Un piloto de bote de vapor llamado Mark Twain

Fue un sueño de infancia del escritor Mark Twain: trabajar como piloto de bote de vapor navegando el Mississippi. La aventura duró dos años, tiempo suficiente para que ese afluente influyera su obra y para que una embarcación fuera bautizada con su nombre

POR Steve King

Fue un sueño de infancia del escritor Mark Twain: trabajar como piloto de bote de vapor navegando el Mississippi. La aventura duró dos años, tiempo suficiente para que ese afluente influyera su obra y para que una embarcación fuera bautizada con su nombre

TwainEl 9 de abril de 1859 el escritor Mark Twain obtuvo su licencia de piloto de bote de vapor. Debido al estallido de la Guerra Civil, sólo trabajó en el Mississippi por dos años, pero con ello cumplió un sueño de la infancia.

“Es un estudio extraño –un fenómeno singular, si se quiere, que los únicos caballeros reales, independientes y genuinos en el mundo navegan tranquilamente de arriba y abajo por el río Mississippi, sin buscar homenaje alguno, sin buscar popularidad, sin notoriedad, y sin importarle un comino si la academia se mantiene o no”, escribió en una carta de 1866 a Will Bowen, otro piloto.

Cuando Twain regresó a sus conocidas rutas fluviales décadas más tarde como parte de su investigación para Life on the Mississippi se sorprendió por la disminución en el tráfico de botes de vapor –aunque se mostró satisfecho de que el único barco que vio llevaba su nombre. También estaba consternado cómo la gestión de gobierno había “golpeado el romance del pilotaje” mediante normas de seguridad, construcción de diques y desvío del río. Twain escribió con sorna:

“Mil comisiones fluviales, con las minas del mundo a sus espaldas no podrían domar esa corriente sin ley, no se puede frenar o confinarla, no se puede exigir que obedezca; ni salvar una costa que ha condenado; no se puede impedir su paso con una obstrucción que no derrumbará.”

En su reciente libro Old Man River, Paul Schneider señala que a pesar de todos los desafíos que ofrece el planeta y sus habitantes, el Mississippi siempre ha respondido con la reinvención y renovación:

“Es tentador pensar en el río como un animal enjaulado, encerrado detrás de las obras públicas de varios siglos. Mi conjetura es que al propio Mississippi no le importan realmente esas cosas más de lo que le preocupaban lo muros altísimos de hielo del Pleistoceno, que primero envió sus afluentes de norte a el sur. O el crecimiento de las Montañas Rocosas hace quinientos millones de años, que se dobladillaron en el oeste. O los volcanes y asteroides que esparcieron cenizas y polvo en sus aguas. Tampoco se trata de hacerse de la vista gorda ante la sopa nociva de fertilizantes y pesticidas que nuestra adicción a los alimentos y etanol barato ha vertido en la parte baja del río. Baste decir que mucho después de nosotros, de lo que nuestros congresos han sembrado, para bien o para mal el Mississippi continuará allí.”

Schneider tomó el título Old Man River de la exitosa canción Show Boat, que se estrenó a finales de 1927, sólo unos meses después de la gran inundación del Mississippi, la más destructiva en la historia de Estados Unidos, que devastó siete estados. En el epílogo de Rising Tide, su relato clásico del desastre de 1927, John M. Barry hizo eco de la idea de que el Mississippi continuará fluyendo sin importar hacia dónde:

“Muchos ingenieros creen que tarde o temprano, sin importar lo que el hombre haga, el Mississippi cambiará su curso hacia el Atchafalaya [río distributario]. Y un dedo del mar subirá hacia el norte pasando por Nueva Orleans, al norte de Baton Rouge. Así que la historia termina como empezó: con el hombre decidido a imponer su voluntad sobre el río.”

 

Tomado de: Barnes & Noble Review. Abril 6, 2015.