Cinco motivos para odiar a la literatura mexicana del siglo XXI

Los jóvenes autores mexicanos se equivocaron de vocación: En el mejor de los casos tendrían que haber estudiado veterinaria e instalar su consultorio en el barrio; en el peor, se dedican a subir al Feis cuantas fotitos caigan en sus manos. Hoy dicha red social está saturada de leones, gatitos, cachorritos, jirafas, elefantes, etc.

POR Óscar Garduño Nájera

Los jóvenes autores mexicanos se equivocaron de vocación: En el mejor de los casos tendrían que haber estudiado veterinaria e instalar su consultorio en el barrio; en el peor, se dedican a subir al Feis cuantas fotitos caigan en sus manos. Hoy dicha red social está saturada de leones, gatitos, cachorritos, jirafas, elefantes, etc.

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FOTO: Literatura 1 Baja la capacidad de jóvenes para leer y escribir en Puebla (www.e-consulta.com)
  1. Es monotemática: Cuando nuestros (y son “nuestros”, porque muchos de ellos y ellas malviven de nuestros impuestos aunque lo nieguen) jóvenes autores se empeñan en no escribir acerca del narcotráfico terminan por hacerlo: saben que el morbo vende más que cualquier buena historia.

Al principio, pensamos que tal fenómeno se gestaba únicamente en el norte del país y les deseamos buena suerte: allá que se las arreglen con las balaceras, los secuestros y los “sincabezas”; hasta nos pareció tierna una que otra novela o cuentecillo acerca del narcotráfico: los jóvenes autores de esa zona del país tenían que canalizar el terror a ser asesinados en la esquina donde contactaban marihuana de primera calidad con su dealer de confianza; conforme pasó el tiempo y la violencia se recrudeció, la vorágine también se extendió, al grado de que hoy lo mismo se escribe del narcotráfico en Chiapas, Oaxaca, la Ciudad de México y Puebla… porque nuestros jóvenes escritores siguen temiendo a ser asesinados en la esquina donde ahora no sólo conectan marihuana de buena calidad sino piedra, cocaína, o en el menor de los casos, días antes de que al fin caiga el dinero de la beca del Fonca, el thinner gourmet de guayaba o de kiwi, según sea la temporada de la fruta.

  1. La literatura mexicana del siglo XXI está atascada de víctimas. Quejas. Lamentos. El sonido del látigo de quien se flagela. Es lo que se escucha en las reuniones con jóvenes autores. Cuando están borrachos, peor: lloran, se arrepienten, patalean, etc.

Lo que ocurre es que aprenden a ser víctimas desde la adolescencia, cuando sus cuerdos papás les sugieren dedicarse a una carrera más noble y más productiva (en cuanto a ganancias económicas, se entiende); sin embargo, ellos, empecinados, creían que iban a alcanzar no sólo la fortuna al escribir bestsellers sino que, en un momento determinado, vivirían a expensas de ese mismo Estado que en marchas y en columnas hoy califican de corrupto, asesino, culpable de la desaparición de 43 estudiantes.

Hoy los padres, si es que siguen con vida, se ríen, y ellos continúan siendo víctimas: porque no les llegó el apoyo a tiempo, porque aquella editorial tan importante no se fijó en su narrativa, porque no supieron cómo bajarse los pantalones y empinarse frente al editor aquel que frecuenta los mejores bares de la Roma y la Condesa.

  1. Los jóvenes autores mexicanos se equivocaron de vocación: En el mejor de los casos tendrían que haber estudiado veterinaria e instalar su consultorio en el barrio; en el peor, para nuestra mala suerte, se dedican a subir al Feis cuantas fotitos caigan en sus manos. Es así como, hoy por hoy, dicha red social está saturada de leones, gatitos (son los que más abundan, con oraciones incluidas), cachorritos, jirafas, elefantes, etc., con textos que no sólo rayan en lo cursi e imbécil sino que, incluso leen los pensamientos de los animalitos, los hacen hablar, les agregan globos con diálogos: ¡auxilio!, ¡rescátame!, ¡adóptame!, y si a este fenómeno agregamos a uno que otro animal de dos patas que se empeña en salvar cuanto animal caiga en sus manos, llegáremos a la conclusión que el Feis es una arca con muchos infelices Noés.

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FOTO: Literatura 2 Escribir ayuda a jóvenes a controlar emociones (www.sumedico.com)

  1. La frase que sigue es paradójica en sí misma y encierra tantos enigmas que apenas si alcanzamos a descifrar uno que otro, pongan mucha atención: el principal motivo para odiar a la literatura mexicana del siglo XXI es que, según cifras de la Unesco, México es el penúltimo lugar en el consumo de lectura de entre 108 países, lo que significa que, en promedio, el mexicano común y corriente, el que mienta madres en el microbús y las mentadas son opacadas por el reguetón o cualquier narcocorrido, el que va a la panadería por las conchas y los bolillos a las ocho de la noche, lee La Jornada o La Prensa, ve el noticiero de Joaquín López Doriga y dice tres veces: qué bárbaro, qué bárbaro, qué bárbaro, y espera con ansias que llegue el viernes o el sábado para echarse unas cervezas con sus amigos y soñar con que engaña a su novia con tantas y tantas mujeres que se le atraviesan de vuelta a casa, ese mexicano consume menos de tres libros al año y dedica tres horas a la semana a la lectura extraescolar, por lo que, en promedio, lee 2.9 libros al año, y si a eso le suman los altos costos de los libros frente al salario mínimo, cualquier ciudadano consciente preferiría quedarse sin leer la última novela de (pongan ustedes al autor que leen en estos momentos) con tal de completar lo de la renta, el agua o la luz.
  2. Hay demasiados autores, demasiados títulos, por lo que se en estos momentos se genera un fenómeno apreciable sólo desde el punto económico: la oferta está superando a la demanda y no hay un punto de equilibrio entre las dos partes, por lo podemos predecir, sin ninguna bola de cristal, sin ningún oráculo, que la literatura mexicana está al borde de la crisis aunque se siga produciendo a lo idiota. Por supuesto, esto lo niegan tanto los autores, como los editores, empeñados en dar palos de ciego, pero la gran pregunta sin respuesta es: si no se vende tanto libro que se pone en el mercado, si no se consigue ni siquiera agotar ediciones de 500 libros, ¿qué ocurrirá con el resto de los libros, hasta cuándo se cansarán los inversionistas de perder más que ganar para invertir en un negocio que sea rentable, equilibrado y que no tenga que ver absolutamente nada con la literatura mexicana del siglo XXI?