Sirenas de tierra

POR Nicolás Bartolomé Pérez

FOTO: Syrens Otros seres de la Tierra (www.diosuniversal.com)

Las sirenas de la mitología clásica griega diferían mucho de la imagen actual de estos seres, pues eran representados como entes con cuerpo de ave y rostro femenino; en la Edad Media la visión de ese mito fue modificándose hasta quedar conformado como un ser con cuerpo de mujer, pero con una escamosa cola de pez en vez de extremidades inferiores

En el canto XII de Odisea, Homero describe que Ulises pidió ser amarrado al mástil de su barco mientras la tripulación se taponaba los oídos con cera para evitar la fatal atracción del canto de las magas sirenas, Escila y Caribdis, cuya fascinación era irresistible para los marinos que las escuchaban, hasta el punto de que quien oía su dulce voz se lanzaba irremediablemente al agua para escucharlas mejor, pereciendo ahogados en medio del embeleso. Ulises, a pesar de sus súplicas para que lo desataran, pudo escuchar su seductora voz sin morir gracias a esa astucia.

Las sirenas de la mitología clásica griega diferían mucho de la imagen actual de estos seres, pues eran representados como entes con cuerpo de ave y rostro femenino; aunque en la Edad Media la visión de ese mito fue modificándose hasta quedar conformado como un ser con cuerpo de mujer, pero con una escamosa cola de pez en vez de extremidades inferiores. Esta sirena pisciforme de gran belleza, con hermosa melena suelta y pechos al descubierto, se convirtió para la Iglesia católica en tiempos medievales en el símbolo por excelencia de la seducción pecaminosa, con multitud de representaciones en el románico europeo.

En los imaginarios populares de las regiones costeras del norte de España las leyendas sobre sirenas siguen vivas, y así aparecen en las mitologías vasca (laminak marinas), cántabra (sirenucas), asturiana (serenes) y gallega (sereas), aunque resulta difícil precisar si su presencia en las tradiciones orales norteñas se debe a un influjo culto, o son producto de la evolución de antiguos mitos locales.

A pesar de que el mito de las sirenas parece ser propio de las zonas marítimas, lo cierto es que tierra adentro también tuvo arraigo. En León, Matías Díez Alonso recoge en su obra Mitos y leyendas de la tierra leonesa un relato relacionado con las cuatro sirenas pétreas decorativas que se encuentran en el alero y lienzo de la torre del templo de San Martín de Valdetuéjar. De acuerdo con Díez Alonso, los monjes del antiguo monasterio del lugar mantuvieron relaciones con unas peregrinas, castigando el abad a las mujeres convirtiéndolas en sirenas que salen a cantar en la noche de San Martín (o en la de San Juan, según otras versiones de la narración). Los monjes, sin embargo, fueron simplemente sancionados a la penitencia de labrar en piedra las imágenes de las sirenas que todavía pueden contemplarse en el exterior de la iglesia. Esta leyenda no parece en absoluto de factura popular, su tono moralizante y misógino, muy distinto del estilo de los relatos populares leoneses, delatan su origen erudito y relativamente reciente.

En las jambas de las arcadas de la iglesia Ambasaguas de Curueño, de época barroca, también encontramos dos sirenas con larga melena caída hacía un lado enmarcadas en sendas hornacinas que posiblemente pertenecían al primitivo templo románico del pueblo.

La iconografía de las sirenas en el románico rural leonés tiene notables similitudes con la forma en que se imaginan a otros seres legendarios de clara raigambre tradicional en nuestra tierra y en toda Europa, las mouras o moras y mujeres-serpiente. En las leyendas leonesas las características de estas mujeres recuerdan poderosamente a las sirenas: son muy bellas y en ocasiones seducen a mozos, aunque siempre son inaprensibles; se muestran con hermosas cabelleras que a veces peinan sentadas en una roca; su relación con el elemento acuático es clara en bastantes narraciones, pues viven en pozos o cerca de ríos o fuentes, además, su forma es la de una quimera escamosa con forma de culebra, pero con una voz maravillosa y que hay que desencantar con un beso para que recupere un aspecto femenino.

Estas semejanzas permiten sugerir que en la fijación de la imagen medieval de la sirena con cola de pez difundida por la arquitectura románica, quizá pudo influir la creencia autóctona europea relativa a otras mujeres fantásticas de gran belleza y evocadora capacidad de seducción.

Tomado de: Diario de León (España). Julio 31, /2016.