Vuelve el verso oscuro del surrealista André Breton

POR Colpisa

Pleamargen incluye el texto mítico “Arcano 17”, que Breton escribió en 1944 y que recibe su nombre de la carta del tarot que representa la estrella. Que Breton bautizara con este nombre su manuscrito no es nada extraño en un hombre que se interesó por la alquimia, la astrología, la cábala, la numerología y cualquier aspecto relacionado con el ocultismo

Andre_1André Breton: Todo paraíso no está perdido (trianarts.com)

Madrid. La condición de poeta de André Breton ha quedado a menudo eclipsada por su papel de fundador del movimiento surrealista. La publicación de Pleamargen (Galaxia Gutenberg) trata de reparar esta injusticia histórica. El libro, compuesto por los poemas que Breton publicó entre 1940 y 1944, durante su exilio en Nueva York, es todo un “testamento vital y literario” del autor de Nadja. “Pleamargen entraña un cúmulo de mensajes o prácticas sanadoras y revolucionarias y, a mi modo de ver, es muy necesario en este momento de crisis”, explica Xoán Abeleira, que ha traducido esta obra poco conocida.

Para Abeleira, Breton es un poeta incomprendido y frecuentemente malinterpretado. La principal dificultad de su lectura estriba en su “rareza”, una impresión que casi siempre es fruto del escaso esfuerzo que invierten los individuos de las sociedades actuales cuando tienen que acometer una empresa difícil. El poeta y traductor considera que la lírica del padre del surrealismo es “extraña y marginal, inquietante, radical y única”.

Pleamargen incluye el texto mítico “Arcano 17”, de “deslumbrante belleza”, que Breton escribió en 1944 y que recibe su nombre de la carta del tarot que representa la estrella y que fue símbolo de esperanza y resurrección tras la Segunda Guerra Mundial. Que Breton bautizara con este nombre esotérico su manuscrito no es nada extraño en un hombre que se interesó por la alquimia, la astrología, la cábala, la numerología y cualquier aspecto relacionado con el ocultismo.

Tras la Segunda Guerra Mundial y su estancia en América, André Breton renegó del comunismo y abrazó los ideales libertarios. Ante el desastre bélico, no se vio tentado de lanzar un grito desgarrado, sino que, al contrario, buscó la esperanza en una espiritualidad primigenia. Por algo Breton amaba el arte de las culturas primitivas, un rasgo que desvela una cualidad suya: la de apreciar la belleza en manifestaciones y objetos que pasan desapercibidos para muchos.

Si Breton se apartó de la mentalidad lóbrega a la que era tan fácil agarrarse tras la contienda, es fácil comprender por qué se negó a escribir “una sola línea contra el amor”. “Nunca hablaba de sí mismo e intentaba trascenderlo todo, incluso sus desamores”, abunda Abeleira. Pese a la defensa a ultranza que hizo de algunos libertadores del amor como Sade o Fourier, Breton era tan radicalmente contrario a la familia burguesa como al libertinaje y la prostitución. El surrealista arremetió con los “especialistas del placer, los coleccionistas de aventuras, los entusiastas de la voluptuosidad, por mucho que pretendan disfrazar líricamente sus maniáticas aficiones”.

 

Andre_2Kachinas. Collection André Breton on Pinterest (www.pinterest.com)

Los poemas y textos que integran el libro se alumbraron en los años que Breton vagabundeó por el mundo, primero en Martinica, luego en Santo Domingo y finalmente en Nueva York, la época en que el escritor redescubre el amor al quedar prendado de la pianista chilena Elisa Bindhoff. Años en que de su pluma salieron obras como Fata Morgata, Estados generales (1943) y Oda a Charles Fourier (1945).

Para su traductor, muchos de los poemas del poeta francés “deben ser interpretados como un sueño”, nacidos a raíz de la escritura automática y de su viaje al interior de sí mismo. “Breton concebía la poesía como una vía de conocimiento. Con todo, daba más importancia a la vida que a sus poemas”.

El artífice del surrealismo fue un hombre apasionado que apostó siempre por una poesía nueva, hirviente de palabras, que no tuviera que ver con “el mundo literario” sino con la vida misma vivida con verdad y libertad absolutas. Por eso abominaba de los premios, los jurados y las cátedras. Sus intereses estaban muy lejos de la institución literaria.

Para verter a Breton al castellano, su traductor ha tratado de abordarlo en toda su complejidad y encontrar la lógica poética que subyace en todos sus palabras. Porque con demasiada frecuencia se han traducido muchos de sus versos literalmente, aunque no tuvieran sentido. Algo que viene del error persistente de confundir surrealismo y absurdo. “Por desgracia arrastramos muchos tópicos”, explica Xoán Abeleira. “Hay un empecinamiento en negar la influencia del surrealismo en autores como Frida Kahlo o Remedios Varo, no sé por qué. Además, todo el mundo habla de Breton, pero casi nadie se ha leído completamente su obra, que es inmensa. Se pueden contar con los dedos de la mano los que han leído más de Nadja o Amor loco”.

Con el fin de salir airoso del empeño, Abeleira se sumergió “hasta las entrañas” en las obras de Breton, que suman siete tomos. Un voluminoso legado que escapa al lector en español, pues 75 por ciento de sus escritos no han sido traducidos.

 

Enero 16, 2016.