Mark Dery: un futuro brillante que debe importar sombras

Las tecnologías totémicas de nuestro momento (el teléfono móvil y el iPod, los objetos fetiches) escenifican el pulcro engaño de poner lo público y lo privado del revés. Monopolizar cada minuto de nuestro tiempo libre invita al público al interior de nuestras cabezas; el móvil permite la privacidad portable

POR Andrés Lomeña Cantos

Las tecnologías totémicas de nuestro momento (el teléfono móvil y el iPod, los objetos fetiches) escenifican el pulcro engaño de poner lo público y lo privado del revés. Monopolizar cada minuto de nuestro tiempo libre invita al público al interior de nuestras cabezas; el móvil permite la privacidad portable

Dery_1American Dread, American Dreams: Mark Dery’s (www.theverge.com)

Mark Dery es un crítico cultural. Un comentarista habitual sobre medios de comunicación y cultura popular. Además de haber escrito el ensayo Velocidad de escape, es editor de una antología sobre cibercultura y enseña crítica de medios y periodismo literario en la Universidad de Nueva York.

La nueva ciudad de Dios es un ensayo que parodia el ciberimperio americano y las utopías religiosas, y está directamente inspirado por su libro Velocidad de escape. Es un pequeño homenaje en el que plantea un nuevo humanismo, aunque personalmente creo que Internet no es un buen lugar para la corriente humanista desde que nos sometemos a herramientas informáticas creadas por empresas monopolísticas. Para mí Internet pervive aún como el modelo del salvaje oeste, donde todo el mundo se lanza a la conquista, compra, venta o creación de algo nuevo. ¿Qué metáfora usaría usted para Internet?

—El historial fósil de las metáforas para la red tiene tantas etiquetas como el Burgess Shale en este momento. En el ahora perdido mundo de los 90, los mitógrafos oficiales, como el editor de la revista Wired Louis Rossetto, el ciberlibertario John Perry Barlow, la celebridad del MIT Nicholas Negroponte y otros profetas proyectaron un futuro tan brillante que hemos tenido que importar sombras. Se vendieron varias visiones de la red: como un reino neoplatónico de pensamiento puro, que Teilhard de Chardin llamó la noosfera; como una multicultural utopía postpolítica en la que dejamos nuestros cuerpos detrás y corremos desnudos a través de las sabanas y los bosques de la mente, lejos de la odiosa carne (Aún hay sombras de San Pablo) y de los problemas intratables del racismo, el sexismo y el nacionalismo que nos asolaron en el mundo exterior.

En suma, Internet se ha visto como una suerte de masa descarnada (La blanca, masculina y libertaria fantasía de la red como una frontera electrónica ingobernable). Esta última metáfora fue especialmente odiosa para cualquier americano con una memoria histórica errónea acerca de lo que fue el salvaje oeste; aquella masacre para los nativos, materia prima para la Revolución industrial y para los saqueadores y un gran lugar para lincharte si eras negro, chino o mexicano. La moraleja de la historia es, por supuesto, que las metáforas salen muy caras. Acércalas a las raíces y verás casi todas esas imágenes emblemáticas: la red como celebración de un reino empíreo de fricciones y libertad; la red como una utopía sin carne donde todo funciona; la red como utopía pirata para individualistas duros… esto viene con costes ocultos en función de las ideologías que arrastran. Perniciosamente, cada mapa exhausto en lo político, ideológico o New Age se vuelca en la topografía líquida de la red. Ellos injertan el viejo mundo en el nuevo, con un efecto negativo.

Mi metáfora preferida es la “abisal”, una noción en la que estoy teorizando (hablo de la capitalización, sigo el concepto de lo sublime de Burke, lo reprimido de Freud, lo abyecto de Kristeva, etcétera). Las profundidades más oscuras del conocimiento, es decir, los contornos del universo cognitivo inexplorado: un lugar donde los monstruos y los misterios aún acechan, no en un sentido tedioso en el que la religión malherida mantiene vivos misterios que no son dados a conocer al hombre. Simplemente las fronteras del conocimiento humano aún no han alcanzado la trinchera de las subculturas en Internet. La arqueología del conocimiento de Internet está todavía en un estado inicial.

Para mí, la imagen es útil: la red/telaraña como un océano profundo incalculable sin ninguna de las iluminaciones freudianas/jungianas, que vienen a ser una especie de memoria intrauterina de nuestra unicidad con el Femenino primordial. El sistema mantiene la cultura de masas cerca de la superficie y cada vez más las subculturas transgresoras se hunden en profundidades sin luz, donde la flora y la fauna exótica florecen cerca de las aberturas de las placas continentales. El hecho de que se recurra a algunas de las primeras cartografías con sus imágenes de Terra incognita en el abismo del universo conocido, una pesadilla de neblinas arremolinándose y monstruos que se retuercen, se me antoja de lo más paradójico. También funciona como un grito de auxilio a la parábola del mapa de Baudrillard en Cultura y simulacro, el Baedeker de la era Matrix.

