Historias de Ghost Writers

Un Ghost Writer es alguien que escribe un libro que saldrá publicado con el nombre de otra persona. También escribe discursos políticos, tesis universitarias, libros de historia, moda, medicina, gastronomía, jardinería, incluso ficción. Cualquier persona puede publicar: sólo necesita contratar a quien esté dispuesto a hacerlo por él

POR David Voloj

Un Ghost Writer es alguien que escribe un libro que saldrá publicado con el nombre de otra persona. También escribe discursos políticos, tesis universitarias, libros de historia, moda, medicina, gastronomía, jardinería, incluso ficción. Cualquier persona puede publicar: sólo necesita contratar a quien esté dispuesto a hacerlo por él

Do You Need A Ghost-Writer (polkadotimpressions.com)

Desgrabar 40 minutos de entrevista puede unas llevar dos horas, quizás un poco más. Ahora bien, si el entrevistado en cuestión es alguien que no quiere contar demasiados detalles de su trabajo y aclara que la charla debe quedar off the record, la cosa cambia. A lo sumo habrá dos, tres frases en limpio. “Ah, no, no. El título del libro no puede salir publicado”, es una.

No es frecuente que algo así suceda, pero puede pasar. Y si al final de la charla encima hay que pagar la cerveza que acompañó la entrevista, el periodista descubrirá que lo peor del oficio no es desgrabar sino malgastar el tiempo. “Lo único que te puedo decir es que laburé para una editorial grande”, explica.

Aunque los escritores suelen ser personas bastante predispuestas a hablar sobre cualquier materia (y más si se trata de sus propios libros), el caso de los Ghost Writers o escritores fantasmas plantea dificultades. “Y… mejor no pongas mi nombre”, es la tercera frase citable del entrevistado.

Por distintos motivos, muchos se rehúsan a ahondar en el asunto. La excusa es que hay cláusulas en los contratos que lo impiden o que existen acuerdos tácitos para no hablar del tema. Aunque quizás existan otras razones.

 

¿Un trabajo como cualquier otro?

Un Ghost Writer es alguien que escribe un libro que saldrá publicado con el nombre de otra persona. No usa seudónimos, no aparece en el copyright, no firma ejemplares. El género más frecuente en el que se desenvuelven es el autobiográfico, en especial cuando se trata de personas públicas del mundo del deporte, la política, la música, la farándula.

Pero los Ghost Writers también escriben discursos políticos, tesis universitarias, libros de historia, moda, medicina, gastronomía, jardinería, incluso ficción. Aunque carezca del oficio, cualquier persona de cualquier área puede publicar: sólo necesita contar con los recursos materiales como para contratar a quien esté dispuesto a hacerlo por él.

Por suerte, algunos Ghost Writers se prestan al diálogo. Para el periodista y escritor Rogelio Demarchi, por ejemplo, se trata de un trabajo como cualquier otro. “No me pregunto cómo puedo escribir un libro que tendrá otro nombre de autor ni si eso representa una especie de fraude”, señala. “Cuando trabajo con la persona que va a aparecer como autora del libro que voy a escribir, lo que me pregunto es cómo habla y expone, cómo narra, qué es lo que necesita comunicar. Esa me parece una cuestión ética. Claro que el caso de lo literario es más complejo, pero hasta ahora no he escrito la ficción de otro”.

Demarchi cuenta que en la década de 1900 vivía en Buenos Aires y se quedó sin trabajo. Después de sondear distintas alternativas, un editor le propuso escribir sobre temáticas con aceptación en el mercado o “libros con los manuscritos mal escritos que trae alguien y que saldrán firmados por esa persona”. En la mayoría de los casos no usaría su nombre, aunque cobraría una parte por adelantado. Así surgieron libros sobre Flores de Bach, aromaterapia, y colaboraciones concretas para textos que llevaba adelante otra persona.

