Lepidóptera

Mi reloj está descompuesto. Lo he sustituido dibujando uno en la muñeca de mi brazo. Traigo en la bolsa un plumón negro y un pedazo de estopa. Qué cómodo es que siempre sea la hora que uno quiere. Así también sabes cuándo vas a morir

POR Óscar Garduño Nájera

Mi reloj está descompuesto. Lo he sustituido dibujando uno en la muñeca de mi brazo. Traigo en la bolsa un plumón negro y un pedazo de estopa. Qué cómodo es que siempre sea la hora que uno quiere. Así también sabes cuándo vas a morir

Para un gran amigo: Romer Cornejo

Fumar_1Cigarette Smoking Man (escapetoparadise.deviantart.com)

“Blue Jean Blues” de ZZ Top en el cover de Little Hurricane hasta el minuto 1:00.

33: ¿Saben?, uno, dos, tres, ¿saben?, uno, dos, tres: estoy en tratamiento (enciende un cigarro, fuma, nervioso, suelta de prisa la primera bocanada, tira el cigarro, lo pisa), uno, dos, tres, no, no, permítanme que les explique: en primer lugar no es peligroso… ¿verdad doctor Jiménez que al menos para mí no es peligroso? Era la primera vez que se me permitía asomarme a la ventana después del accidente: los demás no me importan. Nunca me importan. Pasó una gran nube gris y me acordé de la lluvia. “¿Todavía llueve?”, le pregunté al doctor Jiménez. “¿Dónde se esconden cuando llueve?”, el doctor Jiménez guardó silencio. Tonto. Pensé: “tonto cabeza hueca”. Ustedes tampoco (saca una linterna de mano, camina despacio, alumbra el rostro de alguien). ¿Escuché que dijo peligroso, caballero? Los tratamientos médicos por lo regular son peligrosos cuando el paciente se muere; y si se muere el paciente ya no hay por qué recurrir a un tratamiento médico, a menos que no haya quedado bien muerto. Le dije al doctor Jiménez: “tengo un sueño. Antes tenía más. Uno siempre tiene más de los que puede cumplir. Por eso te deshaces de ellos. Estorban”. El doctor Jiménez me miró de arriba a abajo. “Si me permite que me asome otra vez a la ventana, se lo digo”. La gran nube gris seguía ahí: cada vez se hacía más grande. Cuando era niño soñé con amarillentos gusanos que bailaban cualquier pieza de mambo de las que ponía papá en mis manos. Soñé con palomas disecadas. Hay una diferencia entre las palomas y ellas. Doctor Jiménez: “¿usted recuerda el poema de Federico García Lorca donde habla de un bosque de palomas disecadas?”, ahí estaba yo, corría de un árbol a otro, a lo lejos se escuchaba el ruido melancólico de un riachuelo; repentinamente me arrastré, no me podía levantar, estaba bajo uno de esos puentes y encima de mí sólo oía el ruido del motor de los automóviles; luego alcancé a ver, a lo lejos, al tren: era de un color tan negro como me dijo mi papá. Cerré los ojos.

Mi reloj está descompuesto. Lo he sustituido dibujando uno en la muñeca de mi brazo. Traigo en la bolsa un plumón negro y un pedazo de estopa. Qué cómodo es que siempre sea la hora que uno quiere. Así también sabes cuándo vas a morir. Se lo dije a Sofía, pero no me hizo caso. Al medio día. Es buena hora para saltar. Cuando es medio día las lepidópteras vuelan más alto. “¡Está prohibido soñar con lepidópteras!, ¡usted tiene prohibido soñar con lepidópteras!, ¡no sea estúpido!”, y el doctor Jiménez cerró la ventana… Cerró la ventana… La cerró… Supe que no volvería a abrirse.

 

Oscuridad

Suena Sonata para Cello1de Brahms segundo 45.

Luz blanca.

Entra un cazador.

