Una mexicana que helados vendía

Entre 2008 y 2010, la mexicana Goidsargi Estibaliz Carranza Zabala asesinó a sus maridos. Después de enterrar a su segundo consorte en el piso de una heladería, la mujer hizo una cita con la manicurista para que le arreglara las uñas estropeadas por las labores de albañilería. Fue enviada a una prisión para criminales con desequilibrios mentales

Guilty verdict for Austrian Ice Killer (www.theaustralian.com.au)

POR José Luis Durán King

Entre 2008 y 2010, la mexicana Goidsargi Estibaliz Carranza Zabala asesinó a sus maridos. Después de enterrar a su segundo consorte en el piso de una heladería, la mujer hizo una cita con la manicurista para que le arreglara las uñas estropeadas por las labores de albañilería. Fue enviada a una prisión para criminales con desequilibrios mentales

Fría como los helados que vendía… Así es como la prensa de Austria se referido a la mexicana-española Goidsargi Estibaliz Carranza Zabala, de 32 o 34 años, quien puso fin a sus disputas sentimentales asesinando a dos de sus consortes entre 2008 y 2010.

Carranza Zabala conoció a Holger Holz cuando ella estaba como au pair en Alemania (El au pair es un acuerdo que establece una persona para vivir por un tiempo determinado como miembro de una familia en el extranjero, lapso en que el huésped ayuda en las labores domésticas por un número fijo de horas).

Una vez casados, Carranza Zabala y Holz se mudaron a Austria, donde ella abrió una heladería llamada Schleckeria. Tiempo después la pareja se divorció, pero Holz se negó a dejar el apartamento que habían compartido como matrimonio. Además, de acuerdo con declaraciones de la mujer, su ex esposo se había vuelto “violento y flojo”. El 27 de abril de 2008, después de una de tantas discusiones, Carranza Zabala fue por una pistola. Holz hacía algunas cosas en la computadora. No tuvo tiempo siquiera para voltear: recibió tres disparos en la cabeza provenientes de una Beretta .22.

Con relación a este homicidio, Carranza Zabala señaló: “”No faltaban armas, él estaba loco por ellas… Nunca pensé que sería capaz de ir por ella [la Beretta]. Eran las 3 de la tarde. Había niños afuera, hacía un buen clima, alguien pudo haber escuchado”.

Nadie escuchó, sólo sonó el timbre del celular de la mujer. Era una llamada de la heladería, donde solicitaban su presencia. En los días siguientes, Carranza Zabala ideó cómo deshacerse del cadáver, incluso pensó en quemarlo. Hasta que se le ocurrió desmembrarlo con una sierra de gasolina. Plan que puso en marcha.

Tras reducir a pedazos a su ex cónyuge, condujo los restos en paquetes a la heladería, donde los escondió por varios días en el refrigerador comercial, hasta que decidió enterrarlos en el piso del patio. Después dedicó varios días a limpiar la sangre del apartamento y la sierra que había utilizado.

En 2010, Carranza Zabala tenía un nuevo amante, un hombre 20 años mayor que ella Manfred Hinterberger, el vendedor de helados que había aportado el capital para que la mujer abriera su propio negocio. El 27 de noviembre de ese año, después de una discusión al calor de las copas, la pareja se fue a dormir. Manfred se volteó hacia la pared, concilió el sueño de inmediato y comenzó a roncar. Esa actitud despreocupada enojó a la joven, quien metió la mano debajo de la almohada, sacó su Beretta, la fue a cargar y disparó a la cabeza del hombre.

Carranza Zabala aplicó en Manfred el método que había utilizado para deshacerse del cuerpo de su marido, sólo que en esta ocasión la homicida ya tenía experiencia. Protegió paredes y piso del apartamento con plástico, mutiló el cuerpo con la sierra de motor, envolvió los trozos en plástico y arena para gatos (para la absorción de fluidos) y enterró el cuerpo al lado del cadáver de su esposo. La mujer había tomado un curso de albañilería antes de matar a Manfred, lo que parece indicar que planeaba asesinar, desde hacía meses, a su nueva pareja.

En lo que es un dato que describe la sangre fría de la heladera, después de enterrar los restos de Manfred hizo una cita con la manicurista para que le arreglara las uñas estropeadas por las labores de albañilería.

Goidsargi Estibaliz Carranza Zabala, quien tuvo un hijo ya en prisión de un hombre “diferente” a los otros, “gentil, todo lo opuesto a un macho”, fue condenada a cadena perpetua, pena que purgará en una prisión para criminales con desequilibrios mentales.