Los pilotos del Club del Suicidio

Más de la mitad de los 14 mil pilotos aliados fallecidos en la guerra murieron en vuelos de entrenamiento (Museo RAF)

POR Redacción BBC Mundo

Estaban posicionados a las orillas del lago de Windermere (en el norte de Inglaterra), donde voló el primer hidroavión británico en 1911, y donde luego se estableció una base del Servicio Real Naval y Aéreo durante la guerra. Fueron como el Club del Suicidio porque, como promedio, no lograban volar durante más de 11 días antes de ser derribados

Reino Unido conmemoró recientemente las famosas batallas del Somme y Jutlandia, ocurridas durante la Primera Guerra Mundial. Pero una de las historias menos conocidas de esta guerra es la del Real Cuerpo Aéreo, o el Club del Suicidio, como pasó a llamarse.

Es la historia de un grupo de hombres cuyo simple deseo de volar les llevó a tener un papel en la guerra que fue al mismo tiempo extraordinario y trágico.

Estos hombres estaban posicionados a las orillas del lago Windermere (en el norte de Inglaterra), donde voló el primer hidroavión británico en 1911, y donde luego se estableció una base del Servicio Real Naval y Aéreo durante la guerra. Allí se creó la escuela de entrenamiento de pilotos.

Pasaron a ser conocidos como el Club del Suicidio porque, como promedio, no lograban volar durante más de 11 días antes de ser derribados. La mortalidad de los pilotos en la Primera Guerra Mundial fue enorme.

La tecnología de vuelo estaba empezando a desarrollarse: el primer vuelo a motor se había producido sólo 11 años antes, protagonizado por los hermanos Wright.

Dodge Baily, un piloto retirado de la Real Fuerza Aérea británica (RAF), explica que el nivel de entrenamiento de los pilotos también era un problema, algo similar a “poner a alguien en su cuarta lección de manejo a conducir un auto de fórmula uno”.

Además, “la falta de estandarización entre los distintos tipos de aviones era un enorme problema”, señala Baily. “Al principio no existían especificaciones para los aviones, lo que significaba muchas veces que había mucha menos estabilidad”.

Unos 1,400 pilotos aliados murieron durante la guerra y más de la mitad de las bajas se produjeron durante los ejercicios de entrenamiento.

Propaganda

Al principio de la guerra, a los pilotos no se les prestó demasiada atención. Muchos fueron seleccionados para la guerra sólo porque tenían aviones privados. Pero lo anterior cambió cuando los alemanes se dieron cuenta de que los pilotos podían ser utilizados con objetivo propagandístico.

Los pilotos con muchos muertos a sus espaldas pasaron a conocerse como “ases” y fueron tratados como héroes. El más exitoso de todos fue el alemán Manfred von Richthofen, que pasó a ser conocido como el Barón Rojo. Como muchos de estos ases, von Richthofen murió en combate.

Aunque el público reconocía la valentía de los pilotos, para ellos no era fácil lidiar con los peligros a los que se enfrentaban a diario. Las pesadillas “sobre aviones ardiendo, la peor forma de morir para un piloto”, no eran infrecuentes, añade el escritor Derek Robinson, quien ha escrito extensamente sobre el tema.

“Todas las personas tienen una reserva de valentía, que se gasta y también caduca”, indica el autor. “Había momentos en los que era evidente para los otros miembros del escuadrón que un hombre había llegado al límite. Podías ver por sus gestos que se había roto”.

La evolución de los aviones

Avión_2Los pilotos vivían mejor que los soldados en las trincheras, pero solo si lograban sobrevivir (Getty Images)

Al principio, los aviones y dirigibles se utilizaban sólo para hacer reconocimientos. Cuando el combate aéreo ganó en importancia, los pilotos simplemente disparaban con revólveres. Pero a medida que los aviones se hicieron más robustos, se dotaron de mayor capacidad de disparo, como por ejemplo, adoptando las ametralladoras Lewis.

Cuando se hizo más fácil maniobrar con ellos, los pilotos desarrollaron nuevas técnicas de combate como el giro Immelmann, un ataque en alta velocidad. Volar se convirtió así en una actividad más peligrosa.

El avión más desarrollado fue el Fokker D.VII. Era tan avanzado que las condiciones del armisticio establecían que todos los modelos tenían que ser confiscados.

Robinson ha intentado en sus libros derribar el mito de que la guerra aérea era algo romántico. “Todo el conocimiento popular y convencional sobre el Real Cuerpo Aéreo era totalmente incorrecto”, indica.

Existía el convencimiento de que los pilotos tenían un estilo de vida con el que los soldados en las trincheras sólo podían soñar. “Era una vida cómoda en comparación con otras ramas del ejército, para los que sobrevivían”, añade el autor.

Las estadísticas muestran que muchos más hombres morían en los entrenamientos que en los combates. Con frecuencia, el primer vuelo que hacían era el último.

Julio 10, 2016.