El impostor que se ganó a la crítica literaria

J.T. Leroy casi nunca ofrecía entrevistas y las que concedía eran por teléfono. Tímido y reservado, en sus apariciones públicas aparecía siempre con una peluca y grandes gafas de sol y casi nunca articulaba palabra. Su apariencia andrógina dotaba al personaje de un aura de misterio que alimentaba –aún más— la leyenda de este escritor maldito

The Cult of JT LeRoy (www.artsbham.com)

POR Silvia Laboreo

J.T. Leroy casi nunca ofrecía entrevistas y las que concedía eran por teléfono. Tímido y reservado, en sus apariciones públicas aparecía siempre con una peluca y grandes gafas de sol y casi nunca articulaba palabra. Su apariencia andrógina dotaba al personaje de un aura de misterio que alimentaba –aún más— la leyenda de este escritor maldito

Sus libros destacaban por la cruda representación de un mundo oscuro dominado por la prostitución infantil y las drogas. Su apariencia era la de una especie de Michael Jackson con peluca rubia y grandes gafas de sol que ocultaban casi por completo su rostro. Su nombre era J.T. Leroy y durante muchos años fue uno de los escritores más enigmáticos de Estados Unidos.

Hijo de una trabajadora sexual, Jeremiah Terminator Leroy consiguió escapar de una infancia de prostitución en Virginia Occidental para caer en una adolescencia repleta de drogas dentro del submundo homeless de San Francisco. Fue rescatado por una pareja, Laura Albert y Geoffrey Knoop, y un tratamiento psicológico consiguió transformar su vida de arriba a abajo.

Leroy se convirtió en escritor y publicó tres novelas, Sarah, El final de Harold y El corazón es mentiroso, esta última adaptada al cine por la directora Asia Argento.

Sus novelas pronto se ganaron el favor de la crítica y público y el propio Leroy comenzó a codearse con famosos y escritores notables. Winona Ryder, Courtney Love, Marilyn Manson, David Bowie, Tom Waits o Nancy Sinatra eran algunas de las celebrities que profesaban su admiración por el escritor de vida desdichada. Todos ellos le ofrecieron su apoyo cuando Leroy confesó que era otra víctima más del virus del sida y apoyaron su carrera financieramente.

El escritor casi nunca ofrecía entrevistas y las que concedía eran por teléfono. Tímido y reservado, en sus apariciones públicas aparecía siempre con una peluca y grandes gafas de sol y casi nunca articulaba palabra. Su apariencia andrógina dotaba al personaje de un aura de misterio que alimentaba –aún más— la leyenda de este escritor maldito.

La fama de Leroy no dejaba de crecer. Durante cinco años fue el nuevo chico de moda de las letras estadounidenses. Publicó en revistas literarias como Zoetrope, Memorious y Oxford. También escribió en The London Times, Vogue, colaboró con The New York Times, y fue incluido en antologías como The Best American Nonrequired Readings de 2003.

Una historia de superación increíble del chico que comenzó siendo chapero en la América profunda y acabó siendo uno de los escritores de culto más importantes de principios de los 2000.

Una historia fascinante si no fuera porque todo lo que has leído anteriormente es una farsa. Mentira. Una fabricación. Un completo engaño.

Leroy_1Sundance 2016: Author: The JT Leroy Story’ turns a forgotten (www.latimes.com)

J.T. Leroy es y siempre fue Laura Albert, una imaginativa escritora que decidió un día que “las aventuras de un niño que había sido obligado a prostituirse por su madre siempre serían más interesantes que las vivencias de una mujer común de 30 años”. El tremendo engaño fue destapado en 2006 por The New York Times tras una larga investigación por parte de periodistas del diario estadounidense.

Laura Albert había urdido el plan con su cuñada, Savannah Knopp, la persona que se hacía pasar por J.T. Leroy en las apariciones públicas. Pero fingir una identidad que no te pertenece no es fácil y Savannah cometía fallos y errores imperdonables. Erraba fechas, anécdotas, lugares e historias durante las entrevistas, fallos que luego tenía que subsanar la propia Albert por teléfono. Además, Laura Albert se había presentado como J.T. Leroy en algunos de los hoteles en los que se había hospedado.

El misterioso escritor tampoco tenía pasaporte y el psicólogo que supuestamente recomendó a Leroy escribir sólo había contactado con él por teléfono. Demasiados cabos sueltos. Lagunas en la historia de la vida de J.T. Leroy que acabaron por descubrir el pastel.

Las similitudes de Laura Albert con su alter ego J.T. Leroy eran más que reseñables. La escritora sufrió abusos sexuales desde los tres años y a los 14 fue internada en un psiquiátrico. Cuando salió de allí vivió con punks adictos a la heroína en Nueva York y trabajó como operadora de líneas calientes, de donde sacó muchas de las experiencias que J.T. Leroy plasmó en sus libros.

Los problemas psicológicos de Albert hicieron que comenzara a recurrir a líneas de ayuda psicológica fingiendo ser diferentes personas. Una de ellas, Jeremiah Leroy, un joven con un escabroso pasado que incluía sexo por dinero, sida, heroína y una infancia llena de abusos sexuales. El personaje perfecto con la cantidad de morbo necesaria para convertirse en un éxito literario. La personalidad idónea de la que apropiarse y comenzar una carrera como escritor atormentado.

Cuando se destapó la verdadera historia de J.T. Leroy, la realidad golpeó duramente a todo su entorno y a sus admiradores. Su editor durante 2000 y 2006, Ira Silverberg, explicaba a El País cómo fue el descubrimiento.

“Me reuní con J.T. Leroy, interpretado sin que yo lo supiera por Savannah Knoop, en varias ocasiones. Siempre le acompañaba Laura Albert, pero entonces todos creíamos que era Speedie, la persona que supuestamente le había ayudado a salir de las calles. La mayor parte de la relación fue por teléfono y por e-mail, pero en persona el acento de Knoop también coincidía con el de la voz al otro lado del hilo así que siempre les creí”.

“Muchos de nosotros creímos estar ayudando a un joven del que habían abusado de niño, que se había prostituido, que tenía sida y que estaba superando una experiencia de violencia a través del arte. Hay varios niveles de fraude pero éste es reprensible moralmente. Creo que jugar la carta del sida para llamar la atención es inaceptable. Quizás para los lectores dé igual pero no para la comunidad literaria”, explicó Silverberg.

Leroy_2Motorola Presents an Index Magazine Evening with Jt LeRoy… (www.gettyimages.com.au)

Otros, como el escritor Dennis Cooper, también se mostraron consternados por la noticia. “Los libros de J.T. Leroy son inseparables de su historia. Siempre fueron una suerte de souvenir inspiradores de la horrible vida de ese chico. Eran su final feliz. Lo siento muchísimo sobre todo por los miles de fans de J.T. que vivieron cosas similares, chicos que creyeron en la posibilidad de cambiar sus vidas y superar un pasado doloroso con el arte; es como si hubiéramos despertado para saber que éste no es el lugar donde un chico con esos problemas puede salir adelante; J.T. utilizó el abuso como marketing, y por eso este fraude es tanto más horrible”.

Además, la caída de Leroy se completó con un juicio que provocó que Laura Albert tuviera que pagar 255 mil euros a la productora Antidote International Filme. Antidote había pagado un contrato millonario y tenía los derechos para llevar Sarah al cine. La película, que iba a ser dirigida por Steven Shainberg, nunca se llegó a producir.

Laura Albert no llegó a morir, aunque sí lo hizo su otro yo, J.T. Leroy. El entierro de este personaje se completó con infinidad de libros, artículos y películas que desentrañaban la complejidad de un personaje que nunca existió y las motivaciones de su creadora.

El último en sumarse al homenaje póstumo a J.T. Leroy es el cineasta Jeff Feuerzeig, con el documental The J.T. Leroy Story, que revela el making off de la construcción del mito.

J.T. Leroy no logró convertirse en el mejor escritor de culto de Estados Unidos. Murió prematuramente habiendo conseguido algo mucho más valioso: pasar a la historia como el mayor fraude literario de siglo pasado.

Tomado de: Play Ground Noticias. Agosto 22, 2016.