De lo mortal a lo divino: las diosas transgénero de la India

Durante el festival hindú Mayana Kollai, que dura 10 días, los problemas de las mujeres transgénero se tornan lejanos mientras se transforman en las deidades que los aldeanos veneran y adoran. Al final del festival, cuando se acaba su momento, los khotis regresan a la vida cotidiana

Mogana, a la izquierda, ayuda a Navali a ponerse un sostén, mientras se preparan para presentarse (Candace Feit)

POR Ellen Barry

Durante el festival hindú Mayana Kollai, que dura 10 días, los problemas de las mujeres transgénero se tornan lejanos mientras se transforman en las deidades que los aldeanos veneran y adoran. Al final del festival, cuando se acaba su momento, los khotis regresan a la vida cotidiana

Devanampattinam, India. La transformación de las mujeres transgénero en diosas para un festival anual hindú tiene lugar en una atmósfera de concentración sombría y reverente. Las líneas de la risa se desvanecen y en su lugar se encuentra una máscara imperturbable. La piel se vuelve piedra.

Conforme se preparaban para presentarse en el festival Mayana Kollai en una aldea de pescadores al sur del estado indio de Tamil Nadu, algunos de los bailarines se adentraron en trances tan profundos que en apariencia se podrían haber desmayado. Las fotografías, que se tomaron a lo largo de los tres años recientes, son de Candace Feit.

Los indios que deciden vivir como kothis –también conocidos como hijras, kinnars o aravani, dependiendo de la región— nacen como hombres y, generalmente, tienen amantes hombres.

A diferencia de las personas transgénero en Occidente, se alejan de la cultura dominante y conservadora para llegar a una subcultura igual de conservadora. Algunos viven en comunas con una estricta red de reglas bajo la autoridad de líderes a quienes se refieren como “madres” o “abuelas”.

Otros viven con sus padres o llevan vidas heterosexuales. Muchos revelan sus identidades cuando son adolescentes y reciben años de burlas, golpizas y sexo forzado.

Sin embargo, durante el festival, que tiene lugar en febrero o marzo cada año, estos problemas quedan lejos. Cualquier rastro de expresión humana se elimina y los kothis comienzan a parecerse a las deidades que veneran. Lo ordinario se une a lo divino.

Los khotis que se presentarían estuvieron muy solemnes conforme se acercaba el festival. Habían acordado no beber alcohol ni tener sexo en los 10 días que dura el festival. No se permite que entren hombres al vestidor durante las preparaciones, que ocurren en un silencio espectral.

Quienes se presentarán llenan una pequeña habitación cerca del templo para maquillarse, un proceso que puede tomar hasta dos horas. Para cuando terminan, sus rostros desaparecen debajo de una concha de color: mitad humanos, mitad diosas.

Durante esos 10 días, los khotis son tratados con reverencia por los aldeanos, quienes se agrupan para verlos bailar sin mencionar cuál es su identidad de género. Al caminar por las calles de la aldea, los khotis son invitados a entrar a una casa tras otra para dar bendiciones.

Khotis_2Mogana, quien en esta fotografía ayuda en las preparaciones de una khoti, se encuentra bajo una intensa presión por parte de su familia para casarse pronto. Junto con su pareja, intenta averiguar qué hacer. Mientras que la idea del matrimonio o el sexo con una mujer es ajena a ella, el matrimonio podría ofrecerle la comodidad de la aceptación familiar (Candance Feit)

Kavia Varshini, una bailarina india tradicional, es una celebridad en esta parte de Tamil Nadu. Cuando camina a través de la muchedumbre después de una presentación, la gente se apresura para estar a su lado y tomarse una foto con ella. Es una de las afortunadas: nadie en su familia espera que se case.

Conforme los khotis se reúnen en la aldea, las rivalidades pueden surgir. Muchos ignoraron a una khoti un año porque su nombre era el único que se mencionaba en el programa impreso del evento, lo cual se consideró un acto de egocentrismo.

Khotis_3Al final del festival, cuando se acaba su momento, los khotis regresan a la vida cotidiana. Jehada Guru, que en esta fotografía aparece como la diosa Amman, es una de las personas más pobres de esta aldea: obrero y padre de dos, está casado con una mujer que trabaja en una panadería (Candance Feit)

Tomado de: The New York Times es. Septiembre 20, 2016.