La última noche de la música disco

Ajenos a la popularidad de la música disco, muchos se quejaban de la naturaleza mecánica y repetitiva del género y de la cultura superficial que lo acompañaba. Pero debajo de esas quejas había sospechas de que algunas personas no protestaban contra esa expresión artística sino contra todas las formas de música negra y contra la homosexualidad

POR Gregory Mostyn

Ajenos a la popularidad de la música disco, muchos se quejaban de la naturaleza mecánica y repetitiva del género y de la cultura superficial que lo acompañaba. Pero debajo de esas quejas había sospechas de que algunas personas no protestaban contra esa expresión artística sino contra todas las formas de música negra y contra la homosexualidad

Disco_1Burn, Baby, Burn: A Look Back at Disco Demolition Night (www.rebeatmag.com)

Ocurrió el 12 de julio de 1979, entre dos partidos de béisbol, en el estadio Comiskey Park de Chicago: 50 mil personas se congregaron para manifestar su odio a la música disco. El encuentro, llamado Disco Demolition Night, había sido convocado por Steve Dahl, activista contra el género que se había vuelto increíblemente popular en los años 70. El acto terminó con una violencia descontrolada, haciendo estallar por el aire miles de vinilos.

La música disco había surgido de la música afro y latinoamericana, con raíces en la cultura homosexual y tenía un lugar marginal en Nueva York y Chicago, donde sonaba en algunos boliches. Pero a mediados de los 70 se hizo más y más popular y se convirtió en parte de la corriente principal de la cultura estadounidense. Artistas blancos y heterosexuales grabaron sus propias canciones disco. Llegaron al género grupos como los Bee Gees –tres hombres blancos— y artistas como Rod Stewart y Barry Manilow.

Saturday Night Fever, con John Travolta, confirmó que el disco no era solamente dominio de la cultura alternativa. El éxito en los premios Grammy de 1979 completó la transformación del género.

Ajenos al entusiasmo, muchos se quejaban de la naturaleza mecánica y repetitiva del género y de la cultura superficial que lo acompañaba. Pero debajo de esas quejas algunos veían sentimientos racistas y homofóbicos asociados al rechazo a la música disco. Así, se sospechaba que en la “Disco Demolition Night” había más intolerancia a la diversidad que disgusto por la música. Pareció que la multitud no protestaba contra la música disco sino contra todas las formas de música negra y contra la homosexualidad.

Semanas antes de la Disco Demolition Night, los cruzados antidisco –siempre hombres heterosexuales y blancos— organizaron actos de propaganda para demonizar al género. Por ejemplo, Steve Dahl condujo a varios miles de personas en la ocupación de un boliche disco en los suburbios de Chicago. Días después un disc jockey destruyó en el aire una pila de vinilos con una motosierra. Alentados por estas acciones, los detractores a muerte de la música disco llegaron a ser casi tantos como sus fans.

La noche de la demolición, los intolerantes llegaron al estadio para manifestarse contra un género que siempre había buscado una cultura que incluyera a todos. Cada uno había llevado su propio vinilo. Los miles de LP fueron recolectados y puestos en enormes cajas dentro de la cancha. Dahl entró al campo con un megáfono y coreó la consigna con la multitud: Disco Sucks (la música disco apesta). Dio unas vueltas a la cancha en un Jeep y luego hizo estallar las cajas, una a una con explosivos. De repente, la multitud comenzó a invadir la cancha, se calcula que entraron entre 5 mil y 7 mil personas. Fue el caos. Como poseídos, en un ritual violento y tribal, bailaron alrededor de un enorme fogón que habían encendido. Poco después de las nueve, llegó la policía antidisturbios y la multitud se dispersó.

La música disco fue mucho menos popular después de ese 12 de julio. Grupos como Chic, emblemas del género, pasaron al olvido. En los boliches empezó a sonar otra música, rock o pop. En lugar de provocar una reacción contra la violencia, la Disco Demolition Night logró aumentar el desprecio hacia la música disco. Herido de muerte, el género volvió al under. En los boliches de Nueva York y Chicago las bandejas empezaron a girar a una velocidad más alta, para que la gente bailara de otra manera. Desde las cenizas de disco, emergió el House, que dominaría la música electrónica hasta hoy. La música pop de Madonna, Michael Jackson y Prince –con enorme presencia de disco— tuvo éxito no sólo en Estados Unidos, sino también internacionalmente. Dahl y sus seguidores mataron al disco pero ayudaron a crear una nueva forma de expresión de los sectores populares del mundo.

 

Tomado de: “Revista Ñ”. Clarín. Noviembre 26, 2015.