Chilango: ¡arriba las manos!

Hace muchos años lo preguntamos y periódicamente seguimos preguntando: ¿cómo puede defenderse el habitante de la ciudad de México?, ahora simplificada en CDMX porque hasta eso nos están robando

POR Carlos Ferreyra

Hace muchos años lo preguntamos y periódicamente seguimos preguntando: ¿cómo puede defenderse el habitante de la ciudad de México?, ahora simplificada en CDMX porque hasta eso nos están robando

CorredorParque elevado, anfiteatro público y más en el “Corredor Cultural (www.sopitas.com)

Miro las gráficas del nuevo proyecto privatizador del gobierno capitalino: creación de un corredor comercial que irá de la terminal de autobuses y del Metro en Lieja, hasta el Salto del Agua, en el cruce con San Juan de Letrán o Eje Central.

En la primera etapa del proyecto apenas llegará a la glorieta del Metro Insurgentes, sitio que Marcelo Ebrard privatizó en favor de la empresa publicitaria de su hermano, para colocar una estructura luminosa, como en Nueva York, aunque para ser justos, como en Nezayork, cuando mucho.

Al gran plan de los pillos que encabezan el gobierno capitalino, le han colgado el título de Corredor Cultural, tendrá un costo de mil millones de pesos y será estrictamente aportación privada.

Con la calma de aquél que fue violado y no pudo meter ni las manos, nos preguntamos si los inversionistas, piadosos como suelen ser los empresarios mexicanos, solidarios en todo momento, excepto en los necesarios (al estilo banquero: prestas el paraguas, pero lo recoges cuando empieza a llover) van a invertir esa cantidad sólo para impulsar la cultura, las salas de exhibición, exposiciones, música, las librerías y más.

En una segunda parte del plan, con letra chiquita como corresponde a todo abogado transa, se explica que habrá espacios dedicados al comercio. Allí está el fondo de todo: entregarán por 40 años el uso del tal corredor cultural a los financieros, que de inmediato intentarán reponer su inversión.

Hace muchos años lo preguntamos y periódicamente seguimos preguntando: ¿cómo puede defenderse el habitante de la ciudad de México?, ahora simplificada en CDMX porque hasta eso nos están robando.

Queda más que claro que las calles fueron también privatizadas, con el pretexto imbécil de combatir a los franeleros que siguen en su reino sin conmoverse; se subió el precio del Metro para combatir a los vagoneros que cada vez que quieren meterse con ellos los policías tunden a los uniformados a placer; se regalaron los segundos pisos a concesionarios que establecen sus propias cuotas sin intervención de autoridad alguna.

Para los estacionómetros se habilitaron grúas particulares a las que se colocó un uniformado en cada vehículo, mientras otros recorren las calles colocando candados a lo idiota. También negocio a favor de los socios del hermano de Ebrard. Con cargo a nuestros impuestos.

Lo obvio es que Marcelito tapó los caminos para que el aspirante a La Grande en 2018 haga ronchita para su campaña. Y bueno, tampoco es un tullido al que le falte imaginación para jalar dinero.

Además del corredor, retorció el reglamento de tránsito aplicando multas a diestra y siniestra; y para que quede claro de qué se trata, incluyó a los peatones. No habrá dudas, cuando un desaprensivo y pedestre sujeto sea atropellado por un vehículo veremos de quién es la culpa y a ver quién compensa los daños ocasionados al automotor.

Para reforzar la imagen del popularmente llamado Ternurita, el Procurador –un señor igualito al exitoso actor aquel que cantaba a su madre: “Soy muy bello ya lo vez…”— con gesto mayestático anuncia que la delincuencia en la capital descendió hasta que prácticamente ya no existe, y que no hay pandillas narcas en el DF. La DEA, esa inconsecuente agencia policiaca gringa que pulula por todo rincón en el país, de inmediato lo contradice y revela con nombres y apellidos la presencia de seis organizaciones de narcotraficantes. Obvio, los delincuentes no van a perder el mayor mercado del país. Y por tanto el más redituable.

Luego se adelanta al Presidente y se apersona en comedores públicos para anunciar que, aquí y ahora, no existe el hambre. Bueno, es su opinión mientras nos distrae del boom inmobiliario que encabezan sus funcionarios del Instituto de Vivienda.