Van Gogh y Munch: cara a cara por primera vez

Vicent Van Gogh y Edvard Munch, para llevar al máximo la expresión de la condición humana, no pintaban lo que veían, sino sus sentimientos acerca de lo que veían: salpicaban de colores el lienzo, buscaban nuevas perspectivas, retorcían y acentuaban formas… en definitiva, rompían toda convención

POR Laura G. Torres

Vicent Van Gogh y Edvard Munch, para llevar al máximo la expresión de la condición humana, no pintaban lo que veían, sino sus sentimientos acerca de lo que veían: salpicaban de colores el lienzo, buscaban nuevas perspectivas, retorcían y acentuaban formas… en definitiva, rompían toda convenciónGogh_1

+Munch – Edvard Munch and Oslo (www.visitoslo.com)

“Vicent Van Gogh y Edvard Munch sólo se llevaban 10 años y, por lo que sabemos, nunca se conocieron, pero hay un montón de similitudes en sus trabajos y en sus vidas: los dos escribieron muchas cartas, tuvieron vidas dramáticas y difíciles relaciones con la familia. En París vivían muy cerca, así que realmente es un milagro que no se conocieran”. Así explica la directora de Comunicación del Museo Van Gogh de Ámsterdam, Milou Halbesma, las vidas paralelas que llevaron los dos genios de la pintura y que, 125 años después, al fin se encuentran en el mismo punto.

La exposición Munch: Van Gogh, que acoge el museo holandés desde el viernes pasado (25 de septiembre) hasta el 17 de enero tras su paso por Oslo, reúne por primera vez a los dos grandes genios del postimpresionismo y expresionismo con motivo del 125 aniversario de la muerte del artista holandés. “Va a ser un taquillazo”, señaló Halbesma hace unos meses al presentar en Madrid estos actos conmemorativos.

Pero el hecho de que Van Gogh (1853-1890) y Munch (1863-1944) no se conocieran personalmente no supuso algún impedimento para que el primero influyera de manera decisiva en el segundo, cuya obra maestra, El grito (1893), es absolutamente deudora de Van Gogh. El artista escandinavo pudo contemplar la obra postimpresionista del primero en París a finales de la década de 1880 y al fin comprendió cómo trasladar al lienzo sus emociones más intensas: en El grito incorporó la forma en que Van Gogh combaba la imagen para transmitir las emociones más hondas; el resultado es “la quintaesencia de la pintura expresionista”, indica el crítico Will Gompertz.

Será la primera vez que el cuadro más famoso de Munch pueda verse en los Países Bajos, aunque sea habitual que los visitantes del museo de la capital holandesa pregunten “¿dónde está colgado El grito?”, confundiendo su autoría. Durante casi cinco meses, El grito al fin colgará en las paredes de Ámsterdam junto a un centenar de obras de arte excepcionales, incluidas La noche estrellada sobre el Ródano de Van Gogh. El objetivo, poner de relieve la afinidad artística entre estas dos almas gemelas tras un intenso trabajo de investigación desarrollado los últimos años entre el Museo Van Gogh de Ámsterdam y el Museo Munch de Oslo.

 

La expresión de la emoción

Gogh_2Obras de Van Gogh en la exposición Munch: Van Gogh (mediacenter.laprensagrafica.com)

La muestra Munch: Van Gogh arranca con las primeras obras de ambos artistas, que, aunque se llevaron diez años, empezaron a pintar prácticamente al mismo tiempo, en 1880. Los comedores de patatas de Van Gogh, y Mañana de Munch, son obras que muestran la particular forma de acercarse a los motivos tradicionales que tuvieron ambos artistas, y que no fueron comprendidas en sus países de origen.

Ambos emigraron a París entre 1885 y 1886, la capital de lo nuevo y lo moderno y el centro de la vanguardia. Allí experimentaron con los nuevos estilos hasta encontrar sus propios caminos y ejecutar obras de arte completamente personales, pero con un fin común: dar respuesta a las preguntas existenciales y plasmar las emociones de la existencia humana: nacimiento, muerte, sufrimiento, miedo, soledad, consuelo, esperanza o amor. Estas emociones pueden verse en obras como La noche estrellada, El grito, El niño enfermo y Madonna de Munch o Augustine Roulin (La mecedora), Paisaje bajo cielo tormentoso y El jardín del asilo de Van Gogh.

Neerlandés y noruego, para llevar al máximo la expresión de la condición humana, no pintaban lo que veían, sino sus sentimientos acerca de lo que veían: salpicaban de colores el lienzo, buscaban nuevas perspectivas, retorcían y acentuaban formas… en definitiva, rompían toda convención. Pero a pesar de esas complicadas técnicas, su resultado parece sencillo y sus obras de arte son muy accesibles, pero a la vez muy complejas y profundas: tocan a la vez la mente y el corazón. En este sentido, la exposición pone cara a cara La casa amarilla de Van Gogh, en la que usó contrastes de color acentuados para reflejar el calor intenso del sur de Francia, y Muerte en la habitación, en el que Munch distorsiona la perspectiva y la sensación de espacio.

La muestra Munch: Van Gogh también permite ver cara a cara las dos noches estrelladas (Noche estrellada y Noche estrellada sobre el Ródano), El grito y El puente de Trinquetaille o Sotobosque y Primavera en el bosque Elm.

La última sala de la exposición está dedicada a una última conexión entre ambos artistas, su deseo de que sus obras se interpretaran y agregaran entre sí en “sinfonías”. Así, pueden contemplarse juntas la serie de cuadros más famosa realizada por Munch, El friso de la vida, con la que ilustró la vida humana desde el nacimiento a la muerte, y la última serie de lienzos que Van Gogh pintó en Arles, que denominó “Decoración” de la casa amarilla, para decorar las habitaciones de su casa antes de la llegada de su amigo Paul Gaugin.

En total, 80 cuadros y 30 obras en papel llegadas de todas las partes del mundo para sumergirnos en el de dos de los genios más grandes de la historia del arte.

 

Tomado de: retve. Septiembre 23, 2015.