Cazador: Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ¡maldito oso!, si me deja le disparo… pero no me dejó. Una cabeza más en la pared. Al lado de la del cerdo. Los chamorros es lo único que me tiene permitido comer el doctor Jiménez. Me gusta más la cabeza, sobre todo cuando me mira. Primera lección, jóvenes cazadores: las lepidópteras poseen una coloración especial en las alas, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, morfológicamente la superficie está recubierta de escamas que poseen multitud de aristas longitudinales. ¿Verdad que no es tan fácil ser cazador? ¡Claro!, menos de lepidópteras. Miren, acá les traigo un claro ejemplo…

Sale, regresa con un gran muñeco de cartón.

Cazador: A ver: vuela, vuela, (juega con el muñeco, lo avienta), vuela, vuela… ¿33?, ¿estás ahí 33?, ¡puta madre!, no es la primera vez que un enfermo no reacciona, doctor Jiménez… sí, los más imbéciles llaman mariposas a las lepidópteras, pero el término correcto es lepidópteras. El escritor ruso Vladimir Nabokov, quien antes que narrador fue un gran entomólogo, dejó una cita antes de morir. Siempre pensé que la había dejado en las alas de una lepidóptera. Dijo “el arte y la ciencia se encuentran en un insecto”. Lo dice en su libro Ada o el ardor. ¿Estás ahí, 33?, tú sí que eres un insecto minúsculo…

 

Fumar_2Light (www.desktopwallpaperhd.net)

Oscuridad

Entra 33 con un elegante esmoquin, chistera, bastón y descalzo. Lleva puesta en la espalda unas alas.

33: Sí, señor, 33 u 8, aunque ninguno de ustedes se merece tanta felicidad… esa, la felicidad, la guardamos en cajitas de cartón con las que luego golpeamos a los niños en los parques, o a los que se acercan a las rejas del jardin y nos sacan la lengua… ¡pinches escuincles!, se burlan porque ellos creen que están cuerdos. Ahora que, si me permiten que les diga un secreto, no hay diferencia entre una lepidóptera y Superman: los dos vuelan… pero la lepidóptera se estrella, ¡maldita sea!, abro la ventana otra vez. No está el doctor Jiménez. Doctor Jiménez, doctor Jiménez, urge en la sala de urgencias, se escuchó en las bocinas y salió. ¡Maldita sea!, sigue la nube gris, pero Superman no aparece para salvar a la lepidóptera.

Voz en off: Doctor Jiménez, doctor Jiménez, pase usted a consultar a la pinche lepidóptera.

33: (saca un pastillero y va tirando pastilla por pastilla): ¿me quiere?, ¿no me quiere?, ¿me quiere?, ¿no me quiere? Instrucciones de uso: abra lo más que pueda la boca, saque la lengua, cierre lo más que pueda la boca, apriete, contenga la respiración, soporte el asco y trague, trague, trague: dieta blanda, segura y baja en calorías…

 

Oscuridad

Al fondo se proyectan cientos de mariposas volando, blanco y negro, mariposas muertas, blanco y negro, mariposas, mariposas, mariposas. Suena “In Two” de Nine Inch Nails hasta el segundo 50.

Entra el cazador

Cazador: Se detiene el tiempo. Lo que hacen algunos es empujarlo con las dos manos hasta que el tiempo vuelve a arrancar. Está claro que un tiempo sin tiempo no es tiempo. También no es tiempo si le cortas las alas. De niño soñaba constantemente que atrapaba varias mariposas, las metía dentro de una bolsa de plástico, las miraba alocarse y luego pum, pum, pum, las aplastaba contra el suelo, hasta que quedaban hechas una masa babosa. ¿Te confieso algo, 33?, eso quise hacer con Sofía luego de abrirle las alas y cogermela en el edificio.

