La ciencia revisa su catálogo de monstruos marinos

Los datos de tamaños de las mayores especies marinas están a menudo mal documentados o inducen a confusión. Un equipo de investigadores actualizó lo que se conoce sobre los tamaños y metabolismos de estas gigantescas, y a veces misteriosas, criaturas

POR Antonio Martínez Ron

Los datos de tamaños de las mayores especies marinas están a menudo mal documentados o inducen a confusión. Un equipo de investigadores actualizó lo que se conoce sobre los tamaños y metabolismos de estas gigantescas, y a veces misteriosas, criaturas

Marino_1Uno de los esquemas comparativos del estudio (mcCain et al.)

Los monstruos marinos de nuestras pesadillas necesitaban una revisión. Durante los últimos tres años, el equipo de Craig McClain ha revisado concienzudamente los datos disponibles sobe el tamaño máximo de las 25 especies más grandes y significativas del océano, desde las ballenas a azules, el gran tiburón blanco o los calamares gigantes, con la intención de separar el grano de la paja y quedarse solo con los datos fiables y contrastados. Para esta labor titánica, una veintena de colaboradores han revisado archivos históricos y especímenes de museos, han consultado la opinión de los usuarios de redes sociales y hasta los ejemplares disecados que se venden por eBay, todo para trazar la guía definitiva sobre el tamaño de los gigantes marinos.

El resultado ofrece algunas sorpresas y varias revisiones a la baja, basadas principalmente en los sesgos de medición heredados durante décadas y las distorsiones que introducen determinadas anomalías frente a la media. El caso más llamativo es el del mayor calamar gigante (Architeuthis dux) cuya longitud se suele cifrar en 17 metros por un espécimen hallado en 1879, pero la literatura científica contrastada sitúa en 12 metros el tamaño del mayor ejemplar (2008). Algo parecido sucede con los cachalotes (Physeter macrocephalus) cuya máxima longitud se suele establecer en los 24 metros mientras que 95 por ciento de los individuos encontrados miden menos de 15 m. Como ejemplo de confusión típica, el ejemplar de mayor tamaño pertenece a un cachalote de 20.7 metros pero la mandíbula de este espécimen se conserva en el Museo de Historia Natural de Londres como perteneciente a un animal de 25.6 metros.

“Los datos, en ciencia, necesitan ser revisados a menudo”, explica McCain. “Muchos de los errores”, añade, “se deben al problema del ‘teléfono estropeado’, en el que la información pasa de persona a persona y se van introduciendo errores. Una vez que se cuela un error, como que el calamar gigante mide 17 metros, se perpetua en los medios y en los sitios de Internet”. En ocasiones las diferencias de medición son muy llamativas, como sucede con los isópodos gigantes (Bathynomus giganteus), que de acuerdo con muchos artículos alcanza los 76 cm pero para el que el equipo de McCain sólo ha encontrado referencias fiables de 50 cm. El mayor pulpo gigante (Enteroctopus dofleini) que se suele citar es un ejemplar de 10 metros y casi 300 kilos que nunca se pesó y midió. El siguiente espécimen, esta vez documentado, pesaba 100 kilos menos y era un metro y medio más pequeño.

McClain espera que los datos correctos reemplacen las medidas erróneas que se pueden encontrar en publicaciones, pero cree que la mayor aportación de su trabajo es la cubrir los huecos. “Hay muchas especies sobre las que sabemos muy poco de su tamaño, como el cangrejo araña japonés o la medusa melena de león ártica”, abunda. “Sobre la almeja gigante no se han recopilado datos sistemáticos desde los años 60 y 70. Y esto es alarmante teniendo en cuenta que este animal está en la lista de especies vulnerables de la ONU”.

 

Marine_megafauna_Infographic

Muchas de las mediciones erróneas se deben a las dificultades para estudiar determinadas especies, como aquellas que habitan en el fondo del océano y que a menudo sólo se conocen por los ejemplares que aparecen varados o flotando sin vida. El trabajo también reúne detalles sobre las diferentes tasas de metabolismo que permiten a muchas criaturas crecer durante toda su vida, a diferencia de lo que sucede con los mamíferos. Y pone de manifiesto el sesgo de nuestras propias mediciones, que se basan en ejemplares raros o únicos. En este sentido, los autores del trabajo ponen el ejemplo de Robert Wadlow, el ser humano más alto del que se tiene registro, que medía 2.72 m. Si alguien toma estas referencias sobre el tamaño humano estaría muy alejado de la realidad, explican, por no hablar de las variaciones de tamaño regionales. Por eso es arriesgado manejar un dato como los 17 metros falsos del calamar gigante, puesto que 75 por ciento de los ejemplares documentados miden menos de 9 metros.

En uno y otro lugar, incluidos los trabajos de referencia en las principales revistas, resulta difícil encontrar un dato fiable y estandarizado del tamaño máximo de una especie. “Muchas de las preguntas que nos proponemos responder siguen abiertas debido a la falta de investigación o de acceso”, indica Meghan Balk, coautora del estudio e investigadora de la Universidad de Nuevo México. “Creo que este trabajo abrirá el debate sobre la recolección de datos y su distribución para entender mejor a las especies”. Citando a John Steinbeck, los investigadores recuerdan que los hombres “necesitamos monstruos marinos para nuestros océanos personales” y aseguran que nuestros gigantes no dejarán de ser “monstruosos”. “Definitivamente seguirán siendo grandes”, se reafirma McCain. “Un calamar de 12 metros sigue siendo igual de impresionante que uno de 17”.

 

*Referencia: McClain et al. (2015), Sizing ocean giants: patterns of intraspecific size variation in marine megafauna. PeerJ 2:e715; DOI 10.7717/peerj.715