Los ángeles asexuados del COI

Radio y televisión que no tenga derechos comerciales adquiridos sólo podrán usar seis minutos de material olímpico por día. No puede aparecer en más de tres emisiones de noticias por día, no pueden usarse más de dos minutos de material en un mismo programa y cada emisión debe estar separada por más de tres horas. En los 100 metros planos los no contratantes sólo podrán mostrar tres segundos. La carrera dura diez

Alfredo Castillo, de “paseo romántico” en Río (www.record.com.mx)

POR Carlos Ferreyra Carrasco

Radio y televisión que no tenga derechos comerciales adquiridos sólo podrán usar seis minutos de material olímpico por día. No puede aparecer en más de tres emisiones de noticias por día, no pueden usarse más de dos minutos de material en un mismo programa y cada emisión debe estar separada por más de tres horas. En los 100 metros planos los no contratantes sólo podrán mostrar tres segundos. La carrera dura diez

Podría uno remontarse al origen de las llamadas Olimpiadas modernas, pero creo que a nadie le agradará. Las normas actuales fueron impuestas por Adolf Hitler quien al lograr la adjudicación del festejo deportivo universal, tras una aparente oposición del gringo Avery Brundage, lo llevó a niveles insospechados, con instalaciones que ya revelaban la concepción de grandeza de la nación aria.

Lo veremos más adelante, el camino de la organización internacional olímpica ha sido sinuoso, tramposo y lleno de gestos de marginación, o de plano discriminación contra las naciones débiles, y siempre atenida a los criterios que desde al imperio del norte le dictan.

México 68. Asistimos a la conferencia de prensa del mandamás olímpico en el desaparecido hotel de la familia Alemán. Preguntas amables, a modo, y todo girando sobre la alegría, la fiesta de juventud, la promoción turística y todo maravilloso. Todo, sin que alguno de los periodistas presentes tocara el tema de la reciente matazón de Tlatelolco, hecho que hubiese bastado para que se aplicaran los criterios éticos, morales o como quieran llamarles de la Carta Olímpica. Avery Brundage, por cierto, enfrentó el asesinato de 11 atletas israelíes en Alemania, pero se negó a cancelar. Dijo: los Juegos deben continuar… algo así como en la farándula.

Durante la conferencia y con disgusto creciente por la suavidad con que se trataba al entrevistado, Sergio Pineda, corresponsal en México de Prensa Latina que por obvias razones no podía abordar el tema del movimiento estudiantil, decidió arremeter contra la vida ideal, inútil y sin chipotes de los veteranos dirigentes del deporte universal.

Con gesto amable, casi cordial, les preguntó a los tres carcamanes que presidían la reunión por qué ellos representaban, organizaban y de hecho se habían convertido en propietarios de lo que ellos mismo calificaban “la fiesta universal de la juventud”.

Lo dijo con tono sarcástico provocando la respuesta que quería: Sergio, a usted lo conocemos hace mucho tiempo y nunca ha (estado) sido conforme con la dirigencia olímpica. Pero permítame –dijo Avery— le aclaro que los dirigentes olímpicos somos hombres que hemos superado las pasiones humanas, somos personas que tenemos económicamente resuelto nuestro futuro…

Y por allí se soltó elogiando la pureza de intenciones y la indeclinable vocación de servicio de los funcionarios. Pineda, periodista chileno, le enrostró desde su obsecuencia ante Hitler al que denostaba pero para lograr su apoyo a la Presidencia del COI, apoyó incluso con la descalificación absurda, arbitraria y discriminatoria de Jesse Owen, el más grande atleta, indígena, al que arrebataron todos sus triunfos.

Y era comprensible, demostró que la superioridad aria era un mito, ganó cuatro medallas de oro y provocó que el estadio entero de pie, hiciera el saludo nazi, el brazo extendido la palma de las manos hacia abajo y vociferaran: ¡Heil Hitler! El susodicho, gesto de furia… y debía entregar la medalla al atleta.

Olimpiada_2Jesse Owens, a Film Hero Once Again (www.nytimes.com)

Cuando Brundage terminó su larga y autoelogiosa parrafada, el periodista le pidió una aclaración más: ¿debemos entender, señor presidente del COI, que estamos frente a una representación de ángeles adinerados, asexuados, sin pasiones y que por eso representan a los jóvenes deportistas del mundo?

Como si lo hubieran practicado muchas veces, los tres ancianos se levantaron y salieron apresuradamente del salón.

Como es de sobra sabido, los Juegos Olímpicos son, fundamentalmente, un negocio del que se apropió una camarilla que salta de una posición a otra, pero siempre acaparan utilidades de destino ignoto. En esta ocasión y ante el triunfo de Carlos Slim al apropiarse de los derechos en México y dejar fuera a las dos televisoras hasta ahora dueñas exclusivas del festejo, se impusieron normas y reglas de las que el columnista Sergio Sarmiento declara no haber entendido cabalmente. Y tiene razón porque lo primero que viene a la mente es si una empresa como la multimencionada, puede imponer reglas, condiciones y atropellar derechos legales de un país determinado.

Menciona Sergio “un intimidante catálogo de restricciones”… Las empresas titulares de los derechos no tienen límite en la difusión de información, imágenes o sonidos de los Juegos, pero las que no lo son tendrán enormes restricciones, aun cuando solamente busquen dar a conocer lo que ocurre.

Radio y televisión que no tenga derechos comerciales adquiridos, sólo podrán usar seis minutos de material olímpico por día. No puede aparecer en más de tres emisiones de noticias por día, no pueden usarse más de dos minutos de material en un mismo programa y cada emisión debe estar separada por más de tres horas. Para entenderlo mejor, explica el periodista, en los 100 metros planos, los no contratantes sólo podrán mostrar tres segundos. La carrera dura diez.

Y bien, me ocupé por ratos de mirar la inauguración. Tercermundista, mala, desorganizada, pachangosa como ensayo de carnavales, con ridículas personas uniformadas con los mismos colores pastel que asignó Concepción Carpinteyro a los carteros mexicanos, las delegaciones precedidas por un triciclo y atrás de cada delegación, tamborileros y algunos otros instrumentos tradicionales de las escolas de samba.

Y para demostrar que en todos lados se cuecen habas, abanderados de la tercera edad, y un chorratal de ancianos y barrigones en la delegación mexicana. A viajar a costa de los impuestos de los mexicanos y ¡que viva la fiesta! De las medallas, ya se las llevó, todas de oro, el ex virrey moreliano, Alfredo Castillo…