La teoría de la relatividad también revolucionó a la literatura mundial

Los trabajos del físico alemán Albert Einstein, considerado “el padre de la bomba atómica”, pese a que el pensador era en realidad un empecinado pacifista, revolucionaron no sólo a las ciencias duras: puede decirse que la literatura del siglo XX y mucha de la que hoy pervive deriva de sus teorías científicas

POR Marcelo Ortale

Los trabajos del físico alemán Albert Einstein, considerado “el padre de la bomba atómica”, pese a que el pensador era en realidad un empecinado pacifista, revolucionaron no sólo a las ciencias duras: puede decirse que la literatura del siglo XX y mucha de la que hoy pervive deriva de sus teorías científicas

Relatividad_1A un siglo de la Teoría de la Relatividad (revolucionobarbarie.wordpress.com)

Hace 100 años un hasta entonces ignoto físico alemán, luego nacionalizado suizo y estadounidense, presentó la llamada Teoría General de la Relatividad, que reformuló enteramente la mecánica de Newton, trastocó el concepto de gravedad, demostró que en el espacio todas las líneas son curvas y que las paralelas, en un inevitable infinito, se tocan. Se trató de Albert Einstein (1879-1955), que sería considerado luego el “padre de la bomba atómica”, pese a que en vida se trató de un empecinado pacifista. Pero sus trabajos no revolucionaron sólo a las ciencias duras: puede decirse que la literatura del siglo XX y mucha de la que hoy pervive derivan de sus teorías científicas.

También para la época en que Einstein presentó sus postulados, la literatura seguía guiada por la influencia “newtoniana” y acaso todavía serena de Marcel Proust, cuya novela En busca del tiempo perdido despedía el clasicismo del siglo XIX.

Fue un escritor irlandés, James Joyce, conocedor de la teoría de la relatividad, el que en 1921 hizo estallar la antigua estética proustiana con una novela absolutamente revolucionaria –Ulises— saturada de lenguajes herméticos y originales, llena de líneas curvas y átomos luminosos. Se sabe que en sus años jóvenes, Joyce y Einstein vivieron en la misma ciudad, Zurich, y compartieron horas en el antiguo café Odeón que hoy sigue funcionando.

A su vez, el escritor irlandés influyó como pocos en la intelectualidad europea. El poeta inglés T.S. Eliot enfiló su “pensamiento creativo” hacia la exploración profunda de su yo, encontró allí su “tiempo” y su “espacio” y fue uno más de lo escritores y artistas que, con la fuerza de una avalancha, sintieron la influencia de Einstein. Allí puede nombrarse, entre otros, a Sigmund Freud, el músico Stravinsky, a Picasso, al propio Charles Chaplin, admiradores todos del ya afamado científico al que en 1921 se le otorgó el Premio Nobel de Física.

El mundo latino no quedó al margen. En su trabajo De Einstein a Gómez de la Serna. La Teoría de la Relatividad y el secreto del arte moderno, la escritora Azucena López Cobo explica que “la visita de Albert Einstein a España a comienzos de 1923 fue un acontecimiento científico, social y mediático. Además de la indudable repercusión que entre los físicos y la ciencia en general tuvieron sus conferencias, la Teoría de la Relatividad también influyó en la expansión que el perspectivismo tuvo en la narrativa española de vanguardia. La relatividad, reinterpretada filosóficamente por Henri Bergson y José Ortega y Gasset, llegó a la prosa a través de Gómez de la Serna y forzó un cambio estético que venía gestándose algunos años atrás”.

 

Relatividad_2_2Noviembre conmemora el centenario de la Teoría General de la Relatividad (investigaliacc.wordpress.com)

Otro español, Miguel García Posada, sostuvo que “pese a su dificultad de comprensión, la teoría de la relatividad logró en España trascender los círculos científicos y filtrarse en la vida literaria. Lo acredita la obra de uno de nuestros mayores escritores, contemporáneos: Federico García Lorca, en la que se hallan ecos muy precisos de la teoría einsteniana. García Lorca debió de conocer personalmente a Albert Einstein durante la visita que el genial científico hizo a la Residencia de Estudiantes en marzo de 1923, lugar y fecha en que el poeta granadino estaba en Madrid, como alumno de la Residencia. En cualquier caso, el poeta español tenía un instinto prodigioso, que lo mismo que lo llevó a intuir el concepto de antimateria y a postular el origen azaroso del universo, lo puso en contacto con la teoría einsteniana. Dos textos importan para lo que decimos. El primero es el poema del ciclo de Suites “La selva de los relojes”, que debe datar del verano del veintiuno (*).

El poema Suites, de García Lorca, dice así: “El Tiempo/tiene color de noche./De una noche quieta./Sobre lunas enormes/ la Eternidad/ está fija en las doce./Y el Tiempo se ha dormido/ para siempre en su torre./Nos engañan/ todos los relojes./El Tiempo tiene ya horizontes”.

