Las palabras vigentes de Victor Hugo

Victor Hugo es uno de esos clásicos a los que conviene revisitar con frecuencia: por su proximidad temporal, por la trascendencia de la época en la que vivió y con la que se comprometió y por la sorprendente actualidad de sus palabras

POR DesEquiLibros

Victor Hugo es uno de esos clásicos a los que conviene revisitar con frecuencia: por su proximidad temporal, por la trascendencia de la época en la que vivió y con la que se comprometió y por la sorprendente actualidad de sus palabras

HugoFrance. Victor Hugo gets Twitter lashing after crashing French (www.france24.com)

Leer a los clásicos es importante porque sus palabras, aun pasados siglos, milenios incluso, siguen vigentes.

Esto da idea de hasta qué punto nuestra superioridad moral occidental, pese a su innegable y positiva evolución en muchos aspectos, no ha conseguido solucionar los principales problemas de las personas y cómo los políticos siguen empeñados en prestar más atención a mantener el statu quo y su posición dominante en vez de dar protagonismo a la sociedad a la que representan.

Victor Hugo es uno de esos clásicos a los que conviene revisitar con frecuencia: por su proximidad temporal, por la trascendencia de la época en la que vivió y con la que se comprometió –en la que se fraguaron los cimientos de nuestro actual ordenamiento jurídico y social— y por la sorprendente actualidad de sus palabras.

Hugo es uno de esos escritores que simultanearon su actividad literaria con la militancia y el compromiso políticos, sin que acabe de quedar claro qué fue primero, si la literatura o la política.

Y conviene releerlo por discursos como éste, pronunciado en la Asamblea legislativa de la II República Francesa el 9 de julio de 1849, con motivo del debate legislativo sobre la creación de una Comisión para “preparar y examinar las leyes relativas a los socorros populares”.

Lean y digan si no parece sacado de algún debate reciente, y cambien los términos que crean obsoletos por los más actuales:

“…quisiera que esta Asamblea no tuviese más que una sola alma para marchar hacia ese grande, hacia ese magnífico, hacia ese sublime objeto ¡la abolición de la miseria!”

“…acabáis, con el concurso de la Guardia Nacional, del ejército y de todas las fuerzas vivas del país, acabáis de afirmar el estado… No habéis retrocedido ante ningún peligro, no habéis titubeado ante ningún deber. Habéis salvado la sociedad regular, el Gobierno legal, las instituciones, la paz pública, la civilización misma. Habéis realizado un hecho importante… ¡Pues bien, no habéis hecho nada!”

“¡Nada habéis hecho en tanto que el pueblo sufra!

¡Nada habéis hecho en tanto que por debajo de vosotros haya una parte del pueblo desesperada!

¡Nada habéis hecho en tanto que los que están en toda la fuerza de su edad y que trabajan puedan encontrarse sin pan;

En tanto que aquellos que son viejos y han trabajado puedan encontrarse sin asilo;

En tanto que la usura devore nuestros campos;

En tanto que haya quien muera de hambre en nuestras ciudades;

En tanto que no haya leyes fraternales que vengan de todas partes en auxilio de las familias pobres y honradas, de los buenos campesinos, de los buenos obreros, de las gentes de corazón”.

“¡Nada habéis hecho en tanto que el espíritu de la Revolución (francesa) tenga por auxiliar el sufrimiento público!”

“¡Habéis hecho leyes contra la anarquía, haced ahora leyes contra la miseria!”

Permítanme que termine con una de sus frases más manoseadas pero no por ello menos reveladora:

“Atreveos; el progreso solamente se logra así.”

¿Le suena, verdad?

Pues tiene 150 años.

 

Enero 13, 2015.