* Venus

Virgo: el mito de Deméter-Perséfone

El ordenamiento intrínseco natural y la apertura al cambio que posibilite un nuevo orden es la paradoja que supone un conflicto para el signo de Virgo. Conflicto que muchas veces se manifiesta como colisión entre vida personal y profesional, entre matrimonio e independencia, entre espiritualidad y materialidad o entre moralidad y abandono

POR Cosmos Interior

El ordenamiento intrínseco natural y la apertura al cambio que posibilite un nuevo orden es la paradoja que supone un conflicto para el signo de Virgo. Conflicto que muchas veces se manifiesta como colisión entre vida personal y profesional, entre matrimonio e independencia, entre espiritualidad y materialidad o entre moralidad y abandono

Persephone_1Hades-Persephone-Rubens (www.shmoop.com)

El término “virgo” en su significado original no tiene que ver con la virginidad sexual. Significa, sencillamente, una mujer que no se casó, o sea, una mujer que no pertenece a nadie y cuya identidad le es propia. Nadie es dueña de ella. Nadie la complementa.

En la mitología abundan las diosas vírgenes y muchas de ellas, paradójicamente vírgenes y fecundadas, no por un mortal sino por el espíritu o algo numinoso o incorpóreo que proviene de su interior o de lo alto. Se convierten en vasos para que nazca un niño divino.

Una de estas diosas virginales es Perséfone, figura relacionada con el signo Virgo. Deméter y Perséfone (Ceres y Proserpina para los romanos) son las diosas gemelas percibidas como madre-hija, que representaban para los pueblos de la antigüedad los poderes de la naturaleza, su transformación y su emergencia cíclica.

Los misterios eleusinos que se celebraban en honor a estas diosas eran ritos de pasaje o iniciación para vivenciar nuevos estados de conciencia y una percepción de la vida que surge de la muerte. Durante 2 mil años, hasta la llegada del cristianismo, fueron los rituales más sagrados de la Grecia antigua.

Tenemos conocimiento de este mito por los poetas griegos de la segunda mitad del primer milenio a.C., quienes lo tomaron de los pueblos invasores, aqueos y dorios. Estos invasores conquistaron la cultura matriarcal, le introdujeron reformas sociales y religiosas, y colocaron a Deméter, Perséfone y otras deidades bajo la influencia de los dioses solares masculinos: Zeus, Poseidón y Hades-Plutón.

Pero el culto a Deméter y Perséfone continuó en la cultura helena, porque la mentalidad sagrada de los dioses guerreros no poseía una cosmovisión tan desarrollada sobre los misterios de la vida, la muerte y el renacimiento.

Las versiones griegas cuentan que Hades-Plutón, dios que reina en el Tártaro o mundo de los muertos y dueño de todas las riquezas del interior de la tierra, secuestra a Koré-Perséfone, la doncella, la hija primaveral de Deméter, cuando recogía flores en una pradera acompañada de un cortejo de ninfas, para hacerla su esposa a la fuerza.

Hades, que ya había dirigido su mirada hacia la joven, planta una flor bellísima donde ella pueda verla. Se trata de un narciso que está asociado con la muerte. Tan pronto ella recoge la flor, el suelo se abre bajo sus pies y llega el señor del mundo inferior, en su carruaje dorado tirado por negros caballos. La rapta y la obliga a un matrimonio letal. Hades engaña a Perséfone y ésta come la fruta del mundo subterráneo, la granada, símbolo de fertilidad, por lo que se convierte en la reina de los muertos, tomando el nombre de Perséfone.

Ante la desaparición de la hija se desata el dolor de Deméter, diosa de la fértil Tierra, y comienza su búsqueda desesperada. Abandona el Olimpo y durante nueve días y noches, sin beber ni comer, inicia su búsqueda. En su peregrinaje la acompaña Hécate, la diosa de las encrucijadas o la anciana sabia, que junto con la doncella y la madre, forman la triple diosa pre-patriarcal.

