Homicidio serial e industria del sexo online

De acuerdo con el sargento Darrell Price, jefe de policía en Charlotte, Carolina del Norte, el aumento los crímenes sexuales está relacionado con el comercio sexual online. “En el pasado”, dice, “los violadores tenían que cazar y acechar. Ahora lo que tiene que hacer un criminal es entrar a Internet, y ella lo estará esperando en una habitación de hotel”

POR José Luis Durán King

FOTO: Online Worst Books to Reference While Having Online Sex (commonsecurityclub.org)

De acuerdo con el sargento Darrell Price, jefe de policía en Charlotte, Carolina del Norte, el aumento los crímenes sexuales está relacionado con el comercio sexual online. “En el pasado”, dice, “los violadores tenían que cazar y acechar. Ahora lo que tiene que hacer un criminal es entrar a Internet, y ella lo estará esperando en una habitación de hotel”

En una entrega pasada (“Nueva York, otra vez bajo el terror”. Marzo 23, 2011) señalé que desde diciembre de 2010 la policía había recuperado ocho cuerpos de mujeres en playas de Long Island. Hasta el momento, ya son 11 los cadáveres, cinco de ellos de prostitutas. El asesino está libre, y pese a que la policía ha aplicado su manual de estilo, los resultados no han llegado.

En diciembre de 2012, las autoridades detuvieron a Lucius Crawford, de 60 años, cuyo denso historial delictivo lo convirtió, a los ojos de los uniformados, en sospechoso de los asesinatos. Pero, más que el profuso currículum criminal de Lucius, lo que despertó las expectativas de los investigadores fue el hecho de que, cuando la policía irrumpió en la casa del individuo, encontró, recostado en una cama, el cadáver de una mujer, a quien Lucius apuñaló en 14 ocasiones.

En el desarrollo del interrogatorio, el afroamericano señaló que en total había asesinado a tres mujeres. Lucius estaba en la lista de sospechosos de la policía en relación con el caso de las diez mujeres asesinadas en Long Island. Sólo que es muy diferente el modo de operar del detenido con el homicida suelto. El primero prefería matar a puñaladas, mientras que el segundo eligió la asfixia como recurso absoluto.

Asimismo, después de las pruebas de ADN resultó que Luicius es ajeno a los 10 homicidios de mujeres en Long Island. Por lo que el caso cada vez se complica más, ante la ausencia de evidencias sólidas que conduzcan a la detención del habilidoso asesino serial, quien, de acuerdo con los investigadores, conoce los métodos policiacos y sabe cómo evadirlos. Por ejemplo, las llamadas que hizo desde un celular, propiedad de Shannan Gilbert, cuyo paradero se desconoce, no rebasaron los tres minutos, evadiendo cualquier rastreo. Pero, como bien apuntó un especialista, la táctica de hacer llamadas que no rebasen los tres minutos se aprende en las películas y en los programas de televisión.

En Estados Unidos es común el maridaje entre el fenómeno criminal y la industria del espectáculo. Por eso no es de extrañar que a principios de 2012 se estrenara en televisión el documental True Stories: America’s Serial Killer, que, con base en los asesinatos de mujeres en Long Island, alerta sobre los peligros de la industria del sexo en línea. Algunas de las mujeres que fueron asesinadas en Long Island se alquilaban como scorts (compañía) en páginas de multianuncios, las famosas craiglists.

De hecho, la Craiglist de Nueva York clausuró su sección de servicios a adultos después de que Philip Markoff, un estudiante de medicina de la Universidad de Boston, contactó a través de ese medio a varias mujeres, de las cuales una fue asesinada y otras dos violadas y robadas en sus domicilios de la ciudad de los rascacielos.

De acuerdo con el artículo de Emma Slater, “America’s Serial Killer and the rise of online prostitution”, publicado el 14 de febrero de 2012 en The Bureau of Investigative Journalism, en Detriot tres de cuatro mujeres asesinadas en diciembre de 2011 estaban vinculadas a los servicios online de scorting.

Para el sargento Darrell Price, jefe de policía en Charlotte, Carolina del Norte, el aumento en los casos de violaciones y demás crímenes sexuales están relacionados con el incremento del comercio sexual en línea.

Y Price hace una observación pertinente al respecto: “En el pasado”, dice, “los violadores tenían que cazar y acechar. Ahora todo lo que tiene que hacer un criminal es entrar a Internet, y ella lo estará esperando en una habitación de hotel”.