Primeras damas del crimen británico

Con Jack el Destripador, al menos de forma mediática, se extendió la primera acta de nacimiento del asesino serial de facto, no de concepto. Sólo que antes de él, en la tercera década del siglo XVIII, las mujeres irrumpieron con furia inusitada en la sociedad inglesa, y por supuesto, en los periódicos sensacionalistas de la época

POR José Luis Durán King

Con Jack el Destripador, al menos de forma mediática, se extendió la primera acta de nacimiento del asesino serial de facto, no de concepto. Sólo que antes de él, en la tercera década del siglo XVIII, las mujeres irrumpieron con furia inusitada en la sociedad inglesa, y por supuesto, en los periódicos sensacionalistas de la época

Joanna DennehyJoanna Dennehy: serial killer becomes first woman told by judge (www.theguardian.com)

La fascinación de la sociedad británica por el crimen es una tradición similar al consumo de té por la tarde. Y en la construcción de ese encanto por el asesinato, las mujeres han puesto más que un grano de arena.

Si bien con el elusivo y misterioso Jack el Destripador, al menos de forma mediática, se extiende la primera acta de nacimiento del asesino serial de facto, no de concepto, este viscerófilo actuó amparado por la neblina de las postrimerías del siglo XIX.

Sólo que antes, en la tercera década del siglo XVIII, las mujeres irrumpieron con furia inusitada en la sociedad inglesa, y por supuesto, en los periódicos sensacionalistas de la época.

Muchas amas de casa del siglo XVIII descubrieron que ya no era rentable ser la esposa solícita y domesticada, y que la taza de té con venenos discretos en su dosificación les otorgaba grandes beneficios pecuniarios a través de dotes, propiedades o herencias en efectivo.

Para el siglo XX, la mujer asesina británica dio un paso más e ingresó con méritos propios a la tipología del homicidio serial.

En 2013, cuando el asombro del público del Reino Unido por los hechos delictivos de las mujeres vivía una especie letargo, apareció en los tabloides de ese país la sonriente Joanna Dennehy, quien en una saga relampagueante de diez días –del 19 al 29 de marzo— acabó con la vida de tres hombres, uno de ellos su propio amante.

La taza de té envenenada ahora ya es parte de un periodo romántico en el que pese a todo se respetaban las buenas costumbres. Dennehy es un símbolo del siglo XXI: atrajo a sus presas con mensajes de texto que prometían veladas inolvidables aderezadas con sexo, drogas y alcohol. Las víctimas murieron a puñaladas.

Pese a los años transcurridos, la sociedad británica no olvida los años 60, cuando Ian Brady y su novia Myra Hindley hicieron ver que el sexo, drogas y rock and roll eran pasatiempos de jovencitos imberbes.

La pareja asesinó en medio de orgías sangrientas a cinco menores. Hombres y mujeres por igual sufrieron cruentas violaciones. Algunas de los homicidios quedaron registrados, en gritos de agonía, en una grabadora casera.

Brady aún vive en prisión. Nunca saldrá, es un hecho. Tampoco Hindley vio nuevamente los cambios que registró el urbanismo británico. Murió en prisión en 2002.

En un intento por obtener su libertad, 20 años después de su detención Hindley guió a la policía a los lugares en los que estaban enterrados los cuerpos de Pauline Reade, que al morir tenía 16 años, y de Keith Benneth, de 12.

Era mucho el tiempo el que había transcurrido, por lo que las autoridades sólo lograron rescatar los restos de Pauline. El paradero de Benneth es un misterio que quizá sólo el azar logre descifrar.

Rosemary Letts era una prostituta ocasional cuando conoció a Frederick West, un albañil de Gloucester, Escocia. Su unión como matrimonio catalizó primero la práctica de la magia negra y después el asesinato de 12 menores, entre ellas, la hija del primer matrimonio de Frederick, y una de las hijas de la pareja.

El sexo fue el motor principal de sus crímenes. Rose era bisexual, por lo que participó de manera entusiasta en las orgías protagonizadas por jovencitas que eran secuestradas en la calle.

El matrimonio West fue arrestado y Rosemary recibió una condena de por vida. Para 2019, la mujer podrá solicitar su libertad. En el caso de Frederick West no hubo siquiera tiempo de que lo condenaran. En la transición del 31 de diciembre de 1994 al 1 de enero de 1995 decidió colgarse en su celda.

De acuerdo con los practicantes de la magia negra, si un brujo muere el primer día del año la transmisión del alma a otra persona queda asegurada.