cercano.