Cenicienta, El Gato con botas, ¿qué hay con los zapatos?

La psiquiatra Valerie Sinason señala que Freud equipara el zapato con la vagina. También explica que son una protección contra la miseria, el terror, el asco, la decadencia y la muerte. Al mismo tiempo simbolizan pérdida, porque un zapato implica que falta su ocupante; sugiere ausencias y fantasmas

POR Nicolette Jones

La psiquiatra Valerie Sinason señala que Freud equipara el zapato con la vagina. También explica que son una protección contra la miseria, el terror, el asco, la decadencia y la muerte. Al mismo tiempo simbolizan pérdida, porque un zapato implica que falta su ocupante; sugiere ausencias y fantasmas

Shoe_1Cinderella by AliaChek (aliachek.deviantart.com)

¿Qué tienen los zapatos que son un motivo recurrente en mitos y cuentos de hadas? “Los cuentos de hadas tienen sus raíces en la realidad social”, explica Philip Pullman, quien ha recontado 50 historias de los cuentos de los Grimm. “En el norte de Europa se necesitaban botas. Es por eso que aparecen más a menudo que, digamos, los sombreros o los guantes”. En los cuentos, los zapatos a menudo se han convertido en objetos mágicos, en libertad y castigo, expresan la pérdida y el estatus, así como en las lecturas psicoanalíticas representan la sexualidad. Sus connotaciones son poderosas, como lo demuestra una nueva antología, In Their Shoes: Fairy Tales and Folktales, que ofrece nueve historias con el calzado como tema, que van desde un mito griego hasta un cuento de hadas francés de los años 60, y que incluye a Perrault, los Grimm, Andersen y Brer Rabbit.

Hace 200 años, cuando los hermanos Grimm colectaron sus cuentos, el trabajo y los viajes de los pobres requerían zapatos adecuados. “Después de la Guerra de los 30 años”, señala Pullman, citando Hansel y Gretel, “la pobreza y el hambre se habían generalizado en Europa. No se podía hacer nada sin zapatos”. Pulgarcito, en la nueva antología, es una versión de la misma historia incrustada en la cruda realidad, en la que los padres son impulsados a sacrificar a sus hijos a causa del hambre.

Pocas personas en realidad andaban descalzas en el siglo XIX, pero los zapatos transitables podían hacer la diferencia. No es de extrañar que fueran utilizados por los narradores para representar el escape, el avance, la libertad y la esperanza. Así, Cenicienta escapa en zapatillas de cristal de su monotonía –posiblemente mal traducido del francés de Charles Perrault, cuyo vair (piel) se convirtió en verre (vidrio). Las botas mágicas de siete leguas ayudan a Pulgarcito (y su variación Jack el matador de gigantes) a vencer al gigante y asegurar las riquezas del ogro.

Los zapatos de los elfos libran al zapatero de la pobreza, y ellos son liberados de la esclavitud de fabricar sus propios zapatos diminutos –algo así como Dobby, el elfo doméstico en Harry Potter, que se libera con un calcetín. Y en la mitología griega, las sandalias aladas prestadas por Hermes permiten a Perseo derrotar a Medusa y rescatar a Andrómeda.

 

Shoe_2Shoe Fetish? Pleasure and Pain of Footwear On Display (www.forbes.com)

La nueva exposición del Victoria and Albert Museum, Shoes: Pleasure and Pain, sugiere que el simbolismo de los zapatos ha cambiado poco en el transcurso de los siglos –por ejemplo, la publicidad contemporánea para entrenadores implica poderes de vuelo y velocidad similar a las sandalias aladas y las botas de siete leguas. Y los zapatos en la literatura infantil moderna también transmiten algunas de esas ideas.

Los libros de Percy Jackson de Rick Riordan, en los que unos jóvenes actuales son hijos de dioses griegos y mortales, muestran a Percy (hijo de Poseidón) luchando contra Luke (hijo de Hermes); Luke lleva botas de beisbol con alas. Zapatos mágicos como medio de escape aparecen en El mago de Oz de L. Frank Baum, en el que las zapatillas de plata de Dorothy son su pasaporte a casa. Las botas de siete leguas son mencionadas por Terry Pratchett, C. S. Lewis y John Masefield. Jonathan Stroud, en su Trilogía de Bartimeo, se las regresa a un gigante, el enorme Verroq, mercenario que viaja aterradoramente rápido; y a Diana, de Moving Castle de Wynne Jones, las botas de siete leguas la guían por cualquier dirección que camina. Y no es tal vez una coincidencia que el primer “traslador” que Harry Potter encuentra (un objeto que te transporta mágicamente a lejanos destinos) sea una bota vieja.

Los zapatos pueden significar libertad, pero en ocasiones representan lo contrario. Los pies descalzos pueden significar inocencia, y los zapatos experiencia. Gerda, en Snow Queen de Hans Christian Andersen, arroja sus zapatos rojos favoritos al río para salvar a Kai.

Tom Sawyer envidia la libertad de Huck Finn al no tener que usar zapatos. La viuda Douglas le regala unos, pero él no puede soportar usarlos todo el tiempo. Los zapatos escolares y los zapatos para dominguear a menudo limitan y simbolizan las reglas que van con ellos. Hay un solo paso para que los zapatos representen el castigo, lo que también es un tema recurrente en los cuentos de hadas. En la versión de Blancanieves de los Grimm, el castigo para la madrastra es usar un par de zapatos de hierro intensamente calientes por lo que baila hasta que cae muerta.

Andersen, con sus punitivas nociones de virtud y resistencia, retomó la idea de los zapatos que obligan a mantenerse en movimiento. En The Red Shoes, Karen es castigada con un baile perpetuo por la vanidad de utilizar zapatos rojos en la iglesia. Al no poder quitarse los zapatos pide que le corten los pies, pero aun así su penitencia está incompleta. La película Powell and Pressburger (1948) hace un uso flexible del cuento de Andersen, en el que la heroína es castigada nuevamente por su presunción, en este caso, mediante las ganas de practicar sus habilidades dancísticas y sus deseos de casarse.

El baile compulsivo resurge en Harry Potter, en la forma del hechizo Tarantallegra, que Draco arroja sobre Harry en el Club de Duelo. Harry Potter también contiene una referencia a un paciente en el Hospital de San Mungo cuyos zapatos le pican los pies. Lo anterior se remonta a los zapatos punitivos –y para las hermanas feas, que cortan los dedos de sus pies con tal de ajustarse la zapatilla y obtener al Príncipe. The Witches de Roald Dahl hacen eco de esto. No tienen dedos, por lo que los esconden sus pies cuadrados en zapatos puntiagudos.

 

Shoe_3Puss in Boots Matte Painting by Nathan Fowkes (nathanfowkesart.deviantart.com)

Pero aún hay más en el simbolismo de estas nociones recurrentes de fuga y castigo. Los cuentos de hadas suelen expresar verdades acerca del crecimiento, incluyendo la transición a la madurez sexual. En las primeras versiones, las visitas de Rapunzel del príncipe se revelan por su embarazo. Algunas variaciones de Bella Durmiente sugieren que su “despertar” no es sólo por un beso. La psiquiatra Valerie Sinason señala que Freud equipara el zapato con la vagina. Esto crea nuevas posibilidades para cuando Cenicienta pierde la zapatilla en el baile, así como para los zapatos gastados que revelan que las Dancing Princesses han estado con sus príncipes. También da otra dimensión a los zapatos rojos o a los zapatos que manchados de sangre –como los zuecos que abrasan los pies de Karen antes de que ella adquiera sus zapatos nuevos. Sinason dice que los zapatos también nos mantienen a salvo de la suciedad. Se trata de una protección contra la miseria, el terror, el asco, la decadencia y la muerte. Al mismo tiempo simbolizan pérdida, porque un zapato implica que falta su ocupante; sugiere ausencias y fantasmas.

 

Zapatos y ausencia

“Nunca conoces a un hombre hasta que lo ves parado en sus zapatos”. Así reza un pasaje de Matar a un ruiseñor de Harper Lee, que es el epígrafe de In Their Shoes. ¿Cuál es la razón del fetichismo por los zapatos, pregunta Sinason, “compensan el terror de que falta algo”. Pippi Longstocking utiliza los zapatos de su padre ausente, que son demasiado grandes, por lo que dan “margen de maniobra” a los dedos de los pies. Su elección del calzado simboliza la necesidad que siente por sus padres. Del mismo modo el príncipe fetichiza el zapato de Cenicienta en su ausencia.

Los zapatos también expresan el estatus, elevándonos con sus plataformas y tacones. Los zapatos de Cenicienta le quedan tan bien que su familia política no la reconoce cuando ella los usa. Un gato en botas superiores puede convencer a todo el mundo de que su amo es el Marqués de Carabás.

Y, por supuesto, el tamaño importa cuando se trata de los zapatos en los cuentos de hadas. “Un pequeño pie es un signo de refinamiento”, señala Pullman. “Es como la sensibilidad de la princesa y el guisante”. Y resuena con la tradición china de vendar los pies, que expresa el estatus pero incapacita a las mujeres para que no puedan pasear. Sorpresa, sorpresa, una de las primeras versiones de Cenicienta viene de la China del siglo XIX.

 

*In Their Shoes: Fairy Tales and Folktales, editado por Lucie Arnoux is publicado por Pushkin Press.

 

Tomado de: The Telegraph. Junio 20, 2015.