La guerra perdida

Así ha sido el manejo de la información este sexenio. Peña Nieto ha emprendido una cruzada perdiendo batalla tras batalla, sin percatarse del malestar entre la población. Sus niveles de popularidad aceptables al principio de su gobierno, han decaído y hay quien lo sitúa abajo del 25 por ciento

POR Carlos Ferreyra Carrasco

Así ha sido el manejo de la información este sexenio. Peña Nieto ha emprendido una cruzada perdiendo batalla tras batalla, sin percatarse del malestar entre la población. Sus niveles de popularidad aceptables al principio de su gobierno, han decaído y hay quien lo sitúa abajo del 25 por ciento

Peña_1Llega Enrique Peña Nieto a Nuevo León (elhorizonte.mx)

A poco menos de tres años de terminar la administración de Enrique Peña Nieto, puede afirmarse que perdió todas las batallas que emprendió, si es que emprendió alguna, y que del resultado de su incomunicación con los gobernados será el tamaño del sitial que ocupe en la historia nacional.

Cada mandatario mexicano ha tomado su lugar en la historia reciente de la nación. Para hablar de la época actual citemos a Lázaro Cárdenas, la expropiación petrolera, el ejido y más. Seguido por Manuel Ávila Camacho, quien dio inicio, gracias a su inefable, tortuoso y criminal hermano, a la etapa de orgullos nepóticos y raterías sin fin.

La cesión del poder a Miguel Alemán Valdés, el modernizador del país que fundó la era de los grandes capitales bajo el lema –convertido este sexenio en doctrina— de “haz obra, que algo sobra”. Adolfo Ruiz Cortínez, El Viejo, cincuentón que estabilizó la economía nacional.

Adolfo El Joven, López Mateos, al que todo se le perdonaba porque era agradable, simpático y buen hacedor de frases felices, simples refritos: los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Metió a la cárcel a ferrocarrileros, médicos, líderes campesinos, asesinó a Rubén Jaramillo, con su esposa embarazada y sus nietos.

Los que siguen son tan recientes que no vale la pena mencionarlos, se saben desastres y crímenes de Tlatelolco y el 68, la matanza del Jueves de Corpus.

Una diferencia: contaban con oficinas de Prensa si no eficientes, suficientes para el control de daños que nunca llegaron a los niveles de hoy. Desde sus tiempos de gobernador, Enrique Peña Nieto mostró insuficiencia en su relación con los medios, tratados como era usual: deteniendo los periodicazos con billetazos.

Es historia repetida, los funcionarios de alto nivel piensan que controlan la información mirando al reportero a los ojos y sin titubeos, darle la información que tiene el valor de que la doy yo, y cuando yo lo digo es porque así fue.

Así ha sido el manejo de la información este sexenio. Peña Nieto ha emprendido una cruzada perdiendo batalla tras batalla, sin percatarse del malestar entre la población. Sus niveles de popularidad aceptables al principio de su gobierno, han decaído y hay quien lo sitúa abajo del 25 por ciento.

No es todo: la capacidad de maniobra para aprobación de las reformas propuestas se ha reducido a cero. Los cambios en materia energética, transparencia, anticorrupción, han quedado en agua de borrajas sin que las consideren legisladores y sin que las recuerde el ciudadano común.

La impotencia del área de información es a tal grado que no ha podido convencer a la gente de que el avión que compró Felipe Calderón no es por gestión, deseo o negocio de Peña Nieto, que lo heredó y por las circunstancias del acuerdo para la compra no es posible desbaratar el trato.

 

Peña_2Detalles del nuevo avión de Enrique Peña Nieto (noticias.starmedia.com)

Lo mismo ha sucedido con los asesinados de Ayotzinapa, sin duda consecuencia de maniobras y complicidades de perredistas con la delincuencia organizada, el tráfico de drogas y el comercio de opio con sus patrocinadores ubicados en Chicago, Estados Unidos.

En un afán de limpiarse ¿de qué? todo estaba en manos amarillas, el gobierno federal contrató supuestos especialistas que se han plegado a la corrección política, a la ubre de la vaca presupuestal y chuparse, hasta ahora, tres millones de dólares a cambio de insultar, burlarse y exhibir a Peña Nieto y su gobierno en la Unión Europea, no sólo como un incapaz sino como un corrupto que tolera y estimula el crimen.

Así pueden añadirse las fallas de la comunicación oficial: desacertados anuncios financieros cuando nos está llevando candingas, mientras el secretario de Hacienda festina la toma de decisiones que nos libran de la vorágine económica mundial. El peso se derrumba, pero peor le irá al dólar por comportarse mal, es karma.

Los anuncios sobre la destrucción total de Pemex, se empatan con anuncios del rescate de la paraestatal. Al mismo tiempo descubren uno tras otro trinquete, pero no de cientos de millones sino miles de millones de pesos. A los autores se les castiga gravemente: se van a su casa… pero con las monedas de oro en la cajuela del auto propiedad de la paraestatal.

La ridícula solución a las casas patrocinadas –parece que nunca cobradas— por Higa, la constructora pegada al corazón del Presidente. Las residencias, veremos, serán ocupadas por los ahora dizque cuestionados dueños, mientras la empresa continuará el programa de carreteras.

Y sí, el campo se muere, la industria sujeta a la delincuencia organizada, el comercio no gana para pagar derechos de piso a policías y pillos sin uniforme. Piden al gobierno que si no garantiza protección, no cobre impuesto para protegerse pagando a los delincuentes.

No tranquilidad para los ciudadanos. En el gobierno están felices, reduciendo el presupuesto en salud, educación, seguridad… No hay problema, los servidores públicos mantendrán sus salarios y en casos como los senadores, reducirán 100 pesos su percepción mensual, pero aumentarán en casi cien mil pesos las prestaciones para “servir a los ciudadanos”.

Destaca la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la violencia contra periodistas en México, donde respetando cifras oficiales, mataron “a más de 55 informadores” entre 2010 y 2015. Por extrañas razones la Relatoría Especial no incluye crímenes contra periodistas anteriores a esa fecha, porque si se extienden a 2000 la suma total supera los 300 reporteros masacrados.

Con tal panorama Peña Nieto no puede ocupar algún sitio en el panteón de la historia; será prontamente olvidado. No entiende su obligación de trabajar para el bronce. Y como dicen por ahí, de hecho no entiende que no entiende.