Oscuridad

33: La enfermera llegó ese día, me metió las manos enmedio de las nalgas, con uno de sus dedos tocó mi culo, lo sacó con un pedacito de mierda, lo olió y me dijo: 33, apestas menos que ayer, pero más que la semana pasada; me inyectó, me tiré a dormir en sus brazos, hasta que se largó tras azotarme contra el suelo, intenté volar, cómo le hago, chinga, cómo le hago, si no tienes alas es más complicado, eso lo saben hasta los putos de los ángeles. Eso: los ángeles. Yo los he visto. Van de un lado a otro en las cornisas de altos edificios. ¡Mentira!, no cuidan de nadie, ni de ellos mismos: son capaces de lanzarse contra el suelo con tal de convertirse en humanos, ¡bah!, ¿quién quiere ser humano?, ¿ustedes? Y la vida no es tan mala. ¡Sonría, por favor!, haga un esfuerzo. Mire, la receta es más sencilla de lo que parece: rompa usted un gancho para ropa y coloque cada orilla en sus mejillas. ¿Ya ve?, esa sonrisa es permanente… claro, mientras no se quiebre el alambre. Es como cuando se te rompe la felicidad, te sorprendes y te agachas, la buscas, das con ella y la recoges: pedacitos que intentas pegar por la fuerza pero ya nada puedes hacer. Eso: la felicidad viene en pedacitos. ¿Me entienden?

Oscuridad.

Cazador (lleva una cámara fotográfica en las manos): A ver, a ver, espere, espere, ¡listo!, una fotografía, espere, espere (se peina), ¡listo!, una fotografía sin sonrisa no es fotografía, ¿por qué siempre sonreímos cuando nos toman una fotografía? Gracias, señor, que tenga usted una hermosa tarde. Voy a alimentar a los leones.

 

Fumar_3Picture of Ringo Starr (www.listal.com)

Oscuridad.

33: Nos pintan números en la espalda y en el pecho para que no nos extraviemos y para reconocer nuestros cadáveres. A mí, por ejemplo, el 31 me parecía demasiado amargado; el 32 era un flojonazo de primera, y como en esta clínica sólo hay 34 pacientes, mmm, ¿les confieso un detallito?: antes del 31 todos están muertos o de plano ya ni número tienen. Desde el accidente me veo imposibilitado para volar. Lo intenté desde una fuente, trepé hasta la punta, subí sin dificultades, antes tomé un poco de agua y salté al mismo tiempo que me orinaba. Caí sobre el 32, que se encontraba dormido.

Doctor Jiménez: Hace mucho, una noche de sábado, soñé con peinar a Ringo Starr, hasta que comprobé que todos los Beatles se peinaban con el mismo ridículo cortecito. Mientras soñaba se oía “Yellow Submarine”, mi favorita. Luego me enteré que Ringo Starr era zurdo y que tal defecto se debía a un problema de disfunción eréctil. Desde entonces, cada que entro a una estética no se me para, esa es mi desgracia. A ver, mister Otto Sander, describame los síntomas que presenta, abra la boca, saque la lengua, mueva un poco sus alas, no tanto, por favor… ¡carajo!, Yellow Submarine, Yellow Submarine, Yellow Submarine. Tome usted una dosis extra de Win Wenders al día. De ser necesario, multiplíquela por tres, y ahora lárguese que ya empieza Get Back… eso sí: prohibido pensar en cornisas de edificios ni banquitos altos. ¿Alguien puede peinarme como Ringo Starr?

Canción “Together” de The XX minuto 1:10.

33 en calzoncillos.

