Sensus, el universo en sus ojos

He aquí un detalle: del sistema braille, he aquí que sin más nos enfrentamos a un mundo completamente ajeno, oscuro, tenebroso, aquel que soñamos sólo cuando Borges nos lo menciona pero que en realidad nos aterra, porque eso es la oscuridad

POR Óscar Garduño Nájera

He aquí un detalle: del sistema braille, he aquí que sin más nos enfrentamos a un mundo completamente ajeno, oscuro, tenebroso, aquel que soñamos sólo cuando Borges nos lo menciona pero que en realidad nos aterra, porque eso es la oscuridad

Universo_1Cómic en braille busca crear conciencia sobre discapacidad visual (www.nacion.com)

Nunca me ha interesado ayudar a nadie que no sea a mí mismo y lo hago con dificultades. No dono para la Cruz Roja. Tampoco lo hago para los niños pobres de la Sierra Tarahumara. Mucho menos regalo dinero al Teletón o a cualquier otro evento estúpido organizado por cualquiera de las televisoras. No me pregunten por el Juguetón, por favor. No me importan los desprotegidos. Ni los que padecen hambre en Sudáfrica con las panzas hinchadas. Se me hace una pérdida de tiempo hablar de los niños que se podrían salvar con el dinero de las ventas anuales de armamento porque es algo imposible, no va a ocurrir, y hablar de ello llega a convertirse en un detestable círculo vicioso del que conviene escapar lo más rápido que se pueda.

Hay días en que todos se proponen ayudarse unos a otros. Son los días que más detesto. En el fondo esperan una recompensa. Y lo que es peor: si la recompensa es divina, mucho mejor. Así son los mecanismos del ser humano.

Quien dice que ayuda, lo hace por presunción. Nos gusta ser buenos. A fin de cuentas es parte de una tradición judeocristiana que nos enseñó a quitarnos el pan de la boca para darlo a otro en un acto de sacrificio no sólo absurdo sino anoréxico. Quien dice que ayuda lo hace para que le agradezca otra persona, porque en ocasiones no lo hizo la persona a la que ayudó, y no lo hizo porque nadie le pidió a la otra persona que lo ayudara, pero, entrometido como es el que se dedica a ayudar a su prójimo, siente que los desamparados necesitan de su ayuda, cuando en realidad en ocasiones se la pasan mejor que él.

Me viene a cuento ahora una anécdota del libro en turno Flash Boys de Michael Lewis: un canadiense llega por primera vez a Nueva York y se sorprende de que en Estados Unidos la gente despilfarre tanto (hablamos de antes de la crisis). El caso es que este tipo se dedica a juntar lo que sobra de las grandes comilonas que se dan en Wall Street y posteriormente las ofrece a los indigentes, quienes, sorprendidos, no sólo rechazan la comida sino que incluso lo llenan de insultos, “¿quién te crees que eres para venir así con tal actitud, imbécil?”

 

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No sé mucho del cómic. Lo poco que sé lo aprendí en una escuela donde se consideraban grandes obras artísticas los dibujos de historietas como El sensacional de luchas o El sensacional de traileros (lo mejor de todo era eso, la palabra que les precedía: “Sensacional”). Si me preguntan ustedes por colores, me quedo frito. Quizás tengo algunas nociones pero aceptar un conocimiento del cual carezco no sólo es ridículo sino presuntuoso, y hablar de semiótica visual, repasar a Christian Metz, Umberto Eco o Nelson Goodman, no me parece adecuado en un texto que tiene por intención promover el primer cómic para invidentes en América Latina, que combina el sistema braille y la ilustración, y que cuenta con las ilustraciones del por demás popular Bernardo Fernández, mejor conocido en los bajos territorios como BEF, así como con el texto de Jorge Grajales.

Hasta ahora, no me creía el cuento ese de que el Nacional Monte de Piedad brindara algún apoyo a los más desprotegidos. Es como la noción de Dios. Muchos dan por hecho que existe, viven, se reproducen, mueren, y nunca se hicieron la pregunta de si realmente era cierto. Así ocurre con los programas de asistencia social. Alguien te dice que existen, que están ahí, pero tampoco vas a perder el tiempo y vas a investigar si lo que te dicen es cierto. Y luego, como en las novelas policíacas, mueres sin saber la verdad.

 

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Sensus, el universo en sus ojos: ustedes compran un ejemplar de este cómic en las librerías del Péndulo, en las tiendas de cómic Fantástico, en Dekomiczado o en un camioncito que recorre algunos puntos de la ciudad y, de entrada, entenderán más que yo acerca del cómic al admirar el trabajo que realiza BEF; pero no sólo eso, acostumbrados como estamos a que el mundo se nos pinte como queremos, encontraremos en sus páginas ciertas texturas que a más de uno le parecerá errores de impresión. He aquí un detalle: del sistema braille, he aquí que sin más nos enfrentamos a un mundo completamente ajeno, oscuro, tenebroso, aquel que soñamos sólo cuando Borges nos lo menciona pero que en realidad nos aterra, porque eso es la oscuridad, lo demás son cuentos de hadas que escriben personas que sí ven; cierren los ojos y toquen con las yemas de sus dedos las texturas del cómic, aborden ese universo atascado de pesadillas y experimenten lo que experimentarían si la luz repentinamente se apagase.

Hay por ahí, en algún periódico, una declaración de Jorge Grajales: “Lo que se busca (con Sensus, el universo en sus ojos) es sensibilizar a los lectores ante la población ciega y al mismo tiempo introducir a los débiles visuales al entretenimiento literario”. Porque, vamos, la historia esa romántica y cursi de Borges respecto a que los griegos inventaron a Homero y lo hicieron ciego para indicar a la humanidad que la poesía está hecha más que nada de poesía, ya se la pueden contar a uno y verán qué les responde, están en otro sitio, pesadillesco o no, pero es otro sitio el que ocupan.

Cuando usted compre Sensus, el universo en sus ojos no sólo tendrá presente estas líneas que por fortuna usted sí puede leer, sino que además contribuirá a que donar un par de lentes para niños con debilidad visual, pues el Nacional Monte de Piedad de México, que auspicio el proyecto y subsidió los costos de la impresión de 3 mil pesos con un costo cada uno de 30 pesos, dará ese par de lentes por cada cómic que se venda.

Nunca me ha interesado ayudar a nadie. Supongo que me estoy haciendo viejo y que la vejez me trae como regalo una sensibilidad que espero no tape mi próstata. Diré que hace no pocos días tuve la oportunidad de compartir mesa en una cervecería con tres ciegos. Morboso como soy, estaba interesado en saber cómo es que “veían” ellos el mundo, cómo se las arreglaban. Nos bebimos varias caguamas entre risas y bromas, porque, aunque parezca difícil de creer, ellos están tan acostumbrados a su ceguera que incluso ya hasta hacen bromas de la misma. Hasta que repentinamente uno de los hombres se soltó a llorar. Los tres restantes guardamos silencio. Fue cuando nos contó su historia. Vaya que era una historia. Comprendí un poco más a la cabrona ceguera.

La presentación de Sensus, el universo en sus ojos será el jueves 22 de enero a las 19:00 hrs. en la librería Rosario Castellanos del FCE. Tamaulipas 202, esq. Benjamín Hill, Col. Hipódromo de la Condesa. Del. Cuauhtémoc.