Frankenstein: las interpretaciones del monstruo

Algunos críticos sostienen que el hecho de que la criatura no logre prosperar y el caos que desata son evidencia de que Shelley estaba en contra de las revoluciones –a diferencia de sus padres radicales y de esposo— y de que apoyaba el orden tradicional

POR Tom Geoghegan

Algunos críticos sostienen que el hecho de que la criatura no logre prosperar y el caos que desata son evidencia de que Shelley estaba en contra de las revoluciones –a diferencia de sus padres radicales y de esposo— y de que apoyaba el orden tradicional

Prometeo_1Bride of Frankenstein (healer.deviantart.com)

Debido a la mayor erupción volcánica en más de mil 600 años, en Indonesia a finales de 1815, el hemisferio norte se hundió en un verano extrañamente fresco y sin sol al año siguiente.

A orillas del Lago de Ginebra, el mal tiempo mantuvo a cinco turistas británicos encerrados en una villa por varios días. Para entretenerse, organizaron un concurso de relatos de terror.

Mary Godwin, de 19 años de edad y en Suiza con el poeta Percy Shelley, se imaginó un “fantasma horrible de un hombre” y tornó su contribución en una novela publicada anónimamente en 1818.

Contaba la historia de un científico suizo, Victor Frankenstein, que está tan horrorizado por la fea criatura que trae a la vida ensamblando partes de cuerpos que la abandona, con terribles consecuencias.

En pocos años, la novela fue adaptada para el teatro, y en el siglo XX hubo varias versiones memorables en cine que llevaron la historia en diferentes direcciones.

Doscientos años después de aquel verano sin sol, la novela es considerada una obra histórica y cada década trae una nueva interpretación.

Esta es una selección de varios análisis (algunos incluyen detalles de la trama).

 

  1. La ciencia puede ir demasiado lejos

El término “alimentos Frankenstein” –que se aplica a los productos genéticamente modificados— ilustra cómo el nombre de la novela se ha convertido en sinónimo de mala ciencia. Pero esta metáfora es injusta, explica Angela Wright, profesora de Literatura Romántica de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido.

“Hay evidencia de que Mary Shelley tenía mucho conocimiento sobre los científicos de su época. Pero ella creía en la santidad de la vida humana y sabía de la labor de Lawrence y Abernethy, que estaban trabajando en Edimburgo en la década de 1810 en las salas de disección, en la reanimación de cadáveres”. Y (su esposo) “Percy Shelley también estaba muy interesado en el tema”.

En opinión de la autora, esos científicos estaban cruzando la línea de lo aceptable, añade Wright, lo que no quiere decir que no tuviera una gran admiración por el pensamiento científico en general.

 

  1. Las acciones tienen consecuencias

No es sólo la responsabilidad de crear la vida lo que Shelley quiere realzar, señala Wright, y esto es evidente en las cartas de Robert Walton, que enmarcan la historia de Frankenstein: la narrativa más amplia, que es a menudo pasada por alto.

Walton es un marinero que rescata a Frankenstein en lo profundo del Ártico, donde el científico está persiguiendo al monstruo. Alentado por Frankenstein, el capitán ignora las súplicas de su tripulación que quiere regresar a tierra, algo que Shelley parece condenar.

“Walton no se responsabiliza por la seguridad de sus hombres y es blanco de críticas dentro de la novela. Finalmente cambia de parecer pero, lamentablemente, es sólo porque las condiciones atmosféricas están en su contra, no porque esté preocupado por la tripulación.

“Parece un muy oscuro doble de Victor Frankenstein de muchas maneras, pues está igual de sediento por historias de romance y aventura”.

 

  1. No jugar a ser Dios

Prometeo_2Frankenstein wallpaper (girloncanvas.deviantart.com)

“Tal y como sugiere el subtítulo de la novela, El moderno Prometeo, Victor Frankenstein es un ejemplo del romántico ambicioso, que transgrede los límites entre lo humano y lo divino”, indica Marie Mulvey-Roberts, autor de los organismos peligrosos: La corporeidad y el gótico.

De acuerdo con la mitología griega, Prometeo robó el fuego a los dioses y se lo dio al hombre, y sufrió el castigo eterno.