Deméter se viste de negro en señal de duelo, transformando su belleza y esplendor divino en la imagen de una madre humana angustiada. En su peregrinaje llega a la casa de la reina Metanira en Eleusis y es tomada como nodriza del hijo menor de la reina. En agradecimiento por la hospitalidad recibida, Deméter decide convertir al niño en inmortal, colocándolo en el fuego sagrado. Pero la reina asustada interrumpe el proceso y entonces la Diosa le revela su verdadera identidad, dándole indicaciones para que se construya un templo en Eleusis donde se llevarán a cabo sus misterios sagrados. Además, entrega a Triptólemo, otro hijo de la reina, un carro tirado por serpientes y le da semillas para que difunda uno de sus mayores dones: la agricultura.

Este joven príncipe es quien le ha dado información sobre el rapto de Koré, pues sus hermanos vieron cómo se abría la tierra para que entrara un carro tirado por corceles negros. El rostro del conductor era invisible y con el brazo derecho sujetaba fuertemente a una muchacha que gritaba. Con esa información, Deméter y Hécate van ante Helios, el dios Sol, “el que todo lo ve”, para que admita ante ellas quién es el raptor. Es así que Helios confirma la sospecha de Deméter: Hades-Plutón, el hermano de Zeus es el secuestrador de Koré.

Deméter está tan indignada que deja de sustentar la vida, impidiendo que algo florezca sobre la tierra. Por su parte, Zeus le envía regalos y mensajes para que la diosa deponga su actitud y acepte los hechos, es decir su voluntad y la de su hermano. Pero ella responde que la tierra seguirá siendo estéril hasta que su hija sea devuelta.

Ante tal firmeza, el Dios del Olimpo ordena a su hermano que entregue a la muchacha y también le advierte a Deméter que su hija le será devuelta, siempre y cuando no hubiese probado la comida de los muertos. Mientras tanto, en el Tártaro, Perséfone llora continuamente, negándose a comer o beber los manjares que Hades le ofrece. Pero el astuto Hades le dice que la dejará en libertad porque ve que es desdichada y su madre llora por ella. Así es que la joven deja de llorar, come algunas semillas de la granada. Aceptado el acuerdo, es el dios Hermes, el mensajero, quien se encargará de ir al Tártaro y traer a Perséfone. Finalmente, en la ciudad de Eleusis se reencuentran madre e hija.

Pero como la muchacha había comido la fruta quedando vinculada a Hades, es necesario llegar a un acuerdo: Perséfone pasará una mitad del año con Hades en las profundidades de la tierra y el resto lo pasará con Deméter sobre la faz de la tierra. Será la anciana sabia Hécate la que se encargará personalmente de la protección de Perséfone, ofreciéndose como garante para hacer que el pacto se cumpla.

 

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(allthingsuf.com)

Ahora que conocemos la historia analizaremos ahora el significado de este mito.

Koré es la diosa de la primavera y vive con su madre en un mundo sensual y maternal. Su vida está ceñida por los sentidos y mientras conozca la denominación, el orden y las pautas de todas las cosas, su mundo le ofrece protección y resguardo. La madre-hija con su atadura no permite el ingreso de ninguno de los hombres terribles que podrían destruir esta seguridad y este orden.

Después de educar, iniciar e impulsar a la hija, Deméter se repliega ante su ausencia asumiendo su faz de Hécate, diosa otoñal e invernal de la tierra y de las encrucijadas. En este sentido, ella no es una madre desesperada ni una mujer atormentada por la pérdida, sino una anciana sabia oculta en las raíces y en las hierbas curativas, debajo de la tierra y dentro de las cuevas donde la vida se refugia hasta que el ciclo de vida se complete.

En analogía con el grano de trigo: Koré representaría el grano verde (la doncella), Perséfone la espiga madura (la amante), y Hécate el grano cosechado (la anciana sabia). Deméter, diosa de las cosechas o de la agricultura, simboliza los poderes de la naturaleza, su transformación y su emergencia cíclica. Nos habla de la vida en su eterno ciclo de nacimiento, muerte y resurrección.

Desde la perspectiva de un único proceso de transformación cíclica, cada una de las figuras del mito nos remite a la otra. Se articula así una comprensión más amplia, una conciencia que, arraigada en el tiempo y el espacio, integra lo fuerte y lo débil, lo viejo y lo joven, lo alto y lo bajo, ampliando la consciencia individual. El retraimiento de la madre, más el descenso de la hija a las profundidades, manifiestan la llama de la vida en estado de latencia y expectación.