 

Dery_2Mark Dery (www.youtube.com)

Velocidad de escape cuenta cómo las personas buscan fantasías trascendentalistas en la cibercultura. Los seres humanos quieren escapar de la división mente/cuerpo y de otros dualismos. Ray Kurzweill, por ejemplo, cree firmemente que seremos inmortales pronto (Volcaremos nuestras mentes en soportes informáticos; almas sin cuerpo). ¿Qué le ocurre a nuestra cultura para alcanzar este estado enfermizo y enajenado? Hoy todo es “post”: postmodernismo, el posthumanismo de Fukuyama, etcétera. Lipovetsky yVirilio ya han introducido un nuevo neologismo: el hipermodernismo.

—La idea de deshacerse del peso de la muerte de manera que las mentes supuestamente inmortales puedan flotar libres para expulsarse ellos mismos al Cielo o la Noosfera o Matrix o lo que sea (Como si el yo que dice “Yo” fuera alguien separable de un cuerpo que lo habita) es tan antigua como el viejo desprecio de San Pablo por el sexo, la carne y lo mundano, y tan reciente como las novelas apocalípticas, bestsellers chapuceros cristianofundamentalistas que imaginan el fin del mundo, la segunda llegada de Cristo (La parusía) y el éxtasis, donde los creyentes verdaderos de repente llegan a ser insustanciales, burlándose de las leyes de la gravedad, ascendiendo a los cielos, pues ellos se han encontrado dentro del rebaño de Jesús.

El crecimiento de las tecnologías visuales, desde la fotografía a la televisión pasando por los medios más envolventes como la realidad virtual y la red, han clavado más la ligazón entre la mente y el cuerpo, tan honda que evita dividir las dos partes (Epistemológica y psicológicamente). El cuerpo es un artefacto de la evolución darwiniana mutando a un ritmo tan indescifrablemente lento que casi resulta inimaginable para la comprensión humana. La mente es un producto de la evolución cultural, sutilmente esculpida por las contracorrientes informativas que cada día recibe, en una era de caos y complejidad. Nuestras mentes están olvidando cada vez más que todavía están atadas al cadáver del cuerpo. Ellas sueñan con buscar su propia gravedad, entre la confusión de las imágenes flotantes que crecientemente inundan nuestro mundo.

 

Dery_3King Britt: A Sonic Journey Into AfroFuturism. A few months ago to curate a show on Afrofuturism and its influences… Afrofuturism is a term originated by Mark Dery… (www.okayfuture.com)

—Pierre Lévy ha hecho un esfuerzo didáctico importante con su pensamiento, pero tengo la sensación de que está profundamente equivocado. Él confía ciegamente en la inteligencia colectiva. Aunque está claro que la autoorganización fue uno de los primeros mitos sobre Internet, también es cierto que la colaboración es un nuevo mito (La web 2.0., el software libre, el fenómeno blog, etcétera). Aquí comparto la opinión de Richard Stallman cuando dijo: “El mundo ya ha cambiado. Si este cambio durará, eso no lo sé”. ¿Cuál es su visión sobre esos mitos?

—Pierre Lévy debería ser presentado bajo la teología New Age, desde mi forma de verlo. Él representa la peculiar tensión del misticismo francés que yo encuentro insondable, en el sentido que encuentro insondable la crédula fe europea en la chiflada pseudociencia de la homeopatía. Estas cosas hacen que la frenología parezca una ciencia seria. A menos que yo me esté perdiendo algo, Lévi es Teilhard de Chardin trocado en un Keanu Reeves con impermeable y una microUzi. Es la misma mística yadda-yadda sobre la mente global, seguida de la visión de San Juan con todos los creyentes fusionados en una unión cósmica con el cuerpo de Cristo intergaláctico, y por último casado con las nociones meméticas de la red adquiriendo conciencia. (No preguntes cómo… solamente pasa).

Por supuesto, McLuhan fue el primero en usar ese extraño y serpenteante soliloquio tecnomístico con el que termina su entrevista en Playboy. Esto debió provocar espasmos a Carl Sagan, si alguna vez lo leyó. La fe en la web 2.0. descansa sobre la sabiduría de la muchedumbre. Bien, esto es una tensión históricamente pendular, apartada de la locura de las masas que surgió con sociólogos del siglo XIX como Gustav Le Bon, autor de The Crowd: A Study of the Popular Mind (1895). De nuevo, las corrosiones de la metáfora aguijonean esas ideas, lo cual, por otra parte, es inevitable. Desde que el lenguaje es en sí mismo una vasta metáfora de metáforas, son las herramientas que usamos para hacer intangibles ideas manipulables.

