Los mitos del sexo: ¿cuánto hay de falso en ellos?

POR Héctor G. Barnés

The Sex Myth: the Gap Between our Fantasies and Reality de Rachel Hills, expone la triste realidad del sexo en el siglo XXI: a pesar de que la mayor parte de personas consideran que vivimos en una era de completa libertad sexual, lo cierto es que somos presos de nuevas convenciones sexuales, que dicen que si no somos promiscuos y arriesgados en nuestra vida sexual, somos unos fracasados

Mith_1Sex Myths That Survived High School (www.literallydarling.com)

Hace aproximadamente siete años, la periodista y bloguera Rachel Hills caminaba a su casa de Sidney en compañía de una amiga cuando de repente, esta se sinceró, y le explicó que en un mes se cumplirían dos años de la última vez que había hecho el amor y uno desde que había besado a alguien. Hills, que por aquel entonces contaba con 24 años, se sintió sorprendida y aliviada al mismo tiempo, al comprobar cómo una de las chicas más populares que conocía tenía problemas sexuales parecidos a los que ella misma tenía. A pesar de considerarse una persona abierta, divertida y atractiva, Hills pensaba que era una perdedora sexual.

Durante los siguientes siete años de su vida, Hills investigó sobre sexualidad y realizó más de 2 mil entrevistas, tanto telefónicas como en persona, recorriendo Estados Unidos, el país que la acogió. El resultado es The Sex Myth: the Gap Between our Fantasies and Reality, que acaba de ser publicado en inglés. Un libro que expone la triste realidad del sexo en el siglo XXI: a pesar de que la mayor parte de personas consideran que vivimos en una era de completa libertad sexual, lo cierto es que somos presos de nuevas convenciones sexuales, que dicen que si no somos promiscuos y arriesgados en nuestra vida sexual, somos unos fracasados. El caso es que, como la autora averiguó, los que nos rodean hacen el amor con menos frecuencia de lo que creemos.

 

Sequía sexual

Uno de los puntos de partida de la tesis de Hills es que la percepción que tenemos de las relaciones de los demás está completamente equivocada, lo que causa un efecto pernicioso en nuestra propia consideración del sexo. Como explica en el libro, uno de cada cinco universitarios no se lió con nadie durante su etapa estudiantil, lo que contradice la imagen del campus como ciudad del pecado que la cultura del polvo ha contribuido a crear. De acuerdo con los apocalípticos, los jóvenes tienen cada vez más relaciones casuales exentas de romanticismo. Según Hills, en realidad hacen menos el amor de lo que se piensa, sólo que la promiscuidad se ha convertido en un nuevo imperativo.

Hoy en día parece que todo aquello relacionado con el sexo tiene “gran importancia y un alto significado“

La autora explica cómo en muchas series de televisión el hecho de que una persona haya pasado varios meses sin hacer el amor es inconcebible. Pero la realidad es que, a tenor de lo que vio y escuchó durante su largo proceso de investigación, las sequías sexuales son mucho más frecuentes de lo que pensamos: tarde o temprano le ocurrirá a todo aquel que pasa una temporada soltero. Y no hay que torturarse por ello, explica, sino simplemente entender que es algo habitual y que, por lo general, uno no termina conociendo a un extraño en un bar sino intimando con alguno de los conocidos del entorno más cercano.

Vivimos en un momento peculiar en el que la sociedad se encuentra sometida a dos tensiones: por una parte, como explica en una entrevista publicada en Longreads, pervive la idea que “el sexo es terriblemente peligroso y si la gente no lo hace como debe, ocurrirán cosas terribles en la sociedad”. La representación de esta tendencia serían las revistas para adolescentes, que señalan que el sexo es algo muy importante y que los chicos intentarán hacerlo cuanto antes, por lo que hay que tener cuidado, tal y como explica en una entrevista con The Guardian. Por otro lado, se encuentra el sexo como mercancía, que se añade a nuestra imagen (como nuestra ropa, nuestros coches o nuestro estilo de vida). La representación de ello serían las revistas para mujeres, que promocionan vidas sexuales promiscuas y satisfactorias y animan “a que mejores en la cama para que no te dé vergüenza cuando lo hagas”.

Hills explica que todo aquello relacionado con el sexo “tiene una gran importancia y un alto significado”. El sexo nos permite saber si somos atractivos, el sexo nos permite saber si nuestra relación marcha bien y el placer obtenido del sexo no puede ser superado por nada. No sólo eso, sino que también es una forma de expresión que nos ayuda a definir quiénes somos. Ya no es un mero acto reproductivo o recreativo sino una obligación: “Tienes el trabajo ideal, tienes los zapatos perfectos, tienes el cuerpo correcto, tienes una vida social activa y también debes tener un sexo maravilloso, porque es parte de la idea de lo que significa ser una persona exitosa y molona”. De esa manera, las relaciones sexuales han pasado a ser otra superficial medida de nuestra capacidad como seres humanos.

 

Tanto coges, tanto vales

Mith_2Sex Myths (www.smh.com.au)

Si la promiscuidad se ha convertido, por lo tanto, en una cuestión de estatus, y al mismo tiempo, nuestras vidas sexuales son menos activas de lo que nos gustaría, tenemos un problema. Tanto más cuando, como explica la autora, “nuestro atractivo y simpatía están unidas a nuestra sexualidad”. La preocupación hoy en día, por lo tanto, ya no se encuentra tanto en ser considerados (y consideradas) fáciles o pervertidas por la frecuencia y aperturismo de nuestras relaciones sexuales, sino en “que nuestras vida sexuales no sean lo suficientemente buenas”. Ello implica que no hacer el amor si surge la posibilidad ya no es una opción (¿cómo puede despreciarse algo tan bueno?): “Si no lo haces, es porque algo marcha mal contigo”, es el resumen de dicha lógica mental para Hills.

La idea de que el sexo es lo que de verdad libera, que es lo que tienes que hacer, y si no lo haces, es que estás reprimida, es muy perniciosa

Si estás soltera, debes ser deseable y buscar nuevas experiencias; si tienes pareja, debes buscar constantemente mejorar tus costumbres entre las sábanas. Hay otro matiz falsamente positivo relacionado con el sexo: el del empoderamiento. Después de ser considerado durante décadas como un acto de control en una sociedad patriarcal, las relaciones sexuales han pasado a ser consideradas como el acto definitivo de autoexpresión y liberación: “Creo que no es muy útil la idea de que el sexo es lo que de verdad libera, que es lo que tienes que hacer, y si no lo haces, es que estás reprimida”, señala en Longreads. “La regla clave es que si estás liberada, automáticamente significa que tendrás toneladas de sexo”.

En resumidas cuentas, vivimos en una cultura esquizofrénica, “que alternativamente eleva y demoniza el sexo”. Hills propone otra alternativa ante tal disyuntiva: intentar mantenerse lejos de todos esos mitos, como han hecho muchas de las personas que ha entrevistado para su libro, y que llevan vidas sexuales satisfactorias, no por su promiscuidad o constante búsqueda de nuevos retos, sino por encajar en sus expectativas personales y no en las que impone la sociedad. “Es posible ser una persona liberada y divertida y pasar meses o años sin tener sexo porque no ha surgido la oportunidad”. Sí se puede.

 

Tomado de: El Confidencial. Agosto 15, 2015.