Son cuarentones, no tienen pareja y disfrutan la soltería

Cada vez más personas eligen vivir solas, priorizan su realización profesional y valoran la autonomía y la libertad. De acuerdo con los expertos, los cambios sociales que dejaron sus huellas en el estado civil de las personas son: la adolescencia se prolonga, la mujer salió a trabajar y aumentó la edad promedio de los que se casan o conviven

POR Lucía Lozano

Cada vez más personas eligen vivir solas, priorizan su realización profesional y valoran la autonomía y la libertad. De acuerdo con los expertos, los cambios sociales que dejaron sus huellas en el estado civil de las personas son: la adolescencia se prolonga, la mujer salió a trabajar y aumentó la edad promedio de los que se casan o conviven

Single_1Single men over 40 (hubpages.com)

Que se le escapó el tren. De ninguna manera. ¿Solterón? En absoluto. Nada de connotaciones negativas. Mariano tiene 39 años y se siente “en la flor de la vida”. Admite que estar cercano a las cuatro décadas y encontrarse soltero no es algo que había planeado. Pero no lo lamenta. Al contrario. Disfruta de la libertad que tiene para salir, la autonomía, la posibilidad de viajar y de darse los gustos que quiere.

Es procurador, aunque no ejerce. Tiene su propio negocio de electrónica. Allí trabaja ocho horas por día. Le gusta dormir la siesta, ir al gimnasio y salir de noche, cuatro o cinco veces a la semana. Uno de sus mayores placeres: ver cine y hacer comentarios de películas. Es fanático de las tiendas coleccionistas. Entre sus figuras favoritas están las de Stars Wars y las de Rocky Balboa.

Mariano es un hombre inteligente y exitoso en los negocios. Estuvo en pareja varios años. Y hasta probó la convivencia. Pero no se dio. Ahora le gustaría volver a enamorarse. Aunque no lo ve como algo fundamental para acercarse a la felicidad. “Nunca viví como un problema el hecho de estar solo”, dice el profesional. Además, sostiene que ha cambiado la visión social del soltero. “Ya no te preguntan a cada rato cuándo te casarás. Cambió también esa idea de pensar: ‘Me recibo y me caso’. Hoy creo que primero independizarse, disfrutar algunos años de estar solo y después, si se da, viene la convivencia”, explica.

“Además, ahora cuando sales te encuentras con un montón de gente en tu misma situación, que están solos porque nunca se casaron o porque están separados. No sufres la soledad porque hay mucho para hacer. La vida ya no es de la casa al trabajo y viceversa. Puedes salir todas las noches que, seguro, vas a encontrar diversión”, añade.

Es alto, moreno y ya se le pintan las primeras canas. Vive en un departamento que está pagando cada mes. “Lo que más me cuesta de mi independencia es el tema de la comida. Odio cocinar para mí solo; siempre termino tirando alimentos”, abunda. Le gusta ahorrar. El objetivo: viajar. En los próximos meses se irá a Nueva York y para 2016 tiene el sueño de conocer Europa durante un mes.

“Lo que más me impresiona: cuando veo a mis ex compañeros y me cuentan que tienen hijos de 13 o 14 años. Me pregunto: ¿qué hice todos estos años? Pero después se me pasa porque realmente soy feliz. Por suerte, tengo muchos amigos, y de fierro”, señala. Admite que cuando se está cerca de los 40 años cuesta mucho “engancharse” sentimentalmente. “A esta edad la gente tiene historias dolorosas en su repertorio, se acostumbra a estar sola y no sale a buscar. Más bien se queda con la famosa frase ‘ya va a llegar’”, indica.

La historia de Mariano –parecida a la de muchos adultos jóvenes cercanos a las cuatro décadas— muestra un paradigma de prioridades diferente al establecido hace un tiempo: la realización profesional cobra cada vez más protagonismo frente a la urgencia de formar una familia.

 

Qué cambió

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De acuerdo con los expertos, los cambios sociales que dejaron sus huellas en el estado civil de las personas son: la adolescencia se prolonga, la mujer salió a trabajar y aumentó la edad promedio de los que se casan o conviven.

El último censo nacional ha demostrado que son cada vez más los que eligen no tener una pareja estable. Tanto que Argentina ya tiene más habitantes solteros (15 millones 652 mil 412) que casados (10 millones, 785 mil 133). Nuestra provincia (Tucumán) no se queda afuera de esta realidad. En 10 años aumentó 40 por ciento la cantidad de personas solas. Si tenemos en cuenta a los individuos de más de 14 años, 53 por ciento de los tucumanos se declara soltero (571 mil 633). Además, hay 42 mil 855 divorciados y 60 mil 045 viudos. Algunos viven con sus padres, otros con sus hijos, hermanos o parientes y casi 40 mil no comparten el techo con nadie.

La demanda de hogares unipersonales no para de crecer y eso se nota claramente en el mercado inmobiliario de la ciudad. Sólo dentro de las cuatro avenidas hay 1,365 edificios, más otros 200 nuevos que están en construcción. Y 80 por ciento de los nuevos emprendimientos son monoambientes o departamentos de un dormitorio, explica Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana de la capital.

Nunca antes hubo una demanda tan alta de departamentos de uno o dos ambientes, señala María Luz Robles, agente inmobiliaria. Lo confirma Guillermo Sobrino, que tiene una empresa constructora. El centro, barrio Norte, barrio Sur y la avenida Mate de Luna son los sitios preferidos de los solteros.

Los últimos censos son testigos de estos cambios: en 1991, 9 por ciento de la población vivía sola; en 2001, 11 por ciento; en la actualidad, 17 por ciento. Y es una cifra que aumenta día a día. Hoy las construcciones más elegidas del mercado van desde los 25 y hasta los 45 metros cuadrados. En esos pequeños espacios, cada vez más solteros –y sin apuro— construyen su mundo. Para ellos, lo importante es aclarar que vivir solo tampoco significa estar solo en el mundo.

 

Tomado de: La Gaceta (Argentina). Mayo 2, 2015.