Alcaldadas

En su primera excursión foránea, Blanco se presentó a los entrenamientos con el Club América. Su enorme camioneta Cadillac fue escoltada desde la vecina población que ahora gobierna, por dos vehículos militares cargados de soldados con armas de altísimo calibre –inclúyase una 50 mms— que se estacionaron en los lindes del campamento americanista

POR Carlos Ferreyra Carrasco

En su primera excursión foránea, Blanco se presentó a los entrenamientos con el Club América. Su enorme camioneta Cadillac fue escoltada desde la vecina población que ahora gobierna, por dos vehículos militares cargados de soldados con armas de altísimo calibre –inclúyase una 50 mms— que se estacionaron en los lindes del campamento americanista

Cuauh_2Emotiva despedida de Cuauhtémoc Blanco en el Estadio Azteca (www.jornada.unam.mx)

Sacadota de onda se dieron los infantes de la escuela primaria a la que acudió su flamante, recién estrenado alcalde de Cuernavaca, conocida también como “cuernabaches” o la ciudad de la eterna matadera.

Culto como sin duda lo es, oportuno como rematador en la delantera de su equipo de futbol, Cuauhtémoc Blanco que ni es de Cuernavaca ni siquiera de Morelos ni ha residido allí jamás, decidió agradecer la recepción que le brindaron los alumnos de la escuela Benito Juárez, por lo que se dirigió a tal señor, seguramente gerente, propietario o simple director del plantel, por la calidez mostrada.

Lo mejor del caso, el ahora licenciado (en esta alcaldía todos somos licenciados y todas son señoritas, dice el refrán) Blanco llevó un apuntito que leyó íntegro y del que aseguran los que no pueden ver ni en uniforme nacional al ex jugador de pata bola, se lo escribió su sustituto, el hispano José Manuel Sánz.

Sustituto porque el buen Cuauh modificó estatutos y reglamentos de la alcaldía, para lo que no tiene facultades, pero tiene muchos congojos y a ellos se atiene. Ahora el futbolista puede ausentarse cuantas veces le dé la gana y por los lapsos que le salgan de los mencionados adminículos, para lo que nombró al ibérico Secretario Técnico de la municipalidad, con –increíble— mayores poderes para su manejo administrativo, político y hasta comercial. Un Pancho Franquito en miniatura, pues.

Sánz llegó a México como agente de ventas de un negocio turístico. Por azares del destino, se vio involucrado con el mundo del futbol, donde fue apoderado de Hugo Sánchez en su etapa más productiva en España. De allí se fue agenciando a Rafael Márquez, Luis García, Javier Aguirre y desde luego, Cuauhtémoc Blanco.

Cuando sucesivamente lo fueron planchando, decidió quedarse sólo con Blanco quien, casualmente, no tuvo actuación en ligas europeas como el resto de los mencionados. Pero militó en Estados Unidos y en España por breve tiempo en el Real Valladolid.

En su primera excursión foránea, Blanco se presentó a los entrenamientos con el Club América en la Ciudad de México. Su enorme camioneta Cadillac fue escoltada desde la vecina población que ahora gobierna, por dos vehículos militares cargados de soldados con armas de altísimo calibre –inclúyase una 50 mms—que se estacionaron en los lindes del campamento americanista.

Como es sabido al menos en México, el ahora político a la carrera, será objeto de un homenaje en un partido entre los americanistas y los monarcas, antes calificados como los mariposones del Morelia, capital del estado al que arriba cada año el lepidóptero de tal denominación.

A la ilegal elección del deportista, se suma ahora su decisión de poner en manos de un trasterrado el gobierno local, pero además también por decir lo menos irregular, el uso de las Fuerzas Armadas para su protección particular. Hasta lo que alcanza la memoria, excepto al presidente de la República, por su investidura, es el único que puede tener guaruras de ese nivel. Y eso, únicamente los adscritos al Estado Mayor Presidencial.

Desde luego que Ternurita no puede dejar solo al Cuauh. Nadie la va a ganar la nota, la primera plana o por lo menos un buen espacio en la sección metropolitana de los diarios capitalinos.

En plenas declaratorias de contingencias ambientales que se han extendido por un par de semanas, Miguel Ángel Mancera Espinosa (MAME), anuncia que fue “ganador por una mayoría de votos” (así dijo) para representar a América Latina ante el Comité Directivo del C—40 de Ciudades Líderes del Clima.

Habrá que curiosear un poco para saber qué demonios es C—40 y quiénes son sus miembros. Si hacemos un poco de memoria, recordaremos cuando Marcelo Ebrard fue declarado el alcalde más trinchón del mundo. Nunca se nos dijo cuánto costó el chistesito, pero igual ahora nos ocultarán el precio de tal nombramiento.

Y habrá que reconocer que nuestros gobernantes tienen el don de la inoportunidad. Cuando Marcelo era Juan Camaney, pasábamos por una de las habituales crisis de gobierno capitalino, con el Monumento a la Revolución ocupado, manifestaciones por doquier, asaltos, secuestros dirigidos desde los reclusorios, problemas con el Metro con el apresuramiento para inaugurar con Felipe Calderón la Línea Bicentenario.

Ahora declaran a MAME como el padre de la ecología citadina. En ambos casos lo que ha privado es la intención de ocultar los graves problemas demostrando que si aquí no entendemos a nuestros administradores públicos, en otras partes del mundo son reconocidos ampliamente.

Un día platicaré cómo se consiguen estos premios, reconocimientos y honores. Los vi cuando empleado público, los observé cuando laborante en algún periódico. Y en algunos casos hasta me enteré de su precio.