El dolor es personal e intransferible

Un día, la sonrisita, la voz meliflua y toneladas de promesas acarameladas suficientes para endulzar el Mar Egeo. Después, el desaliento, ya no eres el mismo que ellas conocieron, causas horror de unos meses a la fecha, te has vuelto repugnante para sus parámetros

POR José Luis Durán King

Un día, la sonrisita, la voz meliflua y toneladas de promesas acarameladas suficientes para endulzar el Mar Egeo. Después, el desaliento, ya no eres el mismo que ellas conocieron, causas horror de unos meses a la fecha, te has vuelto repugnante para sus parámetros

BarThe Black Bar (www.tumblr.com)

El peso de las palabras de Carlos me aplastaba. Dejé que se solazara con mis derrotas, le iba bien, se notaba entusiasmado. Veía el movimiento de sus labios, los dientes amarillentos se asomaban de repente, pero mis pensamientos estaban en otra parte, desde niño tengo el vicio de escabullirme. Los recuerdos de Liza, de las mujeres de mi vida, me atormentaban. Vuelta a empezar, la función matutina, con su imagen proyectada en algún punto de la cabeza. La matiné diaria con sus estrellas de ocasión. Es infinita. Un día, la sonrisita, la voz meliflua y toneladas de promesas acarameladas suficientes para endulzar el Mar Egeo. Después, el desaliento, ya no eres el mismo que ellas conocieron, causas horror de unos meses a la fecha, te has vuelto repugnante para sus parámetros. Quieren su libertad. Te lo dicen de una forma que te arrepientes de haberlas adorado. Las salidas furtivas en la noche, por días enteros, se vuelven la norma. Al fin han encontrado a alguien que sí las comprende. Tú ya no importas. Tu dolor es tuyo, personal e intransferible. Estás solo como al principio de la historia, pero agónico ante la ausencia. El golpe final viene etiquetado con palabras comprensibles como “Siento mucho que sea yo la que te cause este dolor”. Bonita frase, pero el amor y las expresiones que lo acompañan no sirven más que para limpiarte el culo años después, al enfriarse la historia. Piénsalo bien, es infalible: la sabiduría te alcanza cuando ya no la necesitas.

 

Extracto de: Extraño país de nadie, de José Luis Durán King.