33: Yo solía guardar mi vida dentro de estos calzoncillos. Son muy cómodos. Me los regaló Sofía el día de nuestro aniversario número veinte. No tan cerca de los huevos para que mi vida no se fuese a resecar o, lo que es peor, apestar a orines; pero tampoco tan cerca del culo, porque ustedes saben que una vida metida tan cerca del culo se embarra de mierda, y una vida que se embarra de mierda no es buena vida, además de que se apesta y llama la atención de las moscas, y las moscas, como cualquiera sabe, te hacen la competencia a la hora de volar, entonces intenté meter mi vida acá, debajo de mi brazo, oculta entre el vello de mi sobaco, y apreté con todas mis fuerzas porque tenía un miedo terrible que en una de esas se me cayera y entonces sí, una vida que se embarra de lodo, tampoco es una vida tan limpia… ¡qué complicado resulta tener una vida!, y si la sacudes una vez que se ensucia corres el riesgo de quebrarla, y una vida que se quiebra tampoco te sirve de mucho a menos que encuentres un pegamento chingón… ¿saben?, para muchos Dios sirve para eso y la vida les dura unos cuantos años más, hasta que tu lengua se seca y ya no puedes hablar… total que metí mi vida acá, en el estómago, justo al lado de la enorme cabeza del páncreas, entre la ampolla del vater y la vena mesentérica superior. Tenía por confidente al hígado y a la aorta, aunque de esta última tuve que prescindir pues era medio chismosa y corría a soltar la lengua al duodeno, quien en varias ocasiones ya me había bloqueado del Facebook… luego… luego… me olvidé dónde tenía mi vida, en los pies, en las rodillas, en el cuello, mmm, una vida en el cuello es todo un aprieto: el 32 la colgaba en el techo para secarla después de la lluvia, y en una de esas, descolgó la vida y dejó de respirar. Hay vidas estomacales. También vidas riñoneras. Vidas que se aprietan entre las rodillas. Vidas de oídos. Vidas que se llevan en la espalda. Para que lo sepan de una buena vez: Sofía llevaba su vida en las alas, y me las dejó cuando hizo el último intento.

Voz en off: Doctor Jiménez, doctor Jiménez, Sofía padece una crisis nerviosa nivel cinco, doctor Jiménez, doctor Jiménez, Sofía muestra resistencia a los fármacos, ¿dónde tiene la vida?, doctor Jiménez, doctor Jiménez, Sofía no es Sofía es Bruno Ganz, Bruno Ganz, qué estúpida es Sofía, doctor Jiménez.

 

Fumar_4erebus (www.efn.uncor.edu)

33: Fue una tarde de invierno en Istambul. Sofía abrió sus alas. No tan grandes como las de un murciélago. Tampoco tan pequeñas. De extraña lepidóptera. Nabokov se habría enamorado de ella. Me dijo: “aquí traigo puesta mi vida, en las alas”. Yo para entonces traía mi vida en el estómago y de vez en cuando eructaba para demostrarle a Sofía un poco de felicidad. Llegó un estudiante de veterinaria experto en lepidópteras y me preguntó: ¿cómo le das respiración de boca a boca a una?, ¿cómo la resucitas cuando las alas le pesan con tanta sangre?

Voz en off: 33 permaneció ahí, de pie, triste. También hay vidas que consiguen llevarse una que otra lagrimita. Quien sabe si lo pensó. También hay vidas llenas de esperanzas. Lo que sea que eso signifique. Y vidas que nacen malditas. Y vidas que nacen sin vida. Porque en ese momento empezó a caer una pertinaz lluvia cuando las puertas de la camioneta se cerraron. El servicio médico forense para lepidópteras. Dentro iba un paramédico: Vladimir Nabokov. Quién sabe si él sabía dar respiración de boca a boca a una hermosa lepidóptera. 33 entonces se quedó dormido, bajo la lluvia, y soñó con mariposas. Eso fue hasta que el doctor Jiménez le abrió la cabeza: un pedacito de cerebro bien expuesto en una gran mesa de aluminio y alrededor más de diez estudiantes de medicina. Ambulancias del servicio médico forense para lepidopteras que no vuelan, ¡qué pendejada!, 33 despertó al otro día, se echó a volar.

Canción “Going Wrong” de Moby.

Telón

Ciudad de México 28 de marzo 2015.