Crónicas marcianas en el aniversario 60 de Ediciones Minotauro

Bradbury fue un maestro en el arte de usar la ciencia ficción para retratar a los humanos, incluyendo sus sueños, errores y miedos en el retrato. Antes de él, los viajes al espacio eran pura imaginación, un género literario antes y después de Jules Verne, pero algo que cambió radicalmente, primero al hacerse posible y luego al hacerse real

POR Pascual Tamburri Bariain

Bradbury fue un maestro en el arte de usar la ciencia ficción para retratar a los humanos, incluyendo sus sueños, errores y miedos en el retrato. Antes de él, los viajes al espacio eran pura imaginación, un género literario antes y después de Jules Verne, pero algo que cambió radicalmente, primero al hacerse posible y luego al hacerse real

MarcianosOscar Sanmartin. Ylla The Martian Chronicles (www.oscarsanmartin.com)

Podríamos llamarlo un lujo, pero sería demasiado poco si lo leemos con cuidado. Planeta celebra ahora mismo el 60 aniversario de Ediciones Minotauro con una edición especial numerada y limitada de 2 mil 300 ejemplares del libro más famoso de Ray Bradbury, Crónicas marcianas, que fue también el punto de partida de la editorial hace 60 años, en agosto de 1955.

Aunque fuese sólo una excusa para releer Crónicas marcianas estaría muy bien, y es claramente algo más. Es un clásico ameno, que no ha caducado, y que nos plantea de diferentes modos el encuentro entre los humanos y Marte imaginado en el siglo XX. Ray Bradbury juega acertadamente con las formas, y evita un texto monolítico, usando en su crónica de la llegada a Marte la Tierra de su tiempo como punto de partida y diferentes puntos de vista en diferentes capítulos, que son relatos y que son a la vez introducciones a diferentes problemas de una imaginada conquista del espacio.

Lo que llamamos ciencia ficción, que gracias a una tradición secular y en buena parte a Ray Bradbury era “literatura de marcianos”, ha reunido nombres singulares de la literatura de estos dos siglos (anglosajona pero no sólo) y géneros diferentes más que en matices. Así, tenemos juntos a Brian W. Aldiss, a F.L.Wallace, Isaac Asimov, Poul Anderson, Alfred Coppel, Clifford Simak, Mark Clifton o James Blish. Y a la vez tenemos textos de capa y espada, grandes epopeyas y pequeños relatos cómicos, el espacio usado para plantear debates morales y políticos de nuestros días o el espacio convertido en una eterna Edad Media. Amor y gloria, denuncia y poesía, la ciencia ficción ha sido y es una excusa para un cierto reverdecimiento de nuestra literatura contemporánea.

Antes de Bradbury, los viajes al espacio eran pura imaginación, un género literario antes y después de Jules Verne, pero algo que cambió radicalmente, primero al hacerse posible y luego al hacerse real. Los humanos somos realmente singulares, pues mucho antes de salir al espacio ya habíamos imaginado primero los grandes viajes cósmicos, luego los habíamos usado como base de este nuevo género y finalmente habían servido de excusa para tratar muy diferentes cuestiones, problemas y estilos.

En esto, es crucial la ciencia ficción vista por Bradbury, que se coloca al borde de lo real y que se traslada al futuro usando su conocimiento el pasado y nos habla, sin decirlo, de lo que para él era el presente. Tampoco tenemos que pensar que fuese una rareza en nuestra tradición literaria; nuestra épica, desde Homero hasta el poema de Gilgamesh, muy a menudo ha colocado en las estrellas el origen o la meta de todas las cosas, y más que a menudo ha llevado a los cielos los debates, problemas, glorias y miserias de los humanos. Que es lo que se hizo en Crónicas marcianas, en un libro que no ha dejado de ser muy grato de leer… algo que no todos los de su tiempo pueden decir.

 

Tomado de: El Semanal Digital. Agosto 14, 2015.