La sensación de que Frankenstein estaba en pos de conocimiento prohibido está además resaltada por las referencias al poema narrativo Paraíso perdido de John Milton, una obra que la criatura lee y recita. Su rechazo por su creador puede ser visto como una segunda Caída del Hombre.

 

  1. Una advertencia sobre los esclavos liberados

Shelley estaba escribiendo la novela apenas 10 años después de la abolición de la trata de esclavos en el Imperio Británico, y lo hizo en la ciudad de Bath, no muy lejos del puerto de Bristol, donde muchos de los buques de esclavos partieron del país. En la novela hay referencias a ello, expresa Mulvey-Roberts.

“Frankenstein dice que es esclavo de su trabajo, y la criatura escapa como un esclavo, perseguido por su amo. Pero luego hay un cambio de poder, y se da una dialéctica hegemónica amo-esclavo, donde el esclavo es amo y es el amo un esclavo de su trabajo y su obsesión.

“Mary Shelley definitivamente no era partidaria de la esclavitud, pero no protestó cuando el canciller George Canning utilizó la analogía de Frankenstein como una advertencia sobre el peligro de emancipar a los esclavos con demasiada rapidez.

“En la novela, cuando la criatura asume el poder, provoca el caos que conduce a la pérdida de la vida”.

 

  1. La culpa maternal de Shelley

Muchos críticos piensan que la novela está marcada por los trágicos acontecimientos en la propia vida de Shelley. Su madre murió pocos días después de su nacimiento y Shelley se perdió su primer hijo, nacido prematuramente.

La primera interpretación feminista de Frankenstein la hizo Ellen Moers, quien leyó la novela de Shelley como una sublimación, explica Diane Hoeveler, de la Universidad de Marquette, en Wisconsin, Estados Unidos.

“La autora desahoga su propia culpa, tanto por haber causado la muerte de su madre como por no haber podido dar a luz un hijo sano para Percy, lo que su esposa legal, Harriet, había hecho tres meses antes”.

Para Moers, “la fuerza de la novela radica en presentar ‘manifestaciones anormales o monstruosas en el vínculo entre padres e hijos’ y, al hacerlo, transformar ideales románticos ‘en una fantasmagoría’”, indica Hoeveler.

 

  1. Depresión postnatal

Prometeo_310 Badass Women Who Refused to Let Sexism Get in the Way of Making History (mic.com)

El movimiento feminista ha luchado por la elevación de Mary Shelley a rango canónico, explica el profesor John Sutherland, experto en ficción victoriana. Y hay momentos en que la creación del monstruo parece presentarse como un nacimiento y Victor Frankenstein, como una madre afectada.

“Fue en una noche triste de noviembre, que completé mi trabajo. Era ya la una de la mañana, la lluvia repiqueteaba estrepitosamente contra los cristales, y la vela estaba casi consumida cuando, por el destello de la luz medio apagada, vi abrirse el ojo amarillo pálido de la criatura que respiró con fuerza, y en un movimiento convulsivo agitó sus extremidades ¿Cómo puedo describir mis emociones ante esta catástrofe, o cómo delinear la desdicha que con dolores infinitos y cuidados me esforcé en crear?” (Frankenstein, Capítulo 5)

¿Es esto –se pregunta Sutherland— remordimiento del inventor o depresión posnatal?

 

  1. Los monstruos no nacen monstruos

La inocencia inicial de la criatura sugiere que no nació como un monstruo, explica Vic Sage, profesor de la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido, quien ha escrito extensamente sobre la tradición gótica.

“Cuando él contempla su propia imagen a uno le dan deseos de gritarle: ‘No eres un monstruo’”.

Además, “en muchas de las películas, Hammer ni siquiera le da la voz de un monstruo”, abunda. El personaje “sólo es capaz de gruñir”.

Incluso, “las películas de [el director] James Whale no siempre se sienten como historia en las que encaja (el actor) Boris Karloff. Se estima que son grandes películas, pero no están a tono con el libro”.

El profesor agrega: “Mary Shelley le dio (al personaje) una voz. Y es bueno que hable como un filósofo del siglo XVIII, porque nos enfrentamos a una disparidad entre su aspecto y su discurso, lo cual reta el espectador”.

 

  1. La diferencia se debe celebrar, no evitar

La sociedad actual tiene una mayor comprensión de la noción de la diferencia, añade Sage, por lo que la escena en la que el doctor Frankenstein rechaza su creación, horrorizado por su desfiguración, tiene una resonancia más amplia.

“Todos los que lean hoy la obra se percatan de que la autora dramatiza la diferencia en la manera más absoluta. Por eso es muy importante pensar que la criatura es una criatura y no un monstruo, y que tiene una voz”.

 

  1. ¿Viva la revolución?

Prometeo_4Frankenstein monster (mb-cg.deviantart.com)

La criatura de Frankenstein se ha interpretado como un símbolo del pensamiento revolucionario que recorría Europa en la década de 1790, pero que se había esfumado en gran medida para el tiempo en que Shelley escribió la novela.

Algunos críticos sostienen que el hecho de que la criatura no logre prosperar y el caos que desata son evidencia de que Shelley estaba en contra de las revoluciones –a diferencia de sus padres radicales y de esposo— y de que apoyaba el orden tradicional.

Sin embargo, mediante la aplicación de los valores modernos de la narrativa, es evidente que las fallas se encuentran en el hombre, el creador, y no la criatura, explica Sage.

“Ese es el enigma: ¿quién es el nuevo Prometeo del título? ¿Víctor o su criatura?”, señala, y la respuesta puede estar condicionada por las actitudes psicológicas y sociales de la época del lector.

 

  1. Alegoría cristiana

El libro es realmente un diálogo entre puntos de vista reaccionarios y progresistas, abunda Sage y esto pone bajo la lupa la idea de John Milton sobre la pérdida del paraíso y la caída.

“La criatura ha leído a Milton, pero, como él dice, se siente más el ángel caído que Adán, ya que tiene que hacer el papel de marginado”, expresa.

“Mary Shelley dramatiza el conflicto entre la visión romántica de Satanás como el héroe Prometeo queriendo suplantar el lugar de Dios –válido para un conjunto de poetas masculinos: Blake, Shelley, Byron y Goethe, por ejemplo— y el caos de que tales proyectos idealistas podría causar en el país, en la vida real de la gente”, explica.

 

Prometeo_5Frankenstein Wallpaper (bombingcat.deviantart.com)

 

Frankenstein en la pantalla

1910: Thomas Edison realiza la primera película.

1931: Boris Karloff interpreta al monstruo.

1957-1974: Hammer Films produce una serie de películas de Frankenstein con Peter Cushing.

1974: Mel Brooks parodia al joven Frankenstein.

1994: La película de Kenneth Branagh retoma la novela.

2011: La boda de Frankenstein, de la BBC.

 

Mary Shelley: vida entre literatos

1797: Nace en Londres, hija de grandes figuras literarias, Mary Wollstonecraft Godwin y William.

1814: Conoce a uno de los acólitos del padre, Percy Shelley, casado, con quien se escapa a Francia.

1815: Da a luz prematuramente y muere el bebé.

1816: Comienza a escribir Frankenstein en un verano húmedo en el Lago de Ginebra, junto a Shelley, Lord Byron y otros.

1816: La esposa de Shelley muere, y él se casa con Mary.

1818: Se publica Frankenstein.

1822: Muere Percy Shelley.

1851: Muere tras una larga carrera literaria.

 

El hijo rechazado

La novela puede leerse como una crítica de la familia o como el anhelo de poseer una. El monstruo puede ser interpretado como una manera de hacer frente a la pérdida de su madre poco después del nacimiento de Mary Shelley, aunque también puede ser leído como una reacción ante la pérdida de su propio bebé. Está presente el elemento del rechazo y también el de la reproducción en solitario.

Marie Mulvey-Roberts, especialista en Estudios Literarios.

 

La violencia política

La figura de Frankenstein ha sido usada como símbolo de violencia política y para satirizar a los políticos que han contribuido a crear monstruos.

Poco después de la publicación del libro, el tema central fue recogido por dibujantes y usados satíricamente, indica Chris Baldick, autor de La sombra de Frankenstein: Mito monstruosidad y escritura del siglo XIX.

 

Tomado de: BBC Mundo.