Desde luego que la mayor influencia en el campo humanístico se registró sobre la filosofía. En el caso español, un anónimo cronista madrileño reseña que “el filósofo Ortega y Gasset estaba más entusiasmado con la teoría de la relatividad que el propio Einstein”.

En Sudamérica, más precisamente en la Argentina, uno de los primeros escritores que valoró profundamente a Einstein fue Leopoldo Lugones. El escritor y poeta Daniel Freidemberg señala que “Lugones fue un divulgador de las teorías de Albert Einstein, a quien llegó a tratar y que se interesó por su libro El tamaño del espacio”.

 

Borges

Hace ya diez años, durante un encuentro científico que se realizó en el Centro Cultural Borges, el físico platense Héctor Vucetich –licenciado y doctor en física de la Universidad Nacional de La Plata, profesor emérito de la facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP— disertó sobre el tema Einstein y Borges.

Los puntos de coincidencia que advirtió entonces los ratifica al ser entrevistado ahora: “Es notable la influencia indirecta de la obra científica de Einstein sobre la literatura. Y esto puede deberse a que la misma tiene profundas connotaciones filosóficas, como el propio Einstein lo sabía. Escritores como Borges, Priestley, Howard Fast o Italo Calvino encontraron inspiración para su obra en las ideas filosóficas de la Relatividad General”, señala.

“Tomemos, por ejemplo, la forma en que Borges juega con las ideas sobre el espacio: para él, el espacio es un laberinto tal vez disimulado a los ojos comunes pero no a los de un poeta: los dos reyes y los dos laberintos presentan el espacio libre como una barrera infranqueable: El rey de los árabes, habiendo vencido al de Babilonia, lo abandona en el desierto: “¡Oh rey…! en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso.” Tal vez el texto traiga una reminiscencia de las limitaciones impuestas al movimiento en el espacio físico por la existencia de un límite a la velocidad: la velocidad de la luz c. (la letra “c” simboliza la velocidad de la luz)

Vucetich sostiene luego que “más interesante aún es la influencia que puede haber tenido sobre la concepción del tiempo de Borges, tal como está expuesta en su ensayo Nueva refutación del tiempo. La teoría de la Relatividad introduce la noción de tiempo propio: cada planeta, cada persona, cada átomo de nuestros cuerpos tiene su propio tiempo determinado estrictamente por las leyes de la física. Este fenómeno se conoce como “Paradoja de los gemelos” gracias a un ejemplo didáctico introducido por primera vez por Einstein: dos hermanos gemelos tienen distintas vidas: Narciso, el reflexivo, permanece en la Tierra mientras que Goldmundo, el aventurero, viaja por distintos sistemas estelares. Cuando vuelven a encontrarse, después de unos años terrestres, Goldmundo sólo ha envejecido unos meses. En el ensayo mencionado, Borges sugiere que la existencia de tiempos individuales niega la realidad del tiempo: “… niego, en un número elevado de casos, lo contemporáneo… El amante que piensa “Mientras yo estaba tan feliz, pensando en la felicidad de mi amor, ella me engañaba” se engaña: si cada estado que vivimos es absoluto, esa felicidad no fue contemporánea de esa traición; el descubrimiento de esa traición es un estado más, inepto para modificar los “anteriores”, aunque no a su recuerdo.”

Esta negación del tiempo de Borges, la afirmación de que presentes simultáneos representan historias temporales incompatibles, tiene contrapartes en varias de las ramas de la física moderna, a través de la relatividad especial, añade el investigador.

“Las ideas de Einstein se han plasmado también en el escritor “casi argentino” Ítalo Calvino. Su libro Las Cosmicómicas contiene cuentos inspirados en ideas de la física. La forma del espacio se basa sobre la noción de espacio-tiempo curvo, característica de la Relatividad General”.

 

El humor

Relatividad_3Se cumplen 100 años de la Teoría General de la Relatividad (matemolivares.blogia.com)

De acuerdo con Bergson, lo que define al humor es la ruptura de la lógica. Un hombre que tropieza y se cae en la vereda suele causar gracia, porque lo lógico es que camine. Einstein cultivó ese tipo de humor que, en realidad, no dejaba de ser una enseñanza. En una conferencia que Einstein dio en el Colegio de Francia, el escritor francés Paul Valery le preguntó: “Profesor Einstein, cuando tiene una idea original, ¿qué hace? ¿La anota en un cuaderno o en una hoja suelta?” A lo que Einstein respondió: “Cuando tengo una idea original no se me olvida”.

En otra oportunidad, al terminar también una conferencia, le preguntaron por el tema que más le dolía, que era el del creciente armamentismo nuclear y sus posibles efectos si se declaraba una nueva guerra. Einstein contestó: “No sé cómo será la tercera guerra mundial, sólo sé que la cuarta será con piedras y lanzas”.

 

Tomado de: El Día. Diciembre 6, 2015.