El grano de cereal aventado (aireado para quitar la paja) y almacenado en las vasijas del templo de la diosa agrícola en Eleusis también era un “muerto durmiente” en espera de su futura resurrección en la nueva planta. Cuando los habitantes de la cultura agrícola de la diosa Deméter sembraban enterrando esas diminutas semillas secas e inertes, éstas seguían la simbólica del invierno y de la muerte cíclica. Las semillas debían ser sepultadas en el útero-tumba a la espera del milagro que las convertía en una potente fuente de alimento y prosperidad. La siembra y el invierno a su vez recordaban la gestación uterina cuando la sangre menstrual de la mujer fluía hacia adentro para alimentar el feto que crecía en las penumbras de su cuerpo.

Con el retorno de la primavera, cuando la hija Perséfone emerge del mundo subterráneo, la madre Deméter vuelve a poblar el mundo y la vida durmiente nace sobre la tierra: las hembras paren, las plantas florecen y los árboles dan sus frutos. Los humanos participan de este retorno primaveral expresando sentimientos de amor amistad y solidaridad. La vida de la comunidad, como la de la naturaleza, se renueva. Hay festejos y esperanzas compartidas.

El mito de Deméter contiene en su núcleo a la vida misma en su misterio de nacimiento, muerte y resurrección. El rapto de Koré guarda una analogía con el ciclo de la “semilla secuestrada” en las entrañas de la tierra, sometida a las potencias de la muerte y luego vuelta a la vida al aflorar la nueva planta (Perséfone). Este proceso de la naturaleza es un símbolo que pone de manifiesto la tenue línea que separa la vida de la muerte, y la unión de las fuerzas conscientes e inconscientes, visibles e invisibles, componentes del cosmos que forman parte en todo acto de creación. Metafóricamente, la estadía en el reino de los muertos (Hades-Plutón) otorga la posibilidad de transformación y renacimiento, al posibilitar la integración a la conciencia de aspectos inconscientes y desconocidos del alma.

 

Persephone_3August 18th – Constellations (www.reddit.com)

Las tres figuras femeninas que aparecen en el mito son personificaciones de la gran diosa Deméter, que desdoblada en dos (díada) o tres aspectos (tríada), representa el poder sustentador de la vida, con sus florecimientos y repliegues estacionales, tal como se manifiesta en la naturaleza, en los seres humanos y en la cultura.

Los pueblos antiguos veneraban estos arquetipos femeninos para obtener alimento, salud y bienestar, sabiendo que Deméter-Perséfone era su fuente de origen, la diosa de la creación que periódicamente volvía a crear al mundo manifestando la abundancia de los comienzos en cada primavera y en cada cosecha.

El significado ancestral del mito se refiere a una concepción sagrada donde vida-muerte conforman parte de un mismo proceso. Ambos aspectos no funcionan como opuestos irreconciliables. La muerte natural al igual que la vida es una experiencia de transformación, iluminación y maduración que abarca dimensiones espirituales, psicológicas y culturales de las personas. En este sentido, la diosa Deméter refleja la experiencia de la maternidad, que no quiere decir solamente el proceso físico de gestación, sino la maternidad de todas las posibilidades aún sin desarrollar.

Deméter, la madre tierra representa también la experiencia íntima del descubrimiento del propio cuerpo como algo valioso que merece ser cuidado. Que tiene la sabiduría y la paciencia para aguardar hasta que el tiempo esté maduro para la acción.

En Perséfone hay algo que anda en busca de experiencias y llama al destino cuando arranca el narciso, aunque no sea consciente de ello. El defecto de Perséfone es la inocencia y el ideal de perfección siendo esa la pauta de destino que debe afrontar.

El rapto de la diosa se refiere a la apertura al flujo de la vida, a una disposición a confiar en el orden natural, a una aceptación a la penetración y al cambio.

Esta es la pauta del signo de Virgo, el destino que configura su núcleo. Sin embargo esto no es fácil, como tampoco lo es para Leo la búsqueda del Grial, ni la doma del toro para Tauro, ni el vellocino para Aries, etc., y es más fácil y frecuente que Virgo adopte una conducta ritualizada, algunas veces obsesiva con síntomas psicosomáticos. Virgo no simpatiza con el desorden, todas las cosas tienen su tiempo y su lugar.

El ordenamiento intrínseco natural y la apertura al cambio que posibilite un nuevo orden es la paradoja que supone un conflicto para el signo de Virgo. Conflicto que muchas veces se manifiesta como colisión entre vida personal y profesional, entre matrimonio e independencia, entre espiritualidad y materialidad o entre moralidad y abandono. Virgo lucha con estos opuestos intentando conciliarlos y a menudo toma uno al tiempo que sacrifica el otro.

Muchos Virgo suelen enfrentarse al dilema de tener que escoger entre el sendero seguro y acomodado, pero estéril, de sumisión externa (la doncella Koré atada a Deméter) y el camino fértil pero solitario (Perséfone diosa de las profundidades) de permanecer fiel a sí mismo (Deméter-Perséfone, diosa fecunda y virginal que emerge de las profundidades).

Como escribe Carl Jung en su ensayo sobre la Kore: “La doncella debe siempre ser sacrificada para que pueda convertirse en madre, ese es su destino”. Maternidad que como ya vimos, si se entiende en sentido profundo, alude al desarrollo de una serie de potencialidades y al alumbramiento de una pauta interior que se manifiesta en el exterior. En el momento en que estos potenciales internos se expresen, la doncella debe morir, porque con cualquier creación física desaparece el ideal de perfección.

 

Persephone_4Lost painting, the Ionian Dance, by Sir Edward John Poynter (www.allartnews.com)

Los mitos son muy persistentes, escribió Mircea Eliade, porque contienen modos de ser y de actuar que son relevantes para las personas. Al estar encarnados en diosas y dioses, animales o plantas sagrados, los mitos pre-patriarcales y sus símbolos arquetípicos comunican una historia de los tiempos primordiales que pueden iluminar las búsquedas del presente. Muchos mitos y arquetipos como el de Deméter-Perséfone siguen latentes en el inconsciente colectivo y a veces saltan a la conciencia de las personas en momentos de crisis y de cambio.

Ten presente que todos tenemos al signo de Virgo en algún lugar de nuestra carta natal, es decir, todos portamos esa energía y la manifestamos en algún área de nuestra vida. Podrías preguntarte entonces:

¿Qué reajuste necesito hacer en mi proyecto? ¿Cómo acepto los finales? ¿Enfrento las dificultades como oportunidad de cambio? ¿Cuál es el mejor esfuerzo que puedo hacer en mi actividad? ¿Estoy llevando a la práctica mis planes? ¿Cómo reorganizo mi trabajo?

¿De qué manera reacciono ante las crisis y el sufrimiento? ¿Qué potencialidades no desarrolladas surgen ante lo no previsto? ¿En qué estoy estancado y no permito cambios? ¿Dónde me vuelvo obsesivo? ¿Cómo me manejo con el orden? ¿De qué manera o en qué tengo rituales? ¿El ideal de perfección no me deja ser creativo? ¿Doy espacio a los momentos de soledad para que surja lo nuevo? ¿He comprendido y acepto los ciclos? ¿Me resisto o los acompaño? ¿He analizado mis metas? ¿Malgasto mi energía? ¿Sirvo a mi comunidad? ¿Escucho lo que mi cuerpo necesita? ¿Me cuido?

¿Hago limpieza y purificación de mis sentimientos? ¿Me alimento con buenos pensamientos? ¿Sé reconocer la grandeza en los demás? ¿En que soy muy crítico? ¿Poseo discriminación y autocrítica? ¿En qué cometo abusos? ¿Atiendo y cuido mi lado espiritual? ¿Elijo la calidad en mi vida? ¿Disfruto mi trabajo? ¿Aspiro a mejorar mi cotidianidad? ¿Reflexiono sobre mis emociones o hago síntomas físicos? ¿Escucho mis miedos y los atiendo?

Estas podrían ser algunas de las preguntas.

Lo verdaderamente importante es que ante las crisis o los sufrimientos recuerdes que la vida es un constante ciclo de vida-muerte-resurrección y elijas emerger con mayor sabiduría y comprensión espiritual, como Deméter-Perséfone, para que todo florezca nuevamente.

 

Tomado de: Cosmos Interior. Septiembre 5, 2014.