Las ecologías sociales como la Wikipedia y los blogs, ¿son la habilidad de un millón de mentes con aventuras amorosas a distancia, conectadas por la red, para amasar datos y resolver problemas? Absolutamente. Pero antes de que gritemos un Aleluya al conocimiento del vulgo y la multitud inteligente, haríamos bien en reflejar la credulidad y lo caprichoso de los americanos, quienes estaban abrumadoramente a favor de la guerra de Irak (a pesar de que el debate sobre por qué estábamos allí fue irreal), sin saberse qué haríamos el día después de que Bush alcanzara su slogan: “Misión cumplida”.

Sí, la web es la máquina de conexión más grande en la historia del conocimiento humano. Pero el metacerebro global que reúne es únicamente tan bueno como cada pequeña neurona humana implicada. Y los fantasmas de Jonathan Swift, H.L. Mencken y todos los otros cínicos que alguna vez han hecho una incisión con escalpelo a las masas deben estar riéndose enfermos de una idea como la de la cultura del populacho, aquí en la tierra de los Yahoos. De acuerdo, las fantasías individualistas de Ayn Rand no están en boga; han sido reemplazadas por algunas entidades coloniales autoconvocadas que están a un paso de convertirse en ecosistemas sociales en línea. Pero no vamos a adoptar esta fiebre sobre la brillantez de los paletos. No quiero parecer el nieto neoconservador de Ortega y Gasset, pero cualquiera que ha vivido en nuestro pequeño McImperio puede observar que estamos más preocupados por quién gana American Idol que por el triste hecho de que encarcelamos y ejecutamos a más conciudadanos que cualquier otro país del llamado primer mundo. No puedo oír la expresión sabiduría de las masas sin forzar una mueca.

 

Dery_4Mark Dery (markdery.com)

—Casi todo está mediatizado. Yo jugaba a rol cuando era más joven, pero no continué con los juegos de rol en línea o los MUD. Por supuesto, muchos de mi generación entraron en el universo PlayStation y en otros muchos artefactos de nuestra industria cultural. Pero algunos de nosotros encontramos más placer estético en los cómics (Alan Moore, Grant Morrison, etcétera), por ejemplo. Haciendo esto, ¿estamos cayendo una vez más en un dualismo jerárquico (naturaleza/tecnología)? ¿Cómo funcionan estos circuitos y trasvases culturales, que nos trasportan de unas referencias a otras mediante hipertextos?

Suena como si fueras un simple bibliófilo sin reconstruir, bajo una bruñida armadura de cibercool. Pero hablando en serio, antes de que nosotros estuviéramos hiperventilando con la Web 2.0. y los sitios de redes sociales como MySpace, Flickr y programas que afianzan nuestra inteligencia colectiva como Wikipedia, quizás deberíamos dar alguna importancia a los medios impresos. Leer (un acto profundamente solitario y en algunos puntos asocial, cuando no rotundamente antisocial) parece raro en nuestros tiempos de código abierto y peer-to-peer. Lo que es fascinante sobre la dialéctica imprenta versus pantalla es la psicología implicada por cada medio.

En la versión de la historia tecnodeterminista de McLuhan, el yo moderno es impensable sin el libro, ya que los hombres leerían en privado y en aislamiento de los otros. Él sostuvo que leer es el parto de un nuevo culto al individualismo en El medio es el mensaje. Con lo privado el punto de vista fijo llega a ser posible y posibilita el poder de la imparcialidad, la no implicación.

Por el contrario, las tecnologías totémicas de nuestro momento (el teléfono móvil y el iPod, los objetos fetiches) escenifican el pulcro engaño de poner lo público y lo privado del revés. Monopolizar cada minuto de nuestro tiempo libre (tiempo que en las décadas pasadas puede haber sido gastado en la lectura o solamente pensando que las llamadas de los móviles conspiran contra nuestras vidas) invita al público al interior de nuestras cabezas; el móvil permite la privacidad portable, extendiendo nuestro sentido de la intimidad al espacio público. De este modo se dan los demasiado frecuentes fenómenos de desconocidos con auriculares que hablan despreocupadamente sobre sus entrañas, y que te dan un codazo sin percatarse cuando te adelantan en el mostrador del supermercado para comprar carne.

De manera similar, el iPod tiene legiones fervorosas, girando y a veces incluso cantando una canción: la película que solamente ellos pueden oír. El reciente artículo del New Yorker escrito por Emily Nussbaum destacaba que toda una generación invadida por las llamadas de móviles, el encuentro en MySpace y YouTube, han crecido en una feria postmoderna, donde ellos son prisioneros del panóptico y todos están viendo al celador en su torre de control. El Gran Hermano eres tú, vigilando (La cita es de Mark Crispin Miller).

—Por último, la literatura de ciencia ficción se ha desplazado a una ficción especulativa y también al Steampunk. ¿Es una evolución previsible que la cultura ciberpunk parezca en vías de extinción (Por más que Bruce Sterling le concediera una larga vida)?

—No estoy leyendo ciencia ficción últimamente, así que no tengo comentarios al respecto. El Steampunk vino y se fue en los 90, por cierto. Un movimiento muerto.

 

Tomado de: arteuna.com. Mayo 30, 2007.