El asesino que leía historias de vaqueros

Casado, padre de dos hijos, Darren O’Neall decía que algún día encontraría a la mujer de su vida, con la que se iría a vivir a las montañas. Era una de las fantasías que había extraído de la lectura constante de las historias de vaqueros escritas por Louis L’Amour

POR José Luis Durán King

Casado, padre de dos hijos, Darren O’Neall decía que algún día encontraría a la mujer de su vida, con la que se iría a vivir a las montañas. Era una de las fantasías que había extraído de la lectura constante de las historias de vaqueros escritas por Louis L’Amour

VaqueroFrame of Reference, Inc. New in the Gallery: Tara Moore (framerefmontana.blogspot.com)

Una zona boscosa en Clackamas, Oregon, fue el lugar favorito de dos asesinos seriales a mediados de los años 80 pasados. Uno de ellos, Dayton Leroy Rogers, aprehendido en 1987, espera su turno en la cámara de ejecución por haber asesinado a seis mujeres. El otro, Darren Dee O’Neall, está confinado de por vida en la Penitenciaría Estatal de Washington, en Walla Walla. O’Neall no fue condenado a muerte simplemente porque no asesinó en Oregon. Sin embargo, en el estado de Washington violó a una adolescente de 14 años que contribuyó a que el número de años en su condena se incrementara.

O’Neall, hijo de un militar, viajó mucho durante su infancia y parte de la adolescencia, dependiendo el país en que ubicaran a su padre. Cuando el uniformado se jubiló, Darren siguió viajando y nunca volvió al seno familiar. Tomó empleos temporales y, en el desempleo, vivió a ras de asfalto, junto con otros “animales de la calle”, como denominaba a la gente sin techo.

En su periplo, acumuló un copioso historial delictivo en diferentes estados de la Unión América e incluso en Alemania, destacando los crímenes de naturaleza sexual y un presunto homicidio.

Casado por un tiempo, padre de dos hijos, O’Neall comenzó su carrera de asesino el 27 de marzo de 1987. Aunque vivía con una mujer llamada Mary Barnes, el individuo no se sentía satisfecho y afirmaba que algún día encontraría a la mujer de su vida, con la que se iría a vivir a las montañas. Era una de las fantasías que O’Neal había extraído de la lectura constante de las historias de vaqueros escritas por Louis L’Amour.

Barnes trabajaba en un bar en el estado de Washington. Una noche entraron al establecimiento Robin Smith, de 22 años, y su prometido Larron Crowston, de 23. Cuando el bar estaba por cerrar, O’Neall le dijo a su pareja que prolongara la fiesta en el departamento que compartían y que invitara a Robin y a Larron.

No se sabe qué sucedió después. Larron despertó y ya no estaba Robin. Barnes declaró que tuvo que salir, y al regresar, Robin y O’Neall se habían ido de casa. O’Neall apareció un día después, y dijo que había ido a trabajar un rato en el tráiler que manejaba, que se había encontrado un amigo y que éste le pidió que lo ayudara a transportar un perro, al que metieron en el compartimento para dormir. El amigo confirmó la versión.

Sin embargo, la joven no volvió a ser vista, al menos con vida. El 30 de marzo siguiente, el auto de Robin fue encontrado. La cajuela estaba salpicada por una gran cantidad de sangre y había dos dientes en la alfombra, que de acuerdo con los análisis, correspondían a la desaparecida. El 25 de mayo fue hallado parte de un esqueleto, pero por las piezas faltantes no se podía asegurar que fueran los restos de Robin. La madre y algunos familiares de la chica fueron al lugar donde las autoridades habían encontrado los huesos, y con las manos como únicas herramientas, dieron con las piezas faltantes.

Las pruebas compiladas en los cuerpos violados de Robin y dos jóvenes más sirvieron para detener a O’Neall. El cartel de “se busca” con la foto del asesino fue colocado en librerías y salones de belleza, debido a la compulsión del sospechoso por las historias de L’Amour y porque siempre le gustaba estar peinado.

No obstante que el testigo estrella –el novio de Robin— no pudo declarar, pues murió a causa de una sobredosis de pastillas para dormir, el homicida fue condenado a 23 años de encierro. La violación cometida a la adolescente en Oregón se tradujo en que O’Neall fuera castigado con prisión de por vida. Cuando las autoridades contactaron al escritor Louis L’Amour, con quien O’Neall decía tener contacto, el autor negó cualquier vínculo.