“Trabajar sobre materiales caóticamente elaborados por otro me dio resultado en Córdoba, años después, cuando escribí libros por encargo sobre diferentes cuestiones”, abunda Demarchi.

 

Antes de ser un autor

Ghost_2Suzanne Sherman Ghostwriter Memoir Nonfiction (suzannesherman.com)

En la misma línea, Claudia Piñeiro recuerda que si bien nunca fue lo que se denomina Ghost Writer, sí escribió libros institucionales, para empresas. Para la autora de La viuda de los jueves, el problema reside en encariñarse con ese trabajo para poder hacerlo bien. “No me gustaría ser Ghost Writter de un político corrupto que pretendiera contar su historia como si fuera un hombre probo. Pero si un asesino quiere escribir su historia y su búsqueda es sincera, no una apología o justificación de por qué mató a quien mató, me parecería un trabajo interesante”, explica la autora.

Otro caso es el de quienes escriben ficción a pedido. El escritor y periodista freelance Cezary Novek plantea: “Si a uno le gusta escribir siempre se las arreglará para pasarla bien, porque al fin y al cabo está haciendo lo que le gusta y encima por dinero”. En su caso en particular se publicó hace poco una novela de ficción, escrita a partir de las ideas generales que le fue comentando quien lo contrató.

Novek duplica la apuesta y considera que el gran problema que atraviesa la profesión es que hay personas dispuestas a hacer el trabajo de escritura sin cobrar. “Nada hay más dañino para nuestra profesión que la gente que trabaja gratis”, indica. “Se desvaloriza nuestra actividad y el cliente se malacostumbra a que todo se haga ‘de onda’. Cobrar por escribir ayuda a profesionalizarse, a mejorar la calidad del trabajo. Uno se despega de esa idea decimonónica y provinciana del escritor etéreo que no se ensucia las manos con dinero”.

 

Escribir como la mona

En 2010, la editorial Raíz de Dos publicó La Mona, la autobiografía del máximo ídolo cuartetero de todos los tiempos que pronto se convirtió en un bestseller. El periodista Jorge Cuadrado estuvo a cargo de entrevistar a Carlitos Jiménez, dar forma al relato y editar el libro.

“Un planteo que me hice para escribir la ‘autobiografía’ de La Mona Jiménez es de índole periodística”, añade Cuadrado. “¿Qué es mejor para el lector, la mirada de Jorge Cuadrado sobre La Mona, la mirada de la propia Mona? Y me respondí que nadie iba a traducir la riqueza y hondura de esa vida mejor que él mismo”.

El trabajo no fue fácil ya que el desafío principal era comprender, en palabras de Cuadrado, “la melodía que ‘silba’ el retratado, meterse en su esencia, escarbar hasta encontrar la víscera que lo aferra a la vida y exponerla como ante un psicoanalista. Desprenderse de los prejuicios, de la mirada personal y mirar con los ojos del protagonista”.

Cuadrado no encuentra dilema alguno en escribir a nombre de otro y sostiene que la cuestión de la firma es pura vanidad. “Un deportista, un cantante, un Juan de la calle que tienen suficiente para decir pero no la habilidad técnica, recurren a quien puede ayudarlos, como alguien que silba una melodía original y no conoce el cifrado musical para volcarla en un pentagrama. Cuando el alma es ajena, difícilmente pueda reclamarla para mí sin sentirme un apropiador”.

 

Ética fantasmal

Ghost_35 Benefits to Hiring a Ghostwriter For Your Online Content (blog.neongoldfish.com)

En sus escritos sobre literatura, Jean Paul Sartre planteaba que el escritor suele disociar la relación que existe entre su obra y la remuneración que recibe. Como le genera cierta incomodidad aceptar que se le paga como a cualquier otro trabajador, suele decirse a sí mismo que le otorgan una pensión o una beca por suspirar, cantar, escribir.

Hoy, la cuestión parece haber cambiado a tal punto que, hasta hace poco, en los suplementos de cultura aparecían avisos clasificados en los que escritores ofrecían sus servicios para escribir un libro. Como si el planteo de la responsabilidad en la escritura que el filósofo francés promovía hace más de 60 años hubiese perimido.

Más allá de las diferentes posturas sobre el tema, los Ghost Writers coinciden en considerar la escritura como un trabajo remunerado. Esto rompe con la idea romántica de una literatura independiente del mercado. Como señala Claudia Piñeiro: “Me parece una labor digna para un escritor que no puede vivir de los ingresos que le da lo que escribe por convicción, que por otra parte es la situación de la mayoría de nosotros. Escribimos literatura, aunque nadie nos pague, aunque no sepamos si algún día será publicado. Pero a fin de mes hay que pagar el alquiler, la luz, y trabajar de escritor fantasma es posible. Tenemos la técnica, sabemos cómo hacerlo”.

 

Escritor de discursos

Ahora bien, en el terreno político, el trabajo del Ghost Writer tiene un impacto directo en la realidad. El escritor Gonzalo Unamuno, integrante del denominado “reviente” de la literatura argentina, ha trabajado en ese ámbito. “Mi experiencia está supeditada a la carencia de talento que tienen los políticos actuales, que a su vez le atribuyen eso a una supuesta falta de tiempo, cosa que a Churchill, Malraux o Kissinger evidentemente no les pasaba”, explica.

Su labor no sólo atañe a la escritura de libros o discursos sino a conferencias, prólogos, contratapas, gacetillas de prensa, proyectos de ley. Ante la pregunta de si esto le genera algún dilema ético, Unamuno es concluyente: “En absoluto. Es prestar un servicio como cualquier otro. Imagino que en el departamento de Barreda se hicieron trabajos de plomería, alguien conectó Wi-Fi, alguien le habrá llevado empanadas”.

Gonzalo Unamuno ha escrito dos libros de poesía, uno de relatos y dos novelas. Junto con Enzo Maqueira mantuvo al aire, entre 2011 y 2014, el programa de radio Guardia con la Joven, en FM La Boca, dedicado a explorar las diversas tendencias de la literatura contemporánea. A su vez, forma parte de ese puñado de escritores jóvenes que, a mediados del año pasado, la crítica denominó “Escritores del reviente”. Su segunda novela, Que todo se detenga, escarba en la vida de un joven kirchnerista que, tras renegar de la militancia, trabaja como periodista freelance. Y cuando no redacta notas de color, textos banales o curiosidades de ocasión para distintos medios gráficos, apela al cinismo y a la cocaína para sobrellevar sus vaivenes ideológicos, su hastío existencial.

Para Unamuno, la escritura es literatura, pero también es un trabajo remunerado. De allí su conocimiento del mundo de los Ghost Writers. “El primer beneficio es que te pagan, cosa que cuando uno firma no sucede o sucede poco”, señala. “Hay otros beneficios, como pueden ser el ejercicio de la escritura, adquirir oficio o incorporar vocabulario que sólo sobrevive en el campo político y que muchas veces los temas son atrapantes. Lo perjudicial viene a ser que casi nunca sucede nada de lo antedicho”, agrega.

Al pensar los límites que se imponen, sostiene: “Ser Ghost Writer es de por sí una restricción acordada, pero dentro de eso puede que existan muchas libertades si el escritor logra ejercer de guía y delimita bien su margen de acción. Lo que quizás coarte esa libertad es que muchas veces tiene que cumplir los anhelos de gente que, equivocada en casi todos los casos, supone que tiene algo interesante para contar. La mayoría de los que contratan a escritores negros suelen personajes públicos, políticos, deportistas, actores, músicos que utilizan datos de su biografía para, en alguna medida, ‘mantenerse’. Claro que existen excepciones: las memorias de Andre Agassi y las de Keith Richards están a la altura de cualquier obra maestra de la literatura contemporánea”.

 

Tomado de: La Voz (Argentina). Julio 17, 2016.