El Panteón de Belén: leyendas y arquitectura

Más allá de las historias que se cuentan acerca de las tumbas y los cadáveres, el Panteón de Belén es digno de visitarse por su arquitectura e historia.

POR: Jorge Pérez

 Más allá de historias de ultratumba, el panteón es digno de visitarse por su arquitectura e historia. Destaca el mausoleo, con una cúpula similar a las torres de catedral; la capilla donde se oficiaba misa de cuerpo presente, y las catacumbas, donde se inhumaba a los hombres ilustres de Jalisco

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FOTO: Belén maxresdefault.jpg (www.youtube.com)

Guadalajara, Jalisco. El Panteón de Santa Paula, como se llamó originalmente, estuvo activo sólo 50 años: de 1846 a 1896. Su diseño estuvo a cargo de Manuel Gómez Ibarra y su funcionamiento coincidió en México con la llegada y el auge de la corriente literaria del romanticismo, que tenía predilección por las historias lúgubres, como las siguientes.

Los juguetes de la tumba

Por las ofrendas que recibe, la tumba del niño Ignacio Torres Altamirano es la más popular del Panteón de Belén. Su trágica historia está marcada por elementos sobrenaturales que enganchan a quienes la escuchan: en vida, Ignacio sufría por su temor a la oscuridad. No importa cuánto lo intentaba su madre, era imposible acallar su llanto. Para que durmiera tranquilo, los padres colocaban todas las noches antorchas para iluminar su habitación, pero una noche aciaga el viento las apagó. Con sus padres fuera de casa, el niño lloró y lloró hasta desfallecer y morir, se cree que de un infarto.

Al día siguiente de ser inhumado, sin embargo, el ataúd amaneció fuera de la tierra. El personal del panteón culpó a saqueadores de tumbas y volvieron a enterrar el féretro. Sólo que al día posterior, el ataúd estaba nuevamente fuera de la tierra. Y la historia se repitió innumerables veces.

Cuando la madre lo supo, de inmediato comentó el miedo a la oscuridad del niño: incluso después de muerto le aterraba al estar bajo tierra. La solución de los padres fue construir un ataúd externo con cemento y piedra para que ahí descansara su único hijo.

Las ofrendas que hasta el día de hoy se posan sobre la tumba son juguetes, muñecos, pelotas y carritos. La apariencia del féretro combina con esos juguetes, pues luce como una pequeña locomotora rodeada por cuatro torres en las que colocaban antorchas para iluminar la tumba.

El árbol que nació de una estaca

Otra leyenda del Panteón de Belén tiene como protagonista un árbol que se ubica cerca de una esquina del terreno. Se dice que ese arbusto es la tumba de un vampiro que aterró a la sociedad tapatía a mediados del siglo XIX.

Una madrugada, los habitantes de la vieja Guadalajara se percataron de que en las calles aparecían animales muertos: a los pocos días encontraron cadáveres de personas. En todos los casos las víctimas mostraban un par de orificios en su cuello. Estos sucesos avivaron la psicosis colectiva; nadie salía tras ocultarse el sol y se sospechaba de la existencia de un vampiro entre los ciudadanos.

Las referencias literarias sobre estos seres de obscuridad provenían de Europa, por lo que la opinión pública culpó a un tal Conde de Baldón, un europeo recién llegado a la capital: alto, de apariencia elegante y que sólo transitaba por la noche.

Una turba iracunda lo atacó y con machete en mano cortaron un trozo de un árbol cercano del lugar donde dieron con él: afilaron la madera y la emplearon como estaca para clavarla en el corazón del presunto vampiro. Para acabar con el ser maligno lo llevaron a enterrar al Panteón de Belén.

De acuerdo con las creencias populares, de la estaca creció un árbol, éste maduró y su tronco tomó una forma rectangular: la leyenda se complementa con la idea de que dentro del tronco está el féretro donde colocaron el cadáver.

Historia y arquitectura

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FOTO: Belén 2 Serie: Panteones: Panteón de Belén (clauzzen.org)

Más allá de las historias que se cuentan acerca de las tumbas y los cadáveres, el Panteón de Belén es digno de visitarse por su arquitectura e historia. En el centro del cementerio destaca el mausoleo, con una cúpula similar a las torres de catedral. En el interior se ubica la capilla donde se oficiaba la misa de cuerpo presente. En la parte inferior se encuentran las catacumbas, el lugar donde se inhumaba a los hombres ilustres de Jalisco, ahora trasladados a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, en el Centro de Guadalajara.

Al mausoleo se puede subir por tres escalera la del “reino del padre” es la frontal, la del “reino del hijo” es la lateral a la derecha, mientras que la del “reino del Espíritu Santo” está a la izquierda.

Consultorio médico

En las gavetas, uno de los epitafios más detallados es el del joven doctor José Castro, muerto a sus 29 años. En la imagen se ve a la madre doliente acompañada por dos personajes simbólicos y un sauce llorón que rodean a un cenotafio en honor al muchacho.

Cuando murió el doctor, sus pacientes acudieron al cementerio, pero no sólo a celebrar las exequias de rigor. Días, semanas, meses y años después de su deceso la tumba continuó recibiendo a los antiguos pacientes que acudían a “consulta”.

Aún hay ofrendas de gente que visita a José con la esperanza de encontrar una cura a sus sufrimientos.

Dos benefactores en vida y después de la muerte

El Panteón de Belén alberga las llamadas “gavetas de la suerte”. Desde la muerte de las dos personas que yacen ahí, sus nichos han recibido no sólo a enfermos sino a la gente que busca de su intercesión. Los cadáveres que se guardan en ese lugar son de una pareja de esposos de origen extranjero.

Joseph Johnson y Jean Young, de Escocia, llegaron a Guadalajara cuando la ciudad pasaba por malos momentos: el hambre azotaba a un gran sector de la sociedad. Luego de presenciar un episodio en el que varias personas corrían tras un perro para matarlo y devorarlo, el par de escoceses decidió ayudar a los necesitados con comida y prendas.

Los extranjeros mencionados se caracterizaron por su filantropía y apoyo desinteresado a quien pidiera su apoyo. El marido murió primero, enfermo de cólera; cuatro meses después se le unió su esposa.

Su espacio es de los que también recibe cartas y demás ofrendas con las que la gente solicita sus servicios: pulseras, rosarios, cajas de medicinas, velas, estampitas y tarjetas de crédito; incluso hay un ramo de novia.

Tomado de: informador.mx. Marzo 1, 2015.