POR Lila Simón

Por eso celebro cuando encuentran la perla, sobre todo si para hallarla se sumergen en la cloaca que otro cerró.

jazmines

I. Nosotros

La primera vez que le regalé flores llevé hasta su casa un ramillete de mini rosas amarillas. Estaban de descuento porque ya habían dado su mejor frondosidad en el rincón de la florería. En el centro de la mesa llena de libros las rosas terminaron de romper su circunferencia con pétalos oxidados. Fue la última vez, porque el amor se acabó.

Como inicia la canción, “nos conocimos en estado de ebriedad”. Era obvio, los escritores siempre me han parecido sexys, aunque físicamente sean feos. El tipo no era la excepción. Sus ademanes me recordaban un poco al Capote encarnado por Philip Seymour.

Esa excentricidad terminó por convencerme de aceptar ser su novia a las dos horas de conocernos, a la hora de haber tenido sexo en el piso, entre la cocina y el comedor, a un lado del refrigerador y de la mesa siempre llena de libros. Fue delicioso, y nunca más.

II. Ustedes

Él es brillante, y como toda luz brillante a veces ciega, aturde, pero es brillante. La luz que brilla al final del túnel puede ser signo de que encontramos el camino. Si atendemos el imaginario popular, puede significar que encontramos la muerte.

Ella es bella. Tiene una coquetería fascinante, natural. En su cabello viven estrellas. Le acomodaría entre sus bucles perfectos, una enorme hibisco roja. Sonríe y sale el sol, no se confunda, no es rubia, tiene la piel canela, tostadita. Sí es bellísima.

III. Ellos

Él y ella se conocieron cuando él y yo nos estábamos queriendo como se quieren los que se vuelven amantes porque les urge cambiar la soledad por lecturas acompañadas en una banca; o como quieren los que tienen prisa por compartir las mañanas de sábados sin prisa; o como quieren querer los que se duelen de su mano suelta durante las caminatas.

Ella y yo compartimos confidencias cuando aquel juego se terminó. Ella siempre me dio la razón ¿Qué otra cosa hacen las amigas con la que les relata cómo concluye su ensayo de amor?

Ellos han iniciado su propio juego. Leerán en otra banca, compartirán su prisa por los sábados sin prisa, y sus manos se encontrarán durante las caminatas.

La estrategia no cambiará. Él le escribirá cartas a ella. Saldrá el sol cuando ella las lea, porque sonreirá.

IV. Yo

Parece que hago y genero todo lo contrario de quien cree en el amor. Pero en el fondo no hay nadie quién crea más que yo. Por eso celebro cuando encuentran la perla, sobre todo si para hallarla se sumergen en la cloaca que otro cerró.

Frescos jazmines coloqué en mi buró.