Kill the sexist!

Englobemos los sucesos: la transgresión que llevan a cabo las Pussy Riot no sólo nos habla de una sociedad moscovita harta ya de un sistema político corrupto, sino que en términos generales también nos habla del fastidio que reina en general alrededor del mundo

POR Óscar Garduño Nájera

Englobemos los sucesos: la transgresión que llevan a cabo las Pussy Riot no sólo nos habla de una sociedad moscovita harta ya de un sistema político corrupto, sino que en términos generales también nos habla del fastidio que reina en general alrededor del mundo

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De varios colores. Así son los atuendos que llevan. También las máscaras que ocultan sus rostros. Y de alguna manera se entiende: Nadezhda Tolokónnikova asegura que algo tiene que ver esto con la identidad. Aquí el primer punto: cada una de ellas no está por lo que representa como individuo dentro de una sociedad determinada, sino por lo que alcanzan a representar como colectivo que protesta contra la situación de la mujer en Rusia. ¡Vamos!, si nos atenemos a los hechos históricos podemos afirmar que esta película ya la hemos visto. Porque en eso de la protesta por acá tenemos experiencia. Y si hablamos de la situación de la mujer… ¿No me creen? Hagan un poco de memoria. No vayan tan lejos: hace apenas unos días.

A la llamativa indumentaria agreguen la rabia del sonido del mejor punk de los 70. Es decir, ustedes escuchan un disco como Kill the sexist! y la primera pregunta que se hacen es si realmente las mujeres saben tocar. Ruido. Mucho ruido. Como en los inicios de los Sex Pistols. Como la canción Sedición. Ruido contra el sistema. Sólo que mientras un Sid Vicious golpeaba su ensangrentado rostro con el brazo de su bajo blanco con negro, las Pussy Riot se suman a las movilizaciones contra la campaña electoral del primer ministro, Vladimir Putin, a la presidencia de Rusia. Estamos en 2012. El 21 de febrero de ese año la agrupación punk ofrece un improvisado concierto en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú. ¿Nada mal, verdad? Un proyecto arquitectónico que se desarrolló en el siglo XIX y que hasta la fecha es la iglesia ortodoxa más alta del mundo; y en ese entonces, si algo le sobraba al mundo era tiempo, por lo que su construcción tarda más de 40 años. Estamos en Moscú. De hecho, a algún loco llamado Stalin se le ocurre en 1931 dinamitar la iglesia, para, posteriormente, en 1988, comenzar con su reconstrucción (una vez que también se reconstruye la forma de ver el mundo). Si atienden las líneas anteriores verán que no hablamos de cualquier iglesia de esas de pueblo que con trabajos alcanzan a sostenerse, monaguillo incluido, sino de todo un símbolo en la Rusia actual. Englobemos los sucesos: la transgresión que llevan a cabo las Pussy Riot no sólo nos habla de una sociedad moscovita harta ya de un sistema político corrupto, sino que en términos generales también nos habla del fastidio que reina en general alrededor del mundo.

Y he aquí que hay que andar con mucho cuidado una vez que se tenga entre las manos el libro Desorden púbico. Una plegaria punk por la libertad (Malpaso Ediciones 2014), porque se tiene que marcar una diferencia entre las tendencias en cuanto a las modas actuales cuya rebeldía suele quedarse frente a la pantalla de la computadora o frente a la manifestación y gritos enloquecidos: el espectáculo en el que muchos han convertido “la revolución” gracias a los discursos grandilocuentes que finalmente aterrizaron en nada; y el compromiso auténtico e histórico que se tiene con tal o cual causa ideológica. Por eso, a mi parecer el libro pone en evidencia que se equivocan quienes en un primer momento vieron tras el colectivo punk feminista Pussy Riot a un grupo de mujeres que buscaba tan sólo llamar la atención, generar la luz de sus propios reflectores con tal de tener sus 15 minutos de fama.

Una vez que la policía irrumpe el concierto detienen a Maria Aliójina, Nadezhda Tolokónnikova y Yekateterina Samutsevitch, y aquí comienza la historia del libro que hoy recomendamos. Si bien por momentos es clara la parcialidad con la que está escrito y con la que se nos presentan los distintos materiales, bien vale la pena si ustedes se quieren enterar más de lo que ocurre tras las detenciones, ya que el libro se compone de expedientes donde se detalla el juicio que se llevó contra Pussy Riot, fragmentos del diario de Nadezhda Tolokónnikova y respuestas que proporcionan las altas autoridades rusas, absurdas la mayoría de ellas, por lo que el lector al final tendrá una idea fiel del fenómeno